Amor Pasado, presente, futuro - ONE SHOT HARMIONE

30 Mar 2021
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re largo jsjddjsj pero es mejor para no subir parte 2 y así :) disfruten :D

N° 7: Pasado, presente y futuro:

Sentada, en esa enorme casa donde casi siempre ella se encontraba sola, recordaba cómo era todo antes. Y siempre llegaba a la misma conclusión: cada una de las decisiones que en algún momento tomó, pensando que sería lo mejor para ella, afectaban y daban con esta vida, que ella siempre ha considerado infeliz.

Y es que una de esas decisiones que Hermione Granger había tomado era haberse casado con Harry Potter, quien en algún pasado que ella sentía lejano, fue su mejor amigo.

Todo empezó con el final de la guerra; muchos creen que con el fin de una guerra llega armonía y paz. ¡Qué equivocación! Nada fue fácil; muchas familias destruidas, sin hogar, con familiares muertos. Todos se demostraban solidaridad y apoyo, pero esto no bastó.

Después de todo el caos, muchos de los jóvenes evitaban a toda costa el matrimonio; querían vivir como si fuera el último día, y casarse para tener hijos no era parte de ese plan. A Kingsley, que había sido instituido como Ministro de Magia, no le quedó de otra que crear un nuevo decreto:



“Por orden del Ministerio de Magia,

Todos los magos y brujas que tengan más de 17 años, deberán buscar parejas entre los nacidos de muggles. Si no consiguieran alguna pareja, el Ministerio se encargará de eso. Y si no llegaran a casarse en un plazo de cuatro años, serán exiliados al mundo muggle, sin ningún tipo de opción a reintegrarse al mundo mágico. También deberán procrear, para evitar la extinción de la estirpe mágica. Llamamos a conciencia y al cumplimiento de este decreto.

Atte.

Kingsley Shaclebock”




Nadie estaba de acuerdo con este nuevo mandato. Protestaron, y la misma Hermione trató de razonar con Kingsley, hasta Harry lo intentó, pero no pudieron lograr nada. Apenas había pasado un año de que la guerra había terminado, y las familias estaban en busca de una pareja para que sus hijos cumplan con la orden ministerial.

Y entonces, un nevado día de diciembre, Harry llegó al departamento en el centro de Londres en el que Hermione vivía, y entre prisas y balbuceos, le pidió que se casara con él. En ese momento, ambos pensaban que nada cambiaría, que seguiría siendo como si fueran amigos. Esa fue la promesa que se hicieron.

Pero nada de eso pasó. Los dos jóvenes sabían que el motivo de la boda era tener hijos, y para eso también habían dado una orden:



“… Para considerar que el matrimonio ha cumplido con la orden dada anteriormente, deberán tener como mínimo, dos hijos. A partir de eso, y si lo desean, podrían divorciarse sin riesgo a exilio.”



En ese momento se dieron cuenta que nada sería igual que antes. Cuando se casaron, ninguno sentía más que una simple amistad por el otro, la linda y firme amistad que siempre hubo entre ellos. Eso no basta para construir un matrimonio, se había dicho la castaña en varias ocasiones. En realidad, Harry aún sentía algo por Ginny, que ahora era la esposa de Dean Thomas. Pero los dos pusieron todo de su parte. La primera noche que pasaron juntos, fue el inicio para que Hermione notara que había algo más, así fuera solo por parte de ella, un sentimiento que, hasta el momento, no pensó tener por Harry. Y así fue que esa primera vez no funcionó, y una avergonzada Hermione tuvo que decírselo a Harry. Después de más intentos, por fin vendría al mundo el primogénito de los Potter.

Y con eso fue suficiente. Harry cada vez llegaba más tarde a casa, y la evitaba, durmiendo en otra recámara. La casa en la que vivían era enorme, lo más parecida a una mansión posible; Harry nunca escatimó en gastos. Pero, ¿de qué les servía una casa enorme si solo había una persona en ella? Así fue como Hermione se dio cuenta que había cometido el error más grande en toda esa historia: enamorarse de Harry, quien parecía cada vez más lejano a ella.

¡Cuántas veces lloró por las noches, pensando en la vida que ahora tenía! Siempre soñó con casarse enamoradísima de esa persona, y que él le correspondiera. Pero el amor es de dos, de uno no sirve. Ahora tenía ya 7 meses de embarazo, y rumores se esparcían por todo sitio: Harry Potter, el héroe del mundo mágico, ídolo de muchos, le estaba siendo infiel a su esposa.

Hermione nunca hubiera pensado en creerlo, pero cada vez parecía que esos rumores eran ciertos: había días en los que Harry llegaba demasiado tarde y tomado. Pero ella no podía recriminarle nada; al fin de cuentas, no tenía derecho alguno a pesar de ser su esposa.

Ese día, se había levantado un poco más tarde, ya que era fin de semana. Y entonces, escuchó que tocaban la puerta. Bajó lo más rápido que pudo, y al abrir se encontró con Molly Weasley.

- Molly, buenos días. Pasa. – dijo Hermione, levemente sorprendida.

- Gracias, querida. ¿Cómo estás? – dijo la mujer, preocupada.

- Igual que siempre – dijo, sonriendo débilmente.

- ¿No te sientes sola aquí, en esta enorme casa?

- Con el tiempo te acostumbras – la castaña se encogió de hombros.

- Deberían visitarnos más seguido… - pero enmudeció. La relación con los Wesley se había fracturado un poco cuando Ginny se enteró que ella y Harry se casaban.

- Claro que irem… que iré.

- Hermione, vine a decirte algo urgente. Debes evitar a to costa que los rumores avancen. Sabes perfectamente que…

- Si el Ministerio se entera que no estamos cumpliendo el mandato, nos exiliarán al mundo muggle.

- Sí, y el que más va a sufrir es el niño – dijo Molly, angustiada.

- No pienso dejar que le hagan daño – dijo Hermione con fiereza.

- Entonces habla con Harry, cielo…

- Lo haré – dijo, sonriendo.

*esa noche*

Hermione estaba nerviosísima. ¿Enserio tendría que hablar con Harry sobre los rumores que iban de boca en boca? No sabía qué hacer.

Como muchos días, Harry llegó tarde, y ni siquiera notó que Hermione lo esperaba, sentada en la sala de estar.

- Harry – lo llamó la chica.

- ¿Qué ocurre? – dijo, con cierto tono irritado.

- ¿Qué ocurre? Ah, solo ocurre que todo el mundo está hablando que tú sales con otra mujer. No ocurre nada del otro mundo – dijo la chica, sarcástica. Se estaba hartando de la prisión en la que vivía.

- Sí, nada del otro mundo. Tú sabes perfectamente que esto – dijo, señalando la casa – no es más que un teatro que fuimos obligados a montar.

- ¡Pero podrías poner de tu parte!

- ¡Lo hago! ¿Te ha faltado algo acaso?

- ¿Crees que puedes arreglar todo con esto? ¿Con una casa que más parece una prisión? ¡Porque para mí, lo es! ¿Crees que alguien podría ser feliz con esto?

- ¡Entonces no debiste casarte conmigo!

- ¡Tal vez no debí haberlo hecho! – estaba descontrolada, furiosa.

- ¡Bien! ¡Entonces, vete, si tanto te molesta lo que tienes aquí! – Harry también estaba enfadadísimo.

- Me voy, y no pienso volver aquí. ¡Si quieren que me exilien! ¡No pienso vivir más así! – las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos, pero se mostró fuerte, subió las escaleras y empezó a empacar algunas cosas. Escuchó unos pasos subir las escaleras y dirigirse a la habitación de al lado.

Salió y caminó rumbo al departamento que ocupaba antes.

*días después*

Harry se encontraba en su casa. Siempre había sido muy terco, pero sabía que Hermione tenía razón; esa casa era más una cárcel.

Alguien llamó a la puerta. Ginny se encontraba ahí.

- ¿Qué diablos haces aquí?

- ¿Cómo que qué hago aquí? Vine a verte, es obvio.

- Y no pensaste en que Hermione podría estar aquí, ¿no?

- Eso no me importa. Debiste pensar en eso antes de buscarme – dijo la pelirroja, sonriendo.

- Ginevra, ¿qué haces aquí? – dijo una voz furiosa tras de ambos. Arthur Weasley estaba ahí, y estaba rojo de la furia.

- Pa-papá – balbuceó Ginny.

- Vete ahora mismo sino… - Ginny no necesitó oírlo dos veces. Sabía que las pocas veces que su padre se enfadaba, era enserio.

- Arthur…

- Así que todo era cierto, todo lo que la gente dice siempre fue verdad – dijo el hombre, entrando a la casa.

- Puedo explicarle…

- ¿Hermione no está aquí?

- Se fue hace un par de días – dijo el chico, serio

- ¿Y tú se lo permitiste? – Arthur lo miraba incrédulo.

- Yo…

- ¿Sabes perfectamente lo que les puede pasar a ella y a tu hijo si se enteran de esto?

- Claro que lo sé, Arthur – Harry se empezaba a sentir culpable.

- ¿También sabes lo infeliz que ella ha sido toso estos meses? Puso todo de su parte, calló por casi un año, Harry. Vivió aquí, sola y desdichada por meses... ¿Acaso no sientes algo, así fuera mínimo, por ella?

¿Si sentía algo por Hermione? La respuesta era que sí, y en su momento no le gustó aceptarlo. Fue por eso que buscó a Ginny, porque quería no sentir nada por ella, ya que en algún momento toda esa falsedad del matrimonio terminaría. Pero no podía dejar de quererla, de querer que más que un simple montaje, ambos estuvieran juntos porque querían, porque se amaban.

- Sí – murmuró Harry

- ¿Entonces por qué tenías que hacerle esto, Harry?

- ¡No sabía qué hacer! Solo… solo pensé en que esto fue planeado – se pasó las manos por el cabello - ¡Nunca pensé que llegaría a este extremo!

- Ve y arregla las cosas con ella, antes de que sea demasiado tarde.

No necesitó que se lo digan de nuevo; iba a salir de la casa, cuando un terrier plateado apareció en medio de la sala de estar, y la voz de Ron habló.

- Hermione está en San Mungo, el niño viene.

A Harry le dio un vuelco al corazón. Un niño, su hijo estaba a punto de nacer.

*mientras tanto*

Hermione gritaba. No supo qué hacer en su momento. No quería llamar a Harry directamente, así que le envió el mensaje a Ron, para que se lo dijera él. Sonará muy infantil, pero en ese momento no quería saber nada de Harry.

En ese momento, el sanador entró al cuarto, y le dijo:

- Tranquila, señora Potter. Su esposo acaba de llegar.

- ¿Harry? ¿Está… aquí?

- Sí, Mione. Aquí estoy. – dijo Harry. Estaba parado al lado del sanador, y se le veía entre nervioso y entusiasmado.

- Vi- Viniste – dijo ella, antes de sentir otra vez ese terrible dolor y gritar.

Harry entró corriendo y se puso al lado de Hermione, tomándola de la mano.

- Todo va a estar bien, ¿de acuerdo? Todo va a estar bien… - le susurró Harry.

*horas después*

Escucharon el llanto de un bebé. Harry y Hermione se emocionaron de solo escucharlo. En eso, el sanador se acercó a Harry, y le dijo:

- Es un niño, y uno muy sano – y, como si quisiera demostrarlo, lloró más fuerte. El sanador se lo pasó a Harry.

No podía sentirse más feliz: era idéntico a él, pero cuando abrió levemente los ojitos, vio que tenía los ojos color miel; tenía los ojos de Hermione. La emoción que sentía era… indescriptible.

Entonces, se acercó a Hermione, que esperaba impaciente.

- Quiero verlo – dijo, extendiendo los brazos. Harry le entregó el niño, y una expresión de ternura y amor apareció en el rostro de Hermione, que dijo:

- Es… idéntico a ti.

- Pero tiene los ojos de su madre – dijo, sonriendo.

- Harry, no era necesario que vinieras…

- Sí lo era, Herm. Yo… quería pedirte perdón. Fui un imbécil, y no pensé en nadie más que en mí, pero… Quiero poner de mi parte, quiero ser feliz, contigo. Con ustedes – dijo, mirando al bebé que la castaña cargaba.

- ¿Tú… enserio quieres esto?

- Claro que sí. Enserio fui un tonto, pero no pienso seguir así. Si tú quisieras, podrías volver a la casa, empecemos de nuevo.

La sonrisa sincera que Harry le daba, la mirada llena de ese amor que no podía expresarse con palabras fue todo lo que la chica necesitó para aceptar.

No le importaba el pasado, quería vivir el presente que tenía, y construir el mejor futuro, junto a su familia, que tanto amaba.
 

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