Acción CAPITULO 11: VISITA INESPERADA | HARRY POTTER Y QUÉ PASÓ DESPUÉS

HPYQPD.jpg

VISITA INESPERADA​


Las Navidades habían acabado, y con eso volvieron los estudios. Ginny y Hermione habían regresado ya a Hogwarts a través de la Red Flu, y esperaban volver a verse en las vacaciones de Pascua. Los días se hacían agotadores, y el pesado libro de McGonagall se ponía más complicado de entender. Harry y Ron, desesperados, bajaban al pueblo a tomarse una cerveza para despejarse de vez en cuando.

Un día, Harry vio a un chico que estaba sentado en una de las mesas del bar, solo y con un libro. Vio que se trataba de un libro de autoescuela. Aquel chico tendría su edad, y lo miró pensativamente. De niño, había deseado muchas veces poder conducir un coche, sin sentir las miradas amenazadoras de tío Vernon clavadas en su nuca. Harry sabía que los Dursley jamás le habrían pagado el carnet. Harry le murmuró a Ron que le esperase allí y se acercó al chico. No era mucho más alto que Harry, tenía el pelo de color marrón y los ojos negros, que iban a mucha velocidad cuando leía el libro que tenía entre manos.

Harry se sentó en una silla al lado de él y el chico interrumpió su lectura. Harry le sonrío y le preguntó por el libro con un coche rojo grande en la portada que tenía sujeto. Él le respondió que iba a la autoescuela local de Ottery Saint Catchpole y que llevaba un mes estudiando para presentarse al examen teórico. Tras averiguar dónde estaba la academia, Harry invitó al chico a un café, dándole las gracias.

Ron, que había estado siguiendo toda la conversación desde la barra, al llegar su amigo le preguntó que ocurría. Harry sonrío, y con una sonrisa indiferente, le explicó:

—Voy a hacer el examen de conducir de los muggles.

Ron lo miró extrañado, sin saber que decir. Dio un último trago a su bebida y volvió a mirar a Harry con la misma expresión.

—Muy bien, Harry, pero no esperes que yo haga también ese examen con esos locos muggles al volante —replicó Ron.
—Ron, tú ya has hecho un vuelo de horas al volante con destino Hogwarts. Si hay alguien más loco que tú, merecerá la pena conocerlo —y ambos rieron.

—Vale, vale, haré el examen contigo —concedió el pelirrojo—, pero no le digamos nada a Hermione de momento, sino se preocupará.

—¿Estás seguro de eso? —preguntó Harry.

—Me va a caer una igual, así que, prefiero no molestarla ahora —respondió Ron, encogiéndose de hombros.

Esa misma tarde, Harry y Ron se acercaron a la autoescuela del pueblo y los dos comenzarían a estudiar la semana siguiente. Harry, que tenía una cantidad de dinero muggle que había cambiado en Gringotts, pagó las tasas de los dos.

Ron miraba extrañado el libro ya en La Madriguera. Todas esas palabrejas que no comprendía se le antojaban muy raras, y ponía muecas cada vez que no entendía algo. Harry tenía que hacer un doble esfuerzo por entender y explicarle a Ron cómo funcionaban las señales o los semáforos. El señor Weasley era a veces un incordio más para Harry, pues cuando llegaba del trabajo le encantaba coger el libro de Ron y leerlo detenidamente, mientras se lamentaba de haber perdido aquel Ford Anglia que tuvo años atrás. Molly, cada vez que lo mencionaba, hacía más ruido en la cocina con las sartenes y las ollas y Arthur le devolvía el libro a Ron y se recostaba en el sofá a leer El Profeta.

Las semanas pasaban, y Harry y Ron iban a clase en el pueblo para desconectar de los libros de formación de aurores. Allí, atendiendo a clase, Ron copiaba todas las notas que hacía Harry, que, por una vez, quitando el año con Slughorn en Pociones, comprendía prácticamente todo lo que decía un profesor que no fuera de Defensa contra las Artes Oscuras.

—Te juro que un día me explota la cabeza con estos libros muggles -se lamentó Ron, cansado después de la cena, mientras repasaban las señales de tráfico.

—Ánimo, Ron. Ya mismo Harry y tú os presentáis al examen, y necesitáis estar concentrados —le animó el señor Weasley detrás de su periódico.

Harry escribió a Ginny diciéndole que tendrían el examen teórico a finales de las vacaciones de pascua, y que no le dijese nada a Hermione, pues Ron quería darle una sorpresa, pues ya tenía bastante con los esquemas que Hermione les enviaba periódicamente a los dos. Él a cambio recibió una carta en la que no decía nada bueno acerca de no haberle contado a ella lo del examen de conducir muggle que iba a hacer. Harry le envío bombones caseros de la señora Weasley en señal de disculpa.

Los meses seguían pasando y Ron empezó a mejorar mucho con el examen teórico del coche. Pero estaban más agobiados que nunca. Fletcher había pasado últimamente varias veces por La Madriguera para comprobar los esfuerzos de Harry y Ron, y cada día parecía menos satisfecho con sus gestos hacia ellos. Debían empezar a dejar las distracciones de lado si no querían perder la oportunidad de entrar en la Oficina de Aurores. Harry, a regañadientes, tuvo que poner la foto de Ginny y Teddy encima de la mesilla de noche, pues podía tirarse horas enfrente de la misma sin hacer nada. También redujo el carteo con la chica, pues siempre que llegaba algún mensaje suyo se tiraba el día leyendo su carta. A Ginny y Hermione, por el contrario, les iba muy bien. Ellas habían aprovechado muy bien sus visitas a la biblioteca y llevaban al día sus deberes. Ron y Harry comenzaron por fin una parte más práctica de sus estudios, y al menos arrancaron unos cuantos elogios de Fletcher un día antes del examen de conducir muggle.

—Seguid así, chicos, y pronto nos veremos trabajando codo con codo en el Ministerio. Kingsley se alegrará de que le lleve buenas noticas vuestras —dijo el jefe de la Oficina antes de desaparecer entre las llamas de la chimenea de la cocina de La Madriguera, con una servilleta cargada de las famosas tostadas de mantequilla de la señora Weasley.

Con los ánimos renovados, Harry y Ron esperaron a que Ginny y Hermione llegaran aquella tarde por vacaciones (solo iban a estar dos días más después del examen de conducir y después volverían a Hogwarts). Ginny y Harry desaparecieron cuando Ron tuvo la valentía de contarle a Hermione que llevaba unos meses preparándose para el examen teórico de conducir, y refugiados en la habitación de Harry, ambos reían como la novia del pelirrojo le gritaba, imitando muy bien a la señora Weasley, que estaba de parte de Hermione.

Una vez pasó todo, Hermione volvió a mostrarse más simpática con Ron y le estuvo ayudando a repasar todo el examen. Harry, que ya conocía todo y había asimilado muy bien los conceptos desde el primer día en la academia, se permitió el lujo de pasar la tarde con Ginny en su rincón favorito, el huerto de árboles frutales.

Al día siguiente, Harry y Ron se despertaron temprano para desayunar y aprovechar los últimos ratos de repaso. Antes de irse, el resto de la familia estaba ya a la mesa y los despidieron, deseándoles suerte. Ron iba un poco pálido al lado de Harry mientras salían por la puerta de la casa. Era la primera vez que haría un examen fuera de Hogwarts, y encima era de los muggles. Harry tuvo que animarlo hasta que entraron en la sala, enseñaron carnets de identidad falsos y se sentaron a esperar que les dieran las instrucciones del examen.

Una hora después de ir respondiendo a las preguntas que les habían hecho, Ron descubrió que no lo había hecho tan mal y volvieron muy contentos a La Madriguera, donde les esperaban todos. Después de contar como les había ido en el examen, comieron un banquete especial que la señora Weasley había preparado para la ocasión. Bill había ido, pero no Fleur.

Después de comerse el postre, se fueron todos al salón, y Fleur apareció de repente. Harry la veía diferente, hasta que cayó en la cuenta cuando Bill anunció:

—Familia. Fleur y yo… ¡vamos a ser padres de una niña!

La señora Weasley dejó caer una copa de cristal que tenía en las manos y corrió a abrazar a los futuros padres. Harry también fue a felicitar a Bill y Fleur, muy feliz de la noticia.

—¿Pero cómo es que no habéis dicho nada? —preguntó la señora Weasley.

Teníagmos miedo —dijo Fleur, sollozando —de que el bebé trajera consigo algún tipo de maldición, como Geyback mogdió a Bill…

—Sí, estábamos un poco asustados —continuó Bill—, porque aparte no esperábamos esta noticia nosotros tampoco. Fuimos a San Mungo, y después de varias exploraciones, no han dado con que la niña tenga algún problema.

La noticia era excelente, y Bill trajo whisky de fuego para todos para celebrar la noticia. Bill y Fleur se fueron, pues los padres de ella vendrían a visitarlos a El Refugio y se quedarían unos días con ellos. Gabrielle también iría, y Ginny, al oír que Fleur le dijo a Harry que ella había preguntado por él alguna vez, no pudo reprimir una mueca de desagrado cuando la esposa de su hermano no pudo verla.

Los resultados de los exámenes de Harry y Ron llegaron dos días después, ambos habían aprobado, así que fueron a celebrarlo con sus amigos de la academia del pueblo, y les presentaron a Ginny y Hermione.
* * *​

Por fin iba acercándose la fecha en la que Ginny y Hermione se examinarían de sus ÉXTASIS. Harry volvía a notar ese cosquilleo de que volvería a ver a Ginny pronto. Pero ahora debía poner todos sus esfuerzos en los estudios y en el carnet de coche. Dos veces a la semana, Ron y Harry abandonaban la cómoda y calentita Madriguera para ir por el sendero que los conducía a Ottery Saint Catchpole.

El señor Weasley había conseguido prestado —eso decía él— un coche del Ministerio, y Harry y Ron practicaban por las tardes también por los alrededores de La Madriguera. Lo que no sabía el señor Weasley es que Harry y Ron no ignoraban que el también cogía el coche y le hacía modificaciones. También estaba reparando la moto de Sirius, y Harry estaba deseoso de poder cogerla.

Hermione le mandaba cartas a Ron deseándole mucha suerte, pero dejando claro que ni se le ocurriera de ninguna manera hechizar al examinador si éste le suspendía. Ron se quejaba mucho de esas respuestas de Hermione. Ginny, en cambio, parecía confiar plenamente en Harry.

Al poco, Harry y Ron bajaron al pueblo para hacer su examen. Ron estaba tan nervioso que se había saltado el desayuno. Bajaron la cuesta hacia el pueblo mientras conversaban de quidditch para distraerse y no pensar. Allí se encontraron con John Stuart, uno de los compañeros de la autoescuela. El primero en examinarse fue John, y no lo hizo nada mal… hasta que se saltó una señal de Stop que no había visto en un cruce. El siguiente en examinarse era Harry.

Harry se imaginó que iba a bordo de una escoba, y el trayecto se le hizo fácil. Salieron a la autopista, y le hicieron maniobrar por un viejo polígono industrial. El examinador parecía que no le había desagradado mucho Harry, y le dedicó una sonrisa cuando cambió el turno con Ron.

Harry suplicó varias veces en silencio por su vida cuando Ron tomaba algún giro muy temerario, pero en principio no lo hacía mal. Harry vio al examinador tomar muchas notas, y cuando llegó la valoración de Ron, Harry juraría que vio sacar la varita a Ron. De todas formas, los dos amigos habían aprobado y contentos, fueron a celebrarlo con los demás compañeros de la autoescuela que habían aprobado también.

La semana anterior de que Harry y Ron fueran a recoger a Ginny y Hermione, Harry cayó en la cuenta de que no había ido a Privet Drive a recoger la sorpresa que Ginny había dejado para él allí. No sabía cómo iba a presentarse allí, ni que excusa pondría para poder entrar en su dormitorio. Escribió a Dudley diciéndole que iría al día siguiente a visitarlos para darles una noticia.

A la mañana siguiente, Harry y Ron habían preparado bocadillos para hacer el viaje a Surrey, y tenían la mochila lista. Pero Harry no encontraba sus vaqueros favoritos. Al final, tuvo que escoger unos que le quedaban chicos a Ron a regañadientes. Tampoco encontraba muchas cosas que le pertenecían en su cuarto, pero la señora Weasley no sabía darle una respuesta.

Al final salieron hacia Little Whingign después de un suculento desayuno que la señora Weasley les había preparado a los chicos. Harry conducía mientras Ron iba dormido en el asiento de al lado. La música invitaba a dormir, la verdad, no había nada con un ritmo más alegre, pero, pensó Harry, al menos no era la música repetitiva de Celestina Warbeck.

Llegaron a Little Whingign casi a la hora de comer. Harry se plantó delante del número 4 de latón. Había una vecina asomada a la ventana, y cuando Harry la miró instintivamente, ella rápidamente corrió la cortina. Harry había olvidado con la felicidad de La Madriguera que allí era aquel chico Potter que iba a la escuela San Bruto. No pudo contener una sonrisa irónica, y llamó a la puerta.

La puerta se abrió de manera tan rápida que Harry pensó que alguien le había echado un maleficio a la misma. Pero allí no había un mago, sino la figura de su primo Dudley Dursley, que le estaba tendiendo la mano. Harry se le estrechó, y juntos atravesaron el vestíbulo.

—¿Cómo has estado, Harry? —preguntó su primo.

—Pues bien, la verdad. Tengo noticias, también.

—¿Qué clase de noticias? —preguntó Dudley, emocionado.

—Lo sabrás a su tiempo, grandullón.

Tía Petunia y tío Vernon estaban sentados viendo la tele, sin saber quién había entrado a su casa. Cuando Dudley anunció que tenían visita, tía Petunia se giró en su sillón.

—Oh, ¿eres tú Peonci…? — y calló al ver que aquella persona que pensaba que estaba junto a su hijo no era ni más ni menos que su sobrino Harry.

—Hola —dijo Harry.

—Chico, ¿qué haces tú aquí? —preguntó tío Vernon, extrañado.

—Solo… he venido a haceros una visita, saber que todo está bien por aquí. ¿No os había avisado Dudley de que venía?

El silencio que hubo en la sala respondió a Harry.

Dudley fue a hacer té y Harry tomó asiento en el salón. Ninguno de los tres sabía que decir, y cuando llegó el té se aliviaron de tener algo que hacer.

—Bueno, Harry, ¿qué son esas noticias que decías que tenías? —preguntó Dudley, y dio otro sorbo a su taza.

—Bien... esto... he aprobado el examen de conducir —dijo Harry entrecortadamente.

—¿Ah, ¿sí? —preguntó tío Vernon.

—Felicidades, Harry —dijo Dudley que volvía a estrecharle la mano.

—Gracias, Dudley. Bueno, también quiero deciros que voy progresando en mis estudios de la policía de mi gente, y que seguramente este verano me mude a la casa de mi padrino con Ginny. Todavía no sé cómo proponérselo, pero seguramente vaya allí con ella. Es en Londres, por si un día os pasáis —no decía aquello último en serio, pues no imaginaba a sus tíos visitando Grimmauld Place¾.
—Eso… eso son buenas noticias, chico. Me alegro por ti —dijo tío Vernon.

Harry, sin creérselo, le dio las gracias. Después de otro silencio incomodo, Harry informó de que iba a recoger algunas cosas de su cuarto, y como nadie le dijo lo contrario, subió a su habitación. Todo estaba igual que como lo había dejado en junio cuando fue con Ginny. Bueno, no todo. Encima del escritorio había un sobre escrito con tinta dorada que decía:
A Ginevra Molly Weasley.
Habitación del primer piso.

La Madriguera.

Harry sacó la carta del sobre, ya abierto, y comenzó a leer.
Estimada señorita Weasley.
¡Estamos encantados de haber dado con usted! Con cómo estaban las cosas hace unos meses, temíamos que esta carta nunca llegase a su destinataria. Si está leyendo esto, es buena señal, la lechuza hizo bien su trabajo.
Le comunicamos que la oferta que le hicimos hace tiempo para que sea una jugadora más de nuestro equipo sigue en pie, esperando a que termine de decidir sus pasos después de Hogwarts y sus exámenes, que esperamos le vayan muy bien.
Esperamos su lechuza de vuelta lo más pronto posible, pues nos encantaría poder disfrutar de su talento como cazadora de nuestro equipo. Tiene un talento muy natural y un estilo muy agradable a la vista del espectador y aficionado al quidditch.
Sin más,
Se despide con un cordial saludo


Gwenong Jones,
Capitana del Arpías de Holyhead.


Así que ese era el gran secreto de Ginny. ¡Sería jugadora del Arpías de Holyhead!
—Veo que ya has leído la carta de tu novia, Harry —dijo una voz femenina detrás del chico.

—Oh… sí —respondió Harry a su tía, que no pasaba del umbral de la puerta.

—Creo que esa carta tiene noticias importantes, Harry, y seguro que son para ella un sueño. No dejes de apoyarla nunca.

Y sin decir más, tía Petunia desapareció.

—Lo haré tía, lo haré.

—Lo haré tía, lo haré.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @Nymphadoraa @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice Adhara Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha

LISTA DE LINKS:
 
Última edición:

VISITA INESPERADA​


Las Navidades habían acabado, y con eso volvieron los estudios. Ginny y Hermione habían regresado ya a Hogwarts a través de la Red Flu, y esperaban volver a verse en las vacaciones de Pascua. Los días se hacían agotadores, y el pesado libro de McGonagall se ponía más complicado de entender. Harry y Ron, desesperados, bajaban al pueblo a tomarse una cerveza para despejarse de vez en cuando.

Un día, Harry vio a un chico que estaba sentado en una de las mesas del bar, solo y con un libro. Vio que se trataba de un libro de autoescuela. Aquel chico tendría su edad, y lo miró pensativamente. De niño, había deseado muchas veces poder conducir un coche, sin sentir las miradas amenazadoras de tío Vernon clavadas en su nuca. Harry sabía que los Dursley jamás le habrían pagado el carnet. Harry le murmuró a Ron que le esperase allí y se acercó al chico. No era mucho más alto que Harry, tenía el pelo de color marrón y los ojos negros, que iban a mucha velocidad cuando leía el libro que tenía entre manos.

Harry se sentó en una silla al lado de él y el chico interrumpió su lectura. Harry le sonrío y le preguntó por el libro con un coche rojo grande en la portada que tenía sujeto. Él le respondió que iba a la autoescuela local de Ottery Saint Catchpole y que llevaba un mes estudiando para presentarse al examen teórico. Tras averiguar dónde estaba la academia, Harry invitó al chico a un café, dándole las gracias.

Ron, que había estado siguiendo toda la conversación desde la barra, al llegar su amigo le preguntó que ocurría. Harry sonrío, y con una sonrisa indiferente, le explicó:
—Voy a hacer el examen de conducir de los muggles.​

Ron lo miró extrañado, sin saber que decir. Dio un último trago a su bebida y volvió a mirar a Harry con la misma expresión.
—Muy bien, Harry, pero no esperes que yo haga también ese examen con esos locos muggles al volante —replicó Ron.​

—Ron, tú ya has hecho un vuelo de horas al volante con destino Hogwarts. Si hay alguien más loco que tú, merecerá la pena conocerlo —y ambos rieron.​

—Vale, vale, haré el examen contigo —concedió el pelirrojo—, pero no le digamos nada a Hermione de momento, sino se preocupará.​
—¿Estás seguro de eso? —preguntó Harry.​
—Me va a caer una igual, así que, prefiero no molestarla ahora —respondió Ron, encogiéndose de hombros.​

Esa misma tarde, Harry y Ron se acercaron a la autoescuela del pueblo y los dos comenzarían a estudiar la semana siguiente. Harry, que tenía una cantidad de dinero muggle que había cambiado en Gringotts, pagó las tasas de los dos.

Ron miraba extrañado el libro ya en La Madriguera. Todas esas palabrejas que no comprendía se le antojaban muy raras, y ponía muecas cada vez que no entendía algo. Harry tenía que hacer un doble esfuerzo por entender y explicarle a Ron cómo funcionaban las señales o los semáforos. El señor Weasley era a veces un incordio más para Harry, pues cuando llegaba del trabajo le encantaba coger el libro de Ron y leerlo detenidamente, mientras se lamentaba de haber perdido aquel Ford Anglia que tuvo años atrás. Molly, cada vez que lo mencionaba, hacía más ruido en la cocina con las sartenes y las ollas y Arthur le devolvía el libro a Ron y se recostaba en el sofá a leer El Profeta.

Las semanas pasaban, y Harry y Ron iban a clase en el pueblo para desconectar de los libros de formación de aurores. Allí, atendiendo a clase, Ron copiaba todas las notas que hacía Harry, que, por una vez, quitando el año con Slughorn en Pociones, comprendía prácticamente todo lo que decía un profesor que no fuera de Defensa contra las Artes Oscuras.
—Te juro que un día me explota la cabeza con estos libros muggles -se lamentó Ron, cansado después de la cena, mientras repasaban las señales de tráfico.​

—Ánimo, Ron. Ya mismo Harry y tú os presentáis al examen, y necesitáis estar concentrados —le animó el señor Weasley detrás de su periódico.​

Harry escribió a Ginny diciéndole que tendrían el examen teórico a finales de las vacaciones de pascua, y que no le dijese nada a Hermione, pues Ron quería darle una sorpresa, pues ya tenía bastante con los esquemas que Hermione les enviaba periódicamente a los dos. Él a cambio recibió una carta en la que no decía nada bueno acerca de no haberle contado a ella lo del examen de conducir muggle que iba a hacer. Harry le envío bombones caseros de la señora Weasley en señal de disculpa.

Los meses seguían pasando y Ron empezó a mejorar mucho con el examen teórico del coche. Pero estaban más agobiados que nunca. Fletcher había pasado últimamente varias veces por La Madriguera para comprobar los esfuerzos de Harry y Ron, y cada día parecía menos satisfecho con sus gestos hacia ellos. Debían empezar a dejar las distracciones de lado si no querían perder la oportunidad de entrar en la Oficina de Aurores. Harry, a regañadientes, tuvo que poner la foto de Ginny y Teddy encima de la mesilla de noche, pues podía tirarse horas enfrente de la misma sin hacer nada. También redujo el carteo con la chica, pues siempre que llegaba algún mensaje suyo se tiraba el día leyendo su carta. A Ginny y Hermione, por el contrario, les iba muy bien. Ellas habían aprovechado muy bien sus visitas a la biblioteca y llevaban al día sus deberes. Ron y Harry comenzaron por fin una parte más práctica de sus estudios, y al menos arrancaron unos cuantos elogios de Fletcher un día antes del examen de conducir muggle.
—Seguid así, chicos, y pronto nos veremos trabajando codo con codo en el Ministerio. Kingsley se alegrará de que le lleve buenas noticas vuestras —dijo el jefe de la Oficina antes de desaparecer entre las llamas de la chimenea de la cocina de La Madriguera, con una servilleta cargada de las famosas tostadas de mantequilla de la señora Weasley.


Con los ánimos renovados, Harry y Ron esperaron a que Ginny y Hermione llegaran aquella tarde por vacaciones (solo iban a estar dos días más después del examen de conducir y después volverían a Hogwarts). Ginny y Harry desaparecieron cuando Ron tuvo la valentía de contarle a Hermione que llevaba unos meses preparándose para el examen teórico de conducir, y refugiados en la habitación de Harry, ambos reían como la novia del pelirrojo le gritaba, imitando muy bien a la señora Weasley, que estaba de parte de Hermione.

Una vez pasó todo, Hermione volvió a mostrarse más simpática con Ron y le estuvo ayudando a repasar todo el examen. Harry, que ya conocía todo y había asimilado muy bien los conceptos desde el primer día en la academia, se permitió el lujo de pasar la tarde con Ginny en su rincón favorito, el huerto de árboles frutales.

Al día siguiente, Harry y Ron se despertaron temprano para desayunar y aprovechar los últimos ratos de repaso. Antes de irse, el resto de la familia estaba ya a la mesa y los despidieron, deseándoles suerte. Ron iba un poco pálido al lado de Harry mientras salían por la puerta de la casa. Era la primera vez que haría un examen fuera de Hogwarts, y encima era de los muggles. Harry tuvo que animarlo hasta que entraron en la sala, enseñaron carnets de identidad falsos y se sentaron a esperar que les dieran las instrucciones del examen.

Una hora después de ir respondiendo a las preguntas que les habían hecho, Ron descubrió que no lo había hecho tan mal y volvieron muy contentos a La Madriguera, donde les esperaban todos. Después de contar como les había ido en el examen, comieron un banquete especial que la señora Weasley había preparado para la ocasión. Bill había ido, pero no Fleur.

Después de comerse el postre, se fueron todos al salón, y Fleur apareció de repente. Harry la veía diferente, hasta que cayó en la cuenta cuando Bill anunció:
—Familia. Fleur y yo… ¡vamos a ser padres de una niña!


La señora Weasley dejó caer una copa de cristal que tenía en las manos y corrió a abrazar a los futuros padres. Harry también fue a felicitar a Bill y Fleur, muy feliz de la noticia.
—¿Pero cómo es que no habéis dicho nada? —preguntó la señora Weasley.​


Teníagmos miedo —dijo Fleur, sollozando —de que el bebé trajera consigo algún tipo de maldición, como Geyback mogdió a Bill…​


—Sí, estábamos un poco asustados —continuó Bill—, porque aparte no esperábamos esta noticia nosotros tampoco. Fuimos a San Mungo, y después de varias exploraciones, no han dado con que la niña tenga algún problema.


La noticia era excelente, y Bill trajo whisky de fuego para todos para celebrar la noticia. Bill y Fleur se fueron, pues los padres de ella vendrían a visitarlos a El Refugio y se quedarían unos días con ellos. Gabrielle también iría, y Ginny, al oír que Fleur le dijo a Harry que ella había preguntado por él alguna vez, no pudo reprimir una mueca de desagrado cuando la esposa de su hermano no pudo verla.

Los resultados de los exámenes de Harry y Ron llegaron dos días después, ambos habían aprobado, así que fueron a celebrarlo con sus amigos de la academia del pueblo, y les presentaron a Ginny y Hermione.

* * *​

Por fin iba acercándose la fecha en la que Ginny y Hermione se examinarían de sus ÉXTASIS. Harry volvía a notar ese cosquilleo de que volvería a ver a Ginny pronto. Pero ahora debía poner todos sus esfuerzos en los estudios y en el carnet de coche. Dos veces a la semana, Ron y Harry abandonaban la cómoda y calentita Madriguera para ir por el sendero que los conducía a Ottery Saint Catchpole.

El señor Weasley había conseguido prestado —eso decía él— un coche del Ministerio, y Harry y Ron practicaban por las tardes también por los alrededores de La Madriguera. Lo que no sabía el señor Weasley es que Harry y Ron no ignoraban que el también cogía el coche y le hacía modificaciones. También estaba reparando la moto de Sirius, y Harry estaba deseoso de poder cogerla.

Hermione le mandaba cartas a Ron deseándole mucha suerte, pero dejando claro que ni se le ocurriera de ninguna manera hechizar al examinador si éste le suspendía. Ron se quejaba mucho de esas respuestas de Hermione. Ginny, en cambio, parecía confiar plenamente en Harry.

Al poco, Harry y Ron bajaron al pueblo para hacer su examen. Ron estaba tan nervioso que se había saltado el desayuno. Bajaron la cuesta hacia el pueblo mientras conversaban de quidditch para distraerse y no pensar. Allí se encontraron con John Stuart, uno de los compañeros de la autoescuela. El primero en examinarse fue John, y no lo hizo nada mal… hasta que se saltó una señal de Stop que no había visto en un cruce. El siguiente en examinarse era Harry.

Harry se imaginó que iba a bordo de una escoba, y el trayecto se le hizo fácil. Salieron a la autopista, y le hicieron maniobrar por un viejo polígono industrial. El examinador parecía que no le había desagradado mucho Harry, y le dedicó una sonrisa cuando cambió el turno con Ron.

Harry suplicó varias veces en silencio por su vida cuando Ron tomaba algún giro muy temerario, pero en principio no lo hacía mal. Harry vio al examinador tomar muchas notas, y cuando llegó la valoración de Ron, Harry juraría que vio sacar la varita a Ron. De todas formas, los dos amigos habían aprobado y contentos, fueron a celebrarlo con los demás compañeros de la autoescuela que habían aprobado también.

La semana anterior de que Harry y Ron fueran a recoger a Ginny y Hermione, Harry cayó en la cuenta de que no había ido a Privet Drive a recoger la sorpresa que Ginny había dejado para él allí. No sabía cómo iba a presentarse allí, ni que excusa pondría para poder entrar en su dormitorio. Escribió a Dudley diciéndole que iría al día siguiente a visitarlos para darles una noticia.

A la mañana siguiente, Harry y Ron habían preparado bocadillos para hacer el viaje a Surrey, y tenían la mochila lista. Pero Harry no encontraba sus vaqueros favoritos. Al final, tuvo que escoger unos que le quedaban chicos a Ron a regañadientes. Tampoco encontraba muchas cosas que le pertenecían en su cuarto, pero la señora Weasley no sabía darle una respuesta.

Al final salieron hacia Little Whingign después de un suculento desayuno que la señora Weasley les había preparado a los chicos. Harry conducía mientras Ron iba dormido en el asiento de al lado. La música invitaba a dormir, la verdad, no había nada con un ritmo más alegre, pero, pensó Harry, al menos no era la música repetitiva de Celestina Warbeck.

Llegaron a Little Whingign casi a la hora de comer. Harry se plantó delante del número 4 de latón. Había una vecina asomada a la ventana, y cuando Harry la miró instintivamente, ella rápidamente corrió la cortina. Harry había olvidado con la felicidad de La Madriguera que allí era aquel chico Potter que iba a la escuela San Bruto. No pudo contener una sonrisa irónica, y llamó a la puerta.

La puerta se abrió de manera tan rápida que Harry pensó que alguien le había echado un maleficio a la misma. Pero allí no había un mago, sino la figura de su primo Dudley Dursley, que le estaba tendiendo la mano. Harry se le estrechó, y juntos atravesaron el vestíbulo.

—¿Cómo has estado, Harry? —preguntó su primo.

—Pues bien, la verdad. Tengo noticias, también.

—¿Qué clase de noticias? —preguntó Dudley, emocionado.

—Lo sabrás a su tiempo, grandullón.

Tía Petunia y tío Vernon estaban sentados viendo la tele, sin saber quién había entrado a su casa. Cuando Dudley anunció que tenían visita, tía Petunia se giró en su sillón.
—Oh, ¿eres tú Peonci…? — y calló al ver que aquella persona que pensaba que estaba junto a su hijo no era ni más ni menos que su sobrino Harry.​


—Hola —dijo Harry.​


—Chico, ¿qué haces tú aquí? —preguntó tío Vernon, extrañado.​


—Solo… he venido a haceros una visita, saber que todo está bien por aquí. ¿No os había avisado Dudley de que venía?​



El silencio que hubo en la sala respondió a Harry.

Dudley fue a hacer té y Harry tomó asiento en el salón. Ninguno de los tres sabía que decir, y cuando llegó el té se aliviaron de tener algo que hacer.​

—Bueno, Harry, ¿qué son esas noticias que decías que tenías? —preguntó Dudley, y dio otro sorbo a su taza.​


—Bien... esto... he aprobado el examen de conducir —dijo Harry entrecortadamente.​


—¿Ah, ¿sí? —preguntó tío Vernon.​


—Felicidades, Harry —dijo Dudley que volvía a estrecharle la mano.​


—Gracias, Dudley. Bueno, también quiero deciros que voy progresando en mis estudios de la policía de mi gente, y que seguramente este verano me mude a la casa de mi padrino con Ginny. Todavía no sé cómo proponérselo, pero seguramente vaya allí con ella. Es en Londres, por si un día os pasáis —no decía aquello último en serio, pues no imaginaba a sus tíos visitando Grimmauld Place¾.​


—Eso… eso son buenas noticias, chico. Me alegro por ti —dijo tío Vernon.


Harry, sin creérselo, le dio las gracias. Después de otro silencio incomodo, Harry informó de que iba a recoger algunas cosas de su cuarto, y como nadie le dijo lo contrario, subió a su habitación. Todo estaba igual que como lo había dejado en junio cuando fue con Ginny. Bueno, no todo. Encima del escritorio había un sobre escrito con tinta dorada que decía:
A Ginevra Molly Weasley.
Habitación del primer piso.
La Madriguera.

Harry sacó la carta del sobre, ya abierto, y comenzó a leer.
Estimada señorita Weasley.


¡Estamos encantados de haber dado con usted! Con cómo estaban las cosas hace unos meses, temíamos que esta carta nunca llegase a su destinataria. Si está leyendo esto, es buena señal, la lechuza hizo bien su trabajo.


Le comunicamos que la oferta que le hicimos hace tiempo para que sea una jugadora más de nuestro equipo sigue en pie, esperando a que termine de decidir sus pasos después de Hogwarts y sus exámenes, que esperamos le vayan muy bien.


Esperamos su lechuza de vuelta lo más pronto posible, pues nos encantaría poder disfrutar de su talento como cazadora de nuestro equipo. Tiene un talento muy natural y un estilo muy agradable a la vista del espectador y aficionado al quidditch.


Sin más,

Se despide con un cordial saludo


Gwenong Jones,
Capitana del Arpías de Holyhead.


Así que ese era el gran secreto de Ginny. ¡Sería jugadora del Arpías de Holyhead!
—Veo que ya has leído la carta de tu novia, Harry —dijo una voz femenina detrás del chico.​


—Oh… sí —respondió Harry a su tía, que no pasaba del umbral de la puerta.​


—Creo que esa carta tiene noticias importantes, Harry, y seguro que son para ella un sueño. No dejes de apoyarla nunca.


Y sin decir más, tía Petunia desapareció.
—Lo haré tía, lo haré.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @Nymphadoraa @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice Adhara Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha

LISTA DE LINKS:
Amoooo
 
  • Me encanta
Reacciones: KikePotter7
31 Mar 2021
3.985
1
4.147
903
MI CASA ._.

VISITA INESPERADA​


Las Navidades habían acabado, y con eso volvieron los estudios. Ginny y Hermione habían regresado ya a Hogwarts a través de la Red Flu, y esperaban volver a verse en las vacaciones de Pascua. Los días se hacían agotadores, y el pesado libro de McGonagall se ponía más complicado de entender. Harry y Ron, desesperados, bajaban al pueblo a tomarse una cerveza para despejarse de vez en cuando.

Un día, Harry vio a un chico que estaba sentado en una de las mesas del bar, solo y con un libro. Vio que se trataba de un libro de autoescuela. Aquel chico tendría su edad, y lo miró pensativamente. De niño, había deseado muchas veces poder conducir un coche, sin sentir las miradas amenazadoras de tío Vernon clavadas en su nuca. Harry sabía que los Dursley jamás le habrían pagado el carnet. Harry le murmuró a Ron que le esperase allí y se acercó al chico. No era mucho más alto que Harry, tenía el pelo de color marrón y los ojos negros, que iban a mucha velocidad cuando leía el libro que tenía entre manos.​
Ummm... Sospechoso...

Harry se sentó en una silla al lado de él y el chico interrumpió su lectura. Harry le sonrío y le preguntó por el libro con un coche rojo grande en la portada que tenía sujeto. Él le respondió que iba a la autoescuela local de Ottery Saint Catchpole y que llevaba un mes estudiando para presentarse al examen teórico. Tras averiguar dónde estaba la academia, Harry invitó al chico a un café, dándole las gracias.​
Supongo que es un muggle :v

Ron, que había estado siguiendo toda la conversación desde la barra, al llegar su amigo le preguntó que ocurría. Harry sonrío, y con una sonrisa indiferente, le explicó:
—Voy a hacer el examen de conducir de los muggles.​
Se me hace que lo vas a fallar Harry :v

Ron lo miró extrañado, sin saber que decir. Dio un último trago a su bebida y volvió a mirar a Harry con la misma expresión.
—Muy bien, Harry, pero no esperes que yo haga también ese examen con esos locos muggles al volante —replicó Ron.​
PUAJSJSJSJS
Yo dándome cuenta de que me acaba de decir loca

—Ron, tú ya has hecho un vuelo de horas al volante con destino Hogwarts. Si hay alguien más loco que tú, merecerá la pena conocerlo —y ambos rieron.​
Ysi

—Vale, vale, haré el examen contigo —concedió el pelirrojo—, pero no le digamos nada a Hermione de momento, sino se preocupará.​
—¿Estás seguro de eso? —preguntó Harry.​
—Me va a caer una igual, así que, prefiero no molestarla ahora —respondió Ron, encogiéndose de hombros.​
Y la confianza donde quedó Ronald? Ocno

Esa misma tarde, Harry y Ron se acercaron a la autoescuela del pueblo y los dos comenzarían a estudiar la semana siguiente. Harry, que tenía una cantidad de dinero muggle que había cambiado en Gringotts, pagó las tasas de los dos.

Ron miraba extrañado el libro ya en La Madriguera. Todas esas palabrejas que no comprendía se le antojaban muy raras, y ponía muecas cada vez que no entendía algo. Harry tenía que hacer un doble esfuerzo por entender y explicarle a Ron cómo funcionaban las señales o los semáforos. El señor Weasley era a veces un incordio más para Harry, pues cuando llegaba del trabajo le encantaba coger el libro de Ron y leerlo detenidamente, mientras se lamentaba de haber perdido aquel Ford Anglia que tuvo años atrás. Molly, cada vez que lo mencionaba, hacía más ruido en la cocina con las sartenes y las ollas y Arthur le devolvía el libro a Ron y se recostaba en el sofá a leer El Profeta.

Las semanas pasaban, y Harry y Ron iban a clase en el pueblo para desconectar de los libros de formación de aurores. Allí, atendiendo a clase, Ron copiaba todas las notas que hacía Harry, que, por una vez, quitando el año con Slughorn en Pociones, comprendía prácticamente todo lo que decía un profesor que no fuera de Defensa contra las Artes Oscuras.​
Típico de Ron...
—Te juro que un día me explota la cabeza con estos libros muggles -se lamentó Ron, cansado después de la cena, mientras repasaban las señales de tráfico.​

—Ánimo, Ron. Ya mismo Harry y tú os presentáis al examen, y necesitáis estar concentrados —le animó el señor Weasley detrás de su periódico.​
Se me hace que el Señor Weasley tiene celos de Ron porqué el va a conducir un auto muggle 😅👌

Harry escribió a Ginny diciéndole que tendrían el examen teórico a finales de las vacaciones de pascua, y que no le dijese nada a Hermione, pues Ron quería darle una sorpresa, pues ya tenía bastante con los esquemas que Hermione les enviaba periódicamente a los dos. Él a cambio recibió una carta en la que no decía nada bueno acerca de no haberle contado a ella lo del examen de conducir muggle que iba a hacer. Harry le envío bombones caseros de la señora Weasley en señal de disculpa.​
Kiero de esos bombone ;_;

Los meses seguían pasando y Ron empezó a mejorar mucho con el examen teórico del coche. Pero estaban más agobiados que nunca. Fletcher había pasado últimamente varias veces por La Madriguera para comprobar los esfuerzos de Harry y Ron, y cada día parecía menos satisfecho con sus gestos hacia ellos. Debían empezar a dejar las distracciones de lado si no querían perder la oportunidad de entrar en la Oficina de Aurores. Harry, a regañadientes, tuvo que poner la foto de Ginny y Teddy encima de la mesilla de noche, pues podía tirarse horas enfrente de la misma sin hacer nada. También redujo el carteo con la chica, pues siempre que llegaba algún mensaje suyo se tiraba el día leyendo su carta. A Ginny y Hermione, por el contrario, les iba muy bien. Ellas habían aprovechado muy bien sus visitas a la biblioteca y llevaban al día sus deberes. Ron y Harry comenzaron por fin una parte más práctica de sus estudios, y al menos arrancaron unos cuantos elogios de Fletcher un día antes del examen de conducir muggle.
—Seguid así, chicos, y pronto nos veremos trabajando codo con codo en el Ministerio. Kingsley se alegrará de que le lleve buenas noticas vuestras —dijo el jefe de la Oficina antes de desaparecer entre las llamas de la chimenea de la cocina de La Madriguera, con una servilleta cargada de las famosas tostadas de mantequilla de la señora Weasley.


Con los ánimos renovados, Harry y Ron esperaron a que Ginny y Hermione llegaran aquella tarde por vacaciones (solo iban a estar dos días más después del examen de conducir y después volverían a Hogwarts). Ginny y Harry desaparecieron cuando Ron tuvo la valentía de contarle a Hermione que llevaba unos meses preparándose para el examen teórico de conducir, y refugiados en la habitación de Harry, ambos reían como la novia del pelirrojo le gritaba, imitando muy bien a la señora Weasley, que estaba de parte de Hermione.​
Efe por Ron

Una vez pasó todo, Hermione volvió a mostrarse más simpática con Ron y le estuvo ayudando a repasar todo el examen. Harry, que ya conocía todo y había asimilado muy bien los conceptos desde el primer día en la academia, se permitió el lujo de pasar la tarde con Ginny en su rincón favorito, el huerto de árboles frutales.​
En fin... Es Romione

Al día siguiente, Harry y Ron se despertaron temprano para desayunar y aprovechar los últimos ratos de repaso. Antes de irse, el resto de la familia estaba ya a la mesa y los despidieron, deseándoles suerte. Ron iba un poco pálido al lado de Harry mientras salían por la puerta de la casa. Era la primera vez que haría un examen fuera de Hogwarts, y encima era de los muggles. Harry tuvo que animarlo hasta que entraron en la sala, enseñaron carnets de identidad falsos y se sentaron a esperar que les dieran las instrucciones del examen.

Una hora después de ir respondiendo a las preguntas que les habían hecho, Ron descubrió que no lo había hecho tan mal y volvieron muy contentos a La Madriguera, donde les esperaban todos. Después de contar como les había ido en el examen, comieron un banquete especial que la señora Weasley había preparado para la ocasión. Bill había ido, pero no Fleur.​
¿PORQUEE? AAAAHHHHHH POR SU EMBARAZOOO AAAAAAAAAAHHHHHH

Después de comerse el postre, se fueron todos al salón, y Fleur apareció de repente. Harry la veía diferente, hasta que cayó en la cuenta cuando Bill anunció:
—Familia. Fleur y yo… ¡vamos a ser padres de una niña!​
Victoire ❤

La señora Weasley dejó caer una copa de cristal que tenía en las manos y corrió a abrazar a los futuros padres. Harry también fue a felicitar a Bill y Fleur, muy feliz de la noticia.
—¿Pero cómo es que no habéis dicho nada? —preguntó la señora Weasley.​
CONFIESEEEEN ocno

Teníagmos miedo —dijo Fleur, sollozando —de que el bebé trajera consigo algún tipo de maldición, como Geyback mogdió a Bill…​
:c

—Sí, estábamos un poco asustados —continuó Bill—, porque aparte no esperábamos esta noticia nosotros tampoco. Fuimos a San Mungo, y después de varias exploraciones, no han dado con que la niña tenga algún problema.


La noticia era excelente, y Bill trajo whisky de fuego para todos para celebrar la noticia. Bill y Fleur se fueron, pues los padres de ella vendrían a visitarlos a El Refugio y se quedarían unos días con ellos. Gabrielle también iría, y Ginny, al oír que Fleur le dijo a Harry que ella había preguntado por él alguna vez, no pudo reprimir una mueca de desagrado cuando la esposa de su hermano no pudo verla.​
Ginny re celosa PUAJSJSJSJS

Los resultados de los exámenes de Harry y Ron llegaron dos días después, ambos habían aprobado, así que fueron a celebrarlo con sus amigos de la academia del pueblo, y les presentaron a Ginny y Hermione.

* * *​

Por fin iba acercándose la fecha en la que Ginny y Hermione se examinarían de sus ÉXTASIS. Harry volvía a notar ese cosquilleo de que volvería a ver a Ginny pronto. Pero ahora debía poner todos sus esfuerzos en los estudios y en el carnet de coche. Dos veces a la semana, Ron y Harry abandonaban la cómoda y calentita Madriguera para ir por el sendero que los conducía a Ottery Saint Catchpole.

El señor Weasley había conseguido prestado —eso decía él— un coche del Ministerio, y Harry y Ron practicaban por las tardes también por los alrededores de La Madriguera. Lo que no sabía el señor Weasley es que Harry y Ron no ignoraban que el también cogía el coche y le hacía modificaciones. También estaba reparando la moto de Sirius, y Harry estaba deseoso de poder cogerla.​
Amo esa moto

Hermione le mandaba cartas a Ron deseándole mucha suerte, pero dejando claro que ni se le ocurriera de ninguna manera hechizar al examinador si éste le suspendía. Ron se quejaba mucho de esas respuestas de Hermione. Ginny, en cambio, parecía confiar plenamente en Harry.​
Que diferencia PUAJSJSJSJS

Al poco, Harry y Ron bajaron al pueblo para hacer su examen. Ron estaba tan nervioso que se había saltado el desayuno. Bajaron la cuesta hacia el pueblo mientras conversaban de quidditch para distraerse y no pensar. Allí se encontraron con John Stuart, uno de los compañeros de la autoescuela. El primero en examinarse fue John, y no lo hizo nada mal… hasta que se saltó una señal de Stop que no había visto en un cruce. El siguiente en examinarse era Harry.

Harry se imaginó que iba a bordo de una escoba, y el trayecto se le hizo fácil. Salieron a la autopista, y le hicieron maniobrar por un viejo polígono industrial. El examinador parecía que no le había desagradado mucho Harry, y le dedicó una sonrisa cuando cambió el turno con Ron.

Harry suplicó varias veces en silencio por su vida cuando Ron tomaba algún giro muy temerario, pero en principio no lo hacía mal. Harry vio al examinador tomar muchas notas, y cuando llegó la valoración de Ron, Harry juraría que vio sacar la varita a Ron. De todas formas, los dos amigos habían aprobado y contentos, fueron a celebrarlo con los demás compañeros de la autoescuela que habían aprobado también.​
Ronald...

La semana anterior de que Harry y Ron fueran a recoger a Ginny y Hermione, Harry cayó en la cuenta de que no había ido a Privet Drive a recoger la sorpresa que Ginny había dejado para él allí. No sabía cómo iba a presentarse allí, ni que excusa pondría para poder entrar en su dormitorio. Escribió a Dudley diciéndole que iría al día siguiente a visitarlos para darles una noticia.​
Te pasas Jarras

A la mañana siguiente, Harry y Ron habían preparado bocadillos para hacer el viaje a Surrey, y tenían la mochila lista. Pero Harry no encontraba sus vaqueros favoritos. Al final, tuvo que escoger unos que le quedaban chicos a Ron a regañadientes. Tampoco encontraba muchas cosas que le pertenecían en su cuarto, pero la señora Weasley no sabía darle una respuesta.

Al final salieron hacia Little Whingign después de un suculento desayuno que la señora Weasley les había preparado a los chicos. Harry conducía mientras Ron iba dormido en el asiento de al lado. La música invitaba a dormir, la verdad, no había nada con un ritmo más alegre, pero, pensó Harry, al menos no era la música repetitiva de Celestina Warbeck.​
PUAJSJSJSJS

Llegaron a Little Whingign casi a la hora de comer. Harry se plantó delante del número 4 de latón. Había una vecina asomada a la ventana, y cuando Harry la miró instintivamente, ella rápidamente corrió la cortina. Harry había olvidado con la felicidad de La Madriguera que allí era aquel chico Potter que iba a la escuela San Bruto. No pudo contener una sonrisa irónica, y llamó a la puerta.​
Esto va a ser interesante..

La puerta se abrió de manera tan rápida que Harry pensó que alguien le había echado un maleficio a la misma. Pero allí no había un mago, sino la figura de su primo Dudley Dursley, que le estaba tendiendo la mano. Harry se le estrechó, y juntos atravesaron el vestíbulo.

—¿Cómo has estado, Harry? —preguntó su primo.

—Pues bien, la verdad. Tengo noticias, también.

—¿Qué clase de noticias? —preguntó Dudley, emocionado.​
Voy a tener un hijo ocno PUAJSJSJSJS

—Lo sabrás a su tiempo, grandullón.​
:[

Tía Petunia y tío Vernon estaban sentados viendo la tele, sin saber quién había entrado a su casa. Cuando Dudley anunció que tenían visita, tía Petunia se giró en su sillón.
—Oh, ¿eres tú Peonci…? — y calló al ver que aquella persona que pensaba que estaba junto a su hijo no era ni más ni menos que su sobrino Harry.​
Ola

—Hola —dijo Harry.​


—Chico, ¿qué haces tú aquí? —preguntó tío Vernon, extrañado.​


—Solo… he venido a haceros una visita, saber que todo está bien por aquí. ¿No os había avisado Dudley de que venía?​



El silencio que hubo en la sala respondió a Harry.​
CORRE DUDLEYYY

Dudley fue a hacer té y Harry tomó asiento en el salón. Ninguno de los tres sabía que decir, y cuando llegó el té se aliviaron de tener algo que hacer.​

—Bueno, Harry, ¿qué son esas noticias que decías que tenías? —preguntó Dudley, y dio otro sorbo a su taza.​
Yo también quiero saber

—Bien... esto... he aprobado el examen de conducir —dijo Harry entrecortadamente.​
Ah era eso

—¿Ah, ¿sí? —preguntó tío Vernon.​


—Felicidades, Harry —dijo Dudley que volvía a estrecharle la mano.​


—Gracias, Dudley. Bueno, también quiero deciros que voy progresando en mis estudios de la policía de mi gente, y que seguramente este verano me mude a la casa de mi padrino con Ginny. Todavía no sé cómo proponérselo, pero seguramente vaya allí con ella. Es en Londres, por si un día os pasáis —no decía aquello último en serio, pues no imaginaba a sus tíos visitando Grimmauld Place¾.​
:OOO

—Eso… eso son buenas noticias, chico. Me alegro por ti —dijo tío Vernon.


Harry, sin creérselo, le dio las gracias. Después de otro silencio incomodo, Harry informó de que iba a recoger algunas cosas de su cuarto, y como nadie le dijo lo contrario, subió a su habitación. Todo estaba igual que como lo había dejado en junio cuando fue con Ginny. Bueno, no todo. Encima del escritorio había un sobre escrito con tinta dorada que decía:
A Ginevra Molly Weasley.
Habitación del primer piso.
La Madriguera.

Harry sacó la carta del sobre, ya abierto, y comenzó a leer.
Estimada señorita Weasley.
...

¡Estamos encantados de haber dado con usted! Con cómo estaban las cosas hace unos meses, temíamos que esta carta nunca llegase a su destinataria. Si está leyendo esto, es buena señal, la lechuza hizo bien su trabajo.
QUIEN ESCRIBEEE?!

Le comunicamos que la oferta que le hicimos hace tiempo para que sea una jugadora más de nuestro equipo sigue en pie, esperando a que termine de decidir sus pasos después de Hogwarts y sus exámenes, que esperamos le vayan muy bien.
AAAAAAAA

Esperamos su lechuza de vuelta lo más pronto posible, pues nos encantaría poder disfrutar de su talento como cazadora de nuestro equipo. Tiene un talento muy natural y un estilo muy agradable a la vista del espectador y aficionado al quidditch.


Sin más,

Se despide con un cordial saludo


Gwenong Jones,
Capitana del Arpías de Holyhead.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAA


Así que ese era el gran secreto de Ginny. ¡Sería jugadora del Arpías de Holyhead!
—Veo que ya has leído la carta de tu novia, Harry —dijo una voz femenina detrás del chico.​
pues si :v

—Oh… sí —respondió Harry a su tía, que no pasaba del umbral de la puerta.​


—Creo que esa carta tiene noticias importantes, Harry, y seguro que son para ella un sueño. No dejes de apoyarla nunca.​
Hoy estamos en otro episodio de : Consejos amorosos con tía Petunia ocno

Y sin decir más, tía Petunia desapareció.
—Lo haré tía, lo haré.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @Nymphadoraa @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice Adhara Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha

LISTA DE LINKS:
AMO
 
  • Me divierte
Reacciones: KikePotter7

KikePotter7

Prefecto
3 Nov 2021
128
1
270
248
25
La Madriguera
www.wattpad.com
Ummm... Sospechoso...

Supongo que es un muggle :v

Se me hace que lo vas a fallar Harry :v

PUAJSJSJSJS
Yo dándome cuenta de que me acaba de decir loca

Ysi

Y la confianza donde quedó Ronald? Ocno

Típico de Ron...

Se me hace que el Señor Weasley tiene celos de Ron porqué el va a conducir un auto muggle 😅👌

Kiero de esos bombone ;_;

Efe por Ron

En fin... Es Romione

¿PORQUEE? AAAAHHHHHH POR SU EMBARAZOOO AAAAAAAAAAHHHHHH

Victoire ❤

CONFIESEEEEN ocno

:c

Ginny re celosa PUAJSJSJSJS

Amo esa moto

Que diferencia PUAJSJSJSJS

Ronald...

Te pasas Jarras

PUAJSJSJSJS

Esto va a ser interesante..

Voy a tener un hijo ocno PUAJSJSJSJS

:[

Ola

CORRE DUDLEYYY

Yo también quiero saber

Ah era eso

:OOO

...

QUIEN ESCRIBEEE?!

AAAAAAAA

AAAAAAAAAAAAAAAAAAA

pues si :v

Hoy estamos en otro episodio de : Consejos amorosos con tía Petunia ocno

AMO
Increíble, genial. Maravilloso todo el comentario jajaja
 

VISITA INESPERADA​


Las Navidades habían acabado, y con eso volvieron los estudios. Ginny y Hermione habían regresado ya a Hogwarts a través de la Red Flu, y esperaban volver a verse en las vacaciones de Pascua. Los días se hacían agotadores, y el pesado libro de McGonagall se ponía más complicado de entender. Harry y Ron, desesperados, bajaban al pueblo a tomarse una cerveza para despejarse de vez en cuando.

Un día, Harry vio a un chico que estaba sentado en una de las mesas del bar, solo y con un libro. Vio que se trataba de un libro de autoescuela. Aquel chico tendría su edad, y lo miró pensativamente. De niño, había deseado muchas veces poder conducir un coche, sin sentir las miradas amenazadoras de tío Vernon clavadas en su nuca. Harry sabía que los Dursley jamás le habrían pagado el carnet. Harry le murmuró a Ron que le esperase allí y se acercó al chico. No era mucho más alto que Harry, tenía el pelo de color marrón y los ojos negros, que iban a mucha velocidad cuando leía el libro que tenía entre manos.

Harry se sentó en una silla al lado de él y el chico interrumpió su lectura. Harry le sonrío y le preguntó por el libro con un coche rojo grande en la portada que tenía sujeto. Él le respondió que iba a la autoescuela local de Ottery Saint Catchpole y que llevaba un mes estudiando para presentarse al examen teórico. Tras averiguar dónde estaba la academia, Harry invitó al chico a un café, dándole las gracias.

Ron, que había estado siguiendo toda la conversación desde la barra, al llegar su amigo le preguntó que ocurría. Harry sonrío, y con una sonrisa indiferente, le explicó:
—Voy a hacer el examen de conducir de los muggles.​

Ron lo miró extrañado, sin saber que decir. Dio un último trago a su bebida y volvió a mirar a Harry con la misma expresión.
—Muy bien, Harry, pero no esperes que yo haga también ese examen con esos locos muggles al volante —replicó Ron.​

—Ron, tú ya has hecho un vuelo de horas al volante con destino Hogwarts. Si hay alguien más loco que tú, merecerá la pena conocerlo —y ambos rieron.​

—Vale, vale, haré el examen contigo —concedió el pelirrojo—, pero no le digamos nada a Hermione de momento, sino se preocupará.​
—¿Estás seguro de eso? —preguntó Harry.​
—Me va a caer una igual, así que, prefiero no molestarla ahora —respondió Ron, encogiéndose de hombros.​

Esa misma tarde, Harry y Ron se acercaron a la autoescuela del pueblo y los dos comenzarían a estudiar la semana siguiente. Harry, que tenía una cantidad de dinero muggle que había cambiado en Gringotts, pagó las tasas de los dos.

Ron miraba extrañado el libro ya en La Madriguera. Todas esas palabrejas que no comprendía se le antojaban muy raras, y ponía muecas cada vez que no entendía algo. Harry tenía que hacer un doble esfuerzo por entender y explicarle a Ron cómo funcionaban las señales o los semáforos. El señor Weasley era a veces un incordio más para Harry, pues cuando llegaba del trabajo le encantaba coger el libro de Ron y leerlo detenidamente, mientras se lamentaba de haber perdido aquel Ford Anglia que tuvo años atrás. Molly, cada vez que lo mencionaba, hacía más ruido en la cocina con las sartenes y las ollas y Arthur le devolvía el libro a Ron y se recostaba en el sofá a leer El Profeta.

Las semanas pasaban, y Harry y Ron iban a clase en el pueblo para desconectar de los libros de formación de aurores. Allí, atendiendo a clase, Ron copiaba todas las notas que hacía Harry, que, por una vez, quitando el año con Slughorn en Pociones, comprendía prácticamente todo lo que decía un profesor que no fuera de Defensa contra las Artes Oscuras.
—Te juro que un día me explota la cabeza con estos libros muggles -se lamentó Ron, cansado después de la cena, mientras repasaban las señales de tráfico.​

—Ánimo, Ron. Ya mismo Harry y tú os presentáis al examen, y necesitáis estar concentrados —le animó el señor Weasley detrás de su periódico.​

Harry escribió a Ginny diciéndole que tendrían el examen teórico a finales de las vacaciones de pascua, y que no le dijese nada a Hermione, pues Ron quería darle una sorpresa, pues ya tenía bastante con los esquemas que Hermione les enviaba periódicamente a los dos. Él a cambio recibió una carta en la que no decía nada bueno acerca de no haberle contado a ella lo del examen de conducir muggle que iba a hacer. Harry le envío bombones caseros de la señora Weasley en señal de disculpa.

Los meses seguían pasando y Ron empezó a mejorar mucho con el examen teórico del coche. Pero estaban más agobiados que nunca. Fletcher había pasado últimamente varias veces por La Madriguera para comprobar los esfuerzos de Harry y Ron, y cada día parecía menos satisfecho con sus gestos hacia ellos. Debían empezar a dejar las distracciones de lado si no querían perder la oportunidad de entrar en la Oficina de Aurores. Harry, a regañadientes, tuvo que poner la foto de Ginny y Teddy encima de la mesilla de noche, pues podía tirarse horas enfrente de la misma sin hacer nada. También redujo el carteo con la chica, pues siempre que llegaba algún mensaje suyo se tiraba el día leyendo su carta. A Ginny y Hermione, por el contrario, les iba muy bien. Ellas habían aprovechado muy bien sus visitas a la biblioteca y llevaban al día sus deberes. Ron y Harry comenzaron por fin una parte más práctica de sus estudios, y al menos arrancaron unos cuantos elogios de Fletcher un día antes del examen de conducir muggle.
—Seguid así, chicos, y pronto nos veremos trabajando codo con codo en el Ministerio. Kingsley se alegrará de que le lleve buenas noticas vuestras —dijo el jefe de la Oficina antes de desaparecer entre las llamas de la chimenea de la cocina de La Madriguera, con una servilleta cargada de las famosas tostadas de mantequilla de la señora Weasley.


Con los ánimos renovados, Harry y Ron esperaron a que Ginny y Hermione llegaran aquella tarde por vacaciones (solo iban a estar dos días más después del examen de conducir y después volverían a Hogwarts). Ginny y Harry desaparecieron cuando Ron tuvo la valentía de contarle a Hermione que llevaba unos meses preparándose para el examen teórico de conducir, y refugiados en la habitación de Harry, ambos reían como la novia del pelirrojo le gritaba, imitando muy bien a la señora Weasley, que estaba de parte de Hermione.

Una vez pasó todo, Hermione volvió a mostrarse más simpática con Ron y le estuvo ayudando a repasar todo el examen. Harry, que ya conocía todo y había asimilado muy bien los conceptos desde el primer día en la academia, se permitió el lujo de pasar la tarde con Ginny en su rincón favorito, el huerto de árboles frutales.

Al día siguiente, Harry y Ron se despertaron temprano para desayunar y aprovechar los últimos ratos de repaso. Antes de irse, el resto de la familia estaba ya a la mesa y los despidieron, deseándoles suerte. Ron iba un poco pálido al lado de Harry mientras salían por la puerta de la casa. Era la primera vez que haría un examen fuera de Hogwarts, y encima era de los muggles. Harry tuvo que animarlo hasta que entraron en la sala, enseñaron carnets de identidad falsos y se sentaron a esperar que les dieran las instrucciones del examen.

Una hora después de ir respondiendo a las preguntas que les habían hecho, Ron descubrió que no lo había hecho tan mal y volvieron muy contentos a La Madriguera, donde les esperaban todos. Después de contar como les había ido en el examen, comieron un banquete especial que la señora Weasley había preparado para la ocasión. Bill había ido, pero no Fleur.

Después de comerse el postre, se fueron todos al salón, y Fleur apareció de repente. Harry la veía diferente, hasta que cayó en la cuenta cuando Bill anunció:
—Familia. Fleur y yo… ¡vamos a ser padres de una niña!


La señora Weasley dejó caer una copa de cristal que tenía en las manos y corrió a abrazar a los futuros padres. Harry también fue a felicitar a Bill y Fleur, muy feliz de la noticia.
—¿Pero cómo es que no habéis dicho nada? —preguntó la señora Weasley.​


Teníagmos miedo —dijo Fleur, sollozando —de que el bebé trajera consigo algún tipo de maldición, como Geyback mogdió a Bill…​


—Sí, estábamos un poco asustados —continuó Bill—, porque aparte no esperábamos esta noticia nosotros tampoco. Fuimos a San Mungo, y después de varias exploraciones, no han dado con que la niña tenga algún problema.


La noticia era excelente, y Bill trajo whisky de fuego para todos para celebrar la noticia. Bill y Fleur se fueron, pues los padres de ella vendrían a visitarlos a El Refugio y se quedarían unos días con ellos. Gabrielle también iría, y Ginny, al oír que Fleur le dijo a Harry que ella había preguntado por él alguna vez, no pudo reprimir una mueca de desagrado cuando la esposa de su hermano no pudo verla.

Los resultados de los exámenes de Harry y Ron llegaron dos días después, ambos habían aprobado, así que fueron a celebrarlo con sus amigos de la academia del pueblo, y les presentaron a Ginny y Hermione.

* * *​

Por fin iba acercándose la fecha en la que Ginny y Hermione se examinarían de sus ÉXTASIS. Harry volvía a notar ese cosquilleo de que volvería a ver a Ginny pronto. Pero ahora debía poner todos sus esfuerzos en los estudios y en el carnet de coche. Dos veces a la semana, Ron y Harry abandonaban la cómoda y calentita Madriguera para ir por el sendero que los conducía a Ottery Saint Catchpole.

El señor Weasley había conseguido prestado —eso decía él— un coche del Ministerio, y Harry y Ron practicaban por las tardes también por los alrededores de La Madriguera. Lo que no sabía el señor Weasley es que Harry y Ron no ignoraban que el también cogía el coche y le hacía modificaciones. También estaba reparando la moto de Sirius, y Harry estaba deseoso de poder cogerla.

Hermione le mandaba cartas a Ron deseándole mucha suerte, pero dejando claro que ni se le ocurriera de ninguna manera hechizar al examinador si éste le suspendía. Ron se quejaba mucho de esas respuestas de Hermione. Ginny, en cambio, parecía confiar plenamente en Harry.

Al poco, Harry y Ron bajaron al pueblo para hacer su examen. Ron estaba tan nervioso que se había saltado el desayuno. Bajaron la cuesta hacia el pueblo mientras conversaban de quidditch para distraerse y no pensar. Allí se encontraron con John Stuart, uno de los compañeros de la autoescuela. El primero en examinarse fue John, y no lo hizo nada mal… hasta que se saltó una señal de Stop que no había visto en un cruce. El siguiente en examinarse era Harry.

Harry se imaginó que iba a bordo de una escoba, y el trayecto se le hizo fácil. Salieron a la autopista, y le hicieron maniobrar por un viejo polígono industrial. El examinador parecía que no le había desagradado mucho Harry, y le dedicó una sonrisa cuando cambió el turno con Ron.

Harry suplicó varias veces en silencio por su vida cuando Ron tomaba algún giro muy temerario, pero en principio no lo hacía mal. Harry vio al examinador tomar muchas notas, y cuando llegó la valoración de Ron, Harry juraría que vio sacar la varita a Ron. De todas formas, los dos amigos habían aprobado y contentos, fueron a celebrarlo con los demás compañeros de la autoescuela que habían aprobado también.

La semana anterior de que Harry y Ron fueran a recoger a Ginny y Hermione, Harry cayó en la cuenta de que no había ido a Privet Drive a recoger la sorpresa que Ginny había dejado para él allí. No sabía cómo iba a presentarse allí, ni que excusa pondría para poder entrar en su dormitorio. Escribió a Dudley diciéndole que iría al día siguiente a visitarlos para darles una noticia.

A la mañana siguiente, Harry y Ron habían preparado bocadillos para hacer el viaje a Surrey, y tenían la mochila lista. Pero Harry no encontraba sus vaqueros favoritos. Al final, tuvo que escoger unos que le quedaban chicos a Ron a regañadientes. Tampoco encontraba muchas cosas que le pertenecían en su cuarto, pero la señora Weasley no sabía darle una respuesta.

Al final salieron hacia Little Whingign después de un suculento desayuno que la señora Weasley les había preparado a los chicos. Harry conducía mientras Ron iba dormido en el asiento de al lado. La música invitaba a dormir, la verdad, no había nada con un ritmo más alegre, pero, pensó Harry, al menos no era la música repetitiva de Celestina Warbeck.

Llegaron a Little Whingign casi a la hora de comer. Harry se plantó delante del número 4 de latón. Había una vecina asomada a la ventana, y cuando Harry la miró instintivamente, ella rápidamente corrió la cortina. Harry había olvidado con la felicidad de La Madriguera que allí era aquel chico Potter que iba a la escuela San Bruto. No pudo contener una sonrisa irónica, y llamó a la puerta.

La puerta se abrió de manera tan rápida que Harry pensó que alguien le había echado un maleficio a la misma. Pero allí no había un mago, sino la figura de su primo Dudley Dursley, que le estaba tendiendo la mano. Harry se le estrechó, y juntos atravesaron el vestíbulo.

—¿Cómo has estado, Harry? —preguntó su primo.

—Pues bien, la verdad. Tengo noticias, también.

—¿Qué clase de noticias? —preguntó Dudley, emocionado.

—Lo sabrás a su tiempo, grandullón.

Tía Petunia y tío Vernon estaban sentados viendo la tele, sin saber quién había entrado a su casa. Cuando Dudley anunció que tenían visita, tía Petunia se giró en su sillón.
—Oh, ¿eres tú Peonci…? — y calló al ver que aquella persona que pensaba que estaba junto a su hijo no era ni más ni menos que su sobrino Harry.​


—Hola —dijo Harry.​


—Chico, ¿qué haces tú aquí? —preguntó tío Vernon, extrañado.​


—Solo… he venido a haceros una visita, saber que todo está bien por aquí. ¿No os había avisado Dudley de que venía?​



El silencio que hubo en la sala respondió a Harry.

Dudley fue a hacer té y Harry tomó asiento en el salón. Ninguno de los tres sabía que decir, y cuando llegó el té se aliviaron de tener algo que hacer.​

—Bueno, Harry, ¿qué son esas noticias que decías que tenías? —preguntó Dudley, y dio otro sorbo a su taza.​


—Bien... esto... he aprobado el examen de conducir —dijo Harry entrecortadamente.​


—¿Ah, ¿sí? —preguntó tío Vernon.​


—Felicidades, Harry —dijo Dudley que volvía a estrecharle la mano.​


—Gracias, Dudley. Bueno, también quiero deciros que voy progresando en mis estudios de la policía de mi gente, y que seguramente este verano me mude a la casa de mi padrino con Ginny. Todavía no sé cómo proponérselo, pero seguramente vaya allí con ella. Es en Londres, por si un día os pasáis —no decía aquello último en serio, pues no imaginaba a sus tíos visitando Grimmauld Place¾.​


—Eso… eso son buenas noticias, chico. Me alegro por ti —dijo tío Vernon.


Harry, sin creérselo, le dio las gracias. Después de otro silencio incomodo, Harry informó de que iba a recoger algunas cosas de su cuarto, y como nadie le dijo lo contrario, subió a su habitación. Todo estaba igual que como lo había dejado en junio cuando fue con Ginny. Bueno, no todo. Encima del escritorio había un sobre escrito con tinta dorada que decía:
A Ginevra Molly Weasley.
Habitación del primer piso.
La Madriguera.

Harry sacó la carta del sobre, ya abierto, y comenzó a leer.
Estimada señorita Weasley.


¡Estamos encantados de haber dado con usted! Con cómo estaban las cosas hace unos meses, temíamos que esta carta nunca llegase a su destinataria. Si está leyendo esto, es buena señal, la lechuza hizo bien su trabajo.


Le comunicamos que la oferta que le hicimos hace tiempo para que sea una jugadora más de nuestro equipo sigue en pie, esperando a que termine de decidir sus pasos después de Hogwarts y sus exámenes, que esperamos le vayan muy bien.


Esperamos su lechuza de vuelta lo más pronto posible, pues nos encantaría poder disfrutar de su talento como cazadora de nuestro equipo. Tiene un talento muy natural y un estilo muy agradable a la vista del espectador y aficionado al quidditch.


Sin más,

Se despide con un cordial saludo


Gwenong Jones,
Capitana del Arpías de Holyhead.


Así que ese era el gran secreto de Ginny. ¡Sería jugadora del Arpías de Holyhead!
—Veo que ya has leído la carta de tu novia, Harry —dijo una voz femenina detrás del chico.​


—Oh… sí —respondió Harry a su tía, que no pasaba del umbral de la puerta.​


—Creo que esa carta tiene noticias importantes, Harry, y seguro que son para ella un sueño. No dejes de apoyarla nunca.


Y sin decir más, tía Petunia desapareció.
—Lo haré tía, lo haré.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @Nymphadoraa @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice Adhara Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha

LISTA DE LINKS:
Me enamore de esto
 
  • Me encanta
Reacciones: KikePotter7

VISITA INESPERADA​


Las Navidades habían acabado, y con eso volvieron los estudios. Ginny y Hermione habían regresado ya a Hogwarts a través de la Red Flu, y esperaban volver a verse en las vacaciones de Pascua. Los días se hacían agotadores, y el pesado libro de McGonagall se ponía más complicado de entender. Harry y Ron, desesperados, bajaban al pueblo a tomarse una cerveza para despejarse de vez en cuando.

Un día, Harry vio a un chico que estaba sentado en una de las mesas del bar, solo y con un libro. Vio que se trataba de un libro de autoescuela. Aquel chico tendría su edad, y lo miró pensativamente. De niño, había deseado muchas veces poder conducir un coche, sin sentir las miradas amenazadoras de tío Vernon clavadas en su nuca. Harry sabía que los Dursley jamás le habrían pagado el carnet. Harry le murmuró a Ron que le esperase allí y se acercó al chico. No era mucho más alto que Harry, tenía el pelo de color marrón y los ojos negros, que iban a mucha velocidad cuando leía el libro que tenía entre manos.

Harry se sentó en una silla al lado de él y el chico interrumpió su lectura. Harry le sonrío y le preguntó por el libro con un coche rojo grande en la portada que tenía sujeto. Él le respondió que iba a la autoescuela local de Ottery Saint Catchpole y que llevaba un mes estudiando para presentarse al examen teórico. Tras averiguar dónde estaba la academia, Harry invitó al chico a un café, dándole las gracias.

Ron, que había estado siguiendo toda la conversación desde la barra, al llegar su amigo le preguntó que ocurría. Harry sonrío, y con una sonrisa indiferente, le explicó:
—Voy a hacer el examen de conducir de los muggles.​

Ron lo miró extrañado, sin saber que decir. Dio un último trago a su bebida y volvió a mirar a Harry con la misma expresión.
—Muy bien, Harry, pero no esperes que yo haga también ese examen con esos locos muggles al volante —replicó Ron.​

—Ron, tú ya has hecho un vuelo de horas al volante con destino Hogwarts. Si hay alguien más loco que tú, merecerá la pena conocerlo —y ambos rieron.​

—Vale, vale, haré el examen contigo —concedió el pelirrojo—, pero no le digamos nada a Hermione de momento, sino se preocupará.​
—¿Estás seguro de eso? —preguntó Harry.​
—Me va a caer una igual, así que, prefiero no molestarla ahora —respondió Ron, encogiéndose de hombros.​

Esa misma tarde, Harry y Ron se acercaron a la autoescuela del pueblo y los dos comenzarían a estudiar la semana siguiente. Harry, que tenía una cantidad de dinero muggle que había cambiado en Gringotts, pagó las tasas de los dos.

Ron miraba extrañado el libro ya en La Madriguera. Todas esas palabrejas que no comprendía se le antojaban muy raras, y ponía muecas cada vez que no entendía algo. Harry tenía que hacer un doble esfuerzo por entender y explicarle a Ron cómo funcionaban las señales o los semáforos. El señor Weasley era a veces un incordio más para Harry, pues cuando llegaba del trabajo le encantaba coger el libro de Ron y leerlo detenidamente, mientras se lamentaba de haber perdido aquel Ford Anglia que tuvo años atrás. Molly, cada vez que lo mencionaba, hacía más ruido en la cocina con las sartenes y las ollas y Arthur le devolvía el libro a Ron y se recostaba en el sofá a leer El Profeta.

Las semanas pasaban, y Harry y Ron iban a clase en el pueblo para desconectar de los libros de formación de aurores. Allí, atendiendo a clase, Ron copiaba todas las notas que hacía Harry, que, por una vez, quitando el año con Slughorn en Pociones, comprendía prácticamente todo lo que decía un profesor que no fuera de Defensa contra las Artes Oscuras.
—Te juro que un día me explota la cabeza con estos libros muggles -se lamentó Ron, cansado después de la cena, mientras repasaban las señales de tráfico.​

—Ánimo, Ron. Ya mismo Harry y tú os presentáis al examen, y necesitáis estar concentrados —le animó el señor Weasley detrás de su periódico.​

Harry escribió a Ginny diciéndole que tendrían el examen teórico a finales de las vacaciones de pascua, y que no le dijese nada a Hermione, pues Ron quería darle una sorpresa, pues ya tenía bastante con los esquemas que Hermione les enviaba periódicamente a los dos. Él a cambio recibió una carta en la que no decía nada bueno acerca de no haberle contado a ella lo del examen de conducir muggle que iba a hacer. Harry le envío bombones caseros de la señora Weasley en señal de disculpa.

Los meses seguían pasando y Ron empezó a mejorar mucho con el examen teórico del coche. Pero estaban más agobiados que nunca. Fletcher había pasado últimamente varias veces por La Madriguera para comprobar los esfuerzos de Harry y Ron, y cada día parecía menos satisfecho con sus gestos hacia ellos. Debían empezar a dejar las distracciones de lado si no querían perder la oportunidad de entrar en la Oficina de Aurores. Harry, a regañadientes, tuvo que poner la foto de Ginny y Teddy encima de la mesilla de noche, pues podía tirarse horas enfrente de la misma sin hacer nada. También redujo el carteo con la chica, pues siempre que llegaba algún mensaje suyo se tiraba el día leyendo su carta. A Ginny y Hermione, por el contrario, les iba muy bien. Ellas habían aprovechado muy bien sus visitas a la biblioteca y llevaban al día sus deberes. Ron y Harry comenzaron por fin una parte más práctica de sus estudios, y al menos arrancaron unos cuantos elogios de Fletcher un día antes del examen de conducir muggle.
—Seguid así, chicos, y pronto nos veremos trabajando codo con codo en el Ministerio. Kingsley se alegrará de que le lleve buenas noticas vuestras —dijo el jefe de la Oficina antes de desaparecer entre las llamas de la chimenea de la cocina de La Madriguera, con una servilleta cargada de las famosas tostadas de mantequilla de la señora Weasley.


Con los ánimos renovados, Harry y Ron esperaron a que Ginny y Hermione llegaran aquella tarde por vacaciones (solo iban a estar dos días más después del examen de conducir y después volverían a Hogwarts). Ginny y Harry desaparecieron cuando Ron tuvo la valentía de contarle a Hermione que llevaba unos meses preparándose para el examen teórico de conducir, y refugiados en la habitación de Harry, ambos reían como la novia del pelirrojo le gritaba, imitando muy bien a la señora Weasley, que estaba de parte de Hermione.

Una vez pasó todo, Hermione volvió a mostrarse más simpática con Ron y le estuvo ayudando a repasar todo el examen. Harry, que ya conocía todo y había asimilado muy bien los conceptos desde el primer día en la academia, se permitió el lujo de pasar la tarde con Ginny en su rincón favorito, el huerto de árboles frutales.

Al día siguiente, Harry y Ron se despertaron temprano para desayunar y aprovechar los últimos ratos de repaso. Antes de irse, el resto de la familia estaba ya a la mesa y los despidieron, deseándoles suerte. Ron iba un poco pálido al lado de Harry mientras salían por la puerta de la casa. Era la primera vez que haría un examen fuera de Hogwarts, y encima era de los muggles. Harry tuvo que animarlo hasta que entraron en la sala, enseñaron carnets de identidad falsos y se sentaron a esperar que les dieran las instrucciones del examen.

Una hora después de ir respondiendo a las preguntas que les habían hecho, Ron descubrió que no lo había hecho tan mal y volvieron muy contentos a La Madriguera, donde les esperaban todos. Después de contar como les había ido en el examen, comieron un banquete especial que la señora Weasley había preparado para la ocasión. Bill había ido, pero no Fleur.

Después de comerse el postre, se fueron todos al salón, y Fleur apareció de repente. Harry la veía diferente, hasta que cayó en la cuenta cuando Bill anunció:
—Familia. Fleur y yo… ¡vamos a ser padres de una niña!


La señora Weasley dejó caer una copa de cristal que tenía en las manos y corrió a abrazar a los futuros padres. Harry también fue a felicitar a Bill y Fleur, muy feliz de la noticia.
—¿Pero cómo es que no habéis dicho nada? —preguntó la señora Weasley.​


Teníagmos miedo —dijo Fleur, sollozando —de que el bebé trajera consigo algún tipo de maldición, como Geyback mogdió a Bill…​


—Sí, estábamos un poco asustados —continuó Bill—, porque aparte no esperábamos esta noticia nosotros tampoco. Fuimos a San Mungo, y después de varias exploraciones, no han dado con que la niña tenga algún problema.


La noticia era excelente, y Bill trajo whisky de fuego para todos para celebrar la noticia. Bill y Fleur se fueron, pues los padres de ella vendrían a visitarlos a El Refugio y se quedarían unos días con ellos. Gabrielle también iría, y Ginny, al oír que Fleur le dijo a Harry que ella había preguntado por él alguna vez, no pudo reprimir una mueca de desagrado cuando la esposa de su hermano no pudo verla.

Los resultados de los exámenes de Harry y Ron llegaron dos días después, ambos habían aprobado, así que fueron a celebrarlo con sus amigos de la academia del pueblo, y les presentaron a Ginny y Hermione.

* * *​

Por fin iba acercándose la fecha en la que Ginny y Hermione se examinarían de sus ÉXTASIS. Harry volvía a notar ese cosquilleo de que volvería a ver a Ginny pronto. Pero ahora debía poner todos sus esfuerzos en los estudios y en el carnet de coche. Dos veces a la semana, Ron y Harry abandonaban la cómoda y calentita Madriguera para ir por el sendero que los conducía a Ottery Saint Catchpole.

El señor Weasley había conseguido prestado —eso decía él— un coche del Ministerio, y Harry y Ron practicaban por las tardes también por los alrededores de La Madriguera. Lo que no sabía el señor Weasley es que Harry y Ron no ignoraban que el también cogía el coche y le hacía modificaciones. También estaba reparando la moto de Sirius, y Harry estaba deseoso de poder cogerla.

Hermione le mandaba cartas a Ron deseándole mucha suerte, pero dejando claro que ni se le ocurriera de ninguna manera hechizar al examinador si éste le suspendía. Ron se quejaba mucho de esas respuestas de Hermione. Ginny, en cambio, parecía confiar plenamente en Harry.

Al poco, Harry y Ron bajaron al pueblo para hacer su examen. Ron estaba tan nervioso que se había saltado el desayuno. Bajaron la cuesta hacia el pueblo mientras conversaban de quidditch para distraerse y no pensar. Allí se encontraron con John Stuart, uno de los compañeros de la autoescuela. El primero en examinarse fue John, y no lo hizo nada mal… hasta que se saltó una señal de Stop que no había visto en un cruce. El siguiente en examinarse era Harry.

Harry se imaginó que iba a bordo de una escoba, y el trayecto se le hizo fácil. Salieron a la autopista, y le hicieron maniobrar por un viejo polígono industrial. El examinador parecía que no le había desagradado mucho Harry, y le dedicó una sonrisa cuando cambió el turno con Ron.

Harry suplicó varias veces en silencio por su vida cuando Ron tomaba algún giro muy temerario, pero en principio no lo hacía mal. Harry vio al examinador tomar muchas notas, y cuando llegó la valoración de Ron, Harry juraría que vio sacar la varita a Ron. De todas formas, los dos amigos habían aprobado y contentos, fueron a celebrarlo con los demás compañeros de la autoescuela que habían aprobado también.

La semana anterior de que Harry y Ron fueran a recoger a Ginny y Hermione, Harry cayó en la cuenta de que no había ido a Privet Drive a recoger la sorpresa que Ginny había dejado para él allí. No sabía cómo iba a presentarse allí, ni que excusa pondría para poder entrar en su dormitorio. Escribió a Dudley diciéndole que iría al día siguiente a visitarlos para darles una noticia.

A la mañana siguiente, Harry y Ron habían preparado bocadillos para hacer el viaje a Surrey, y tenían la mochila lista. Pero Harry no encontraba sus vaqueros favoritos. Al final, tuvo que escoger unos que le quedaban chicos a Ron a regañadientes. Tampoco encontraba muchas cosas que le pertenecían en su cuarto, pero la señora Weasley no sabía darle una respuesta.

Al final salieron hacia Little Whingign después de un suculento desayuno que la señora Weasley les había preparado a los chicos. Harry conducía mientras Ron iba dormido en el asiento de al lado. La música invitaba a dormir, la verdad, no había nada con un ritmo más alegre, pero, pensó Harry, al menos no era la música repetitiva de Celestina Warbeck.

Llegaron a Little Whingign casi a la hora de comer. Harry se plantó delante del número 4 de latón. Había una vecina asomada a la ventana, y cuando Harry la miró instintivamente, ella rápidamente corrió la cortina. Harry había olvidado con la felicidad de La Madriguera que allí era aquel chico Potter que iba a la escuela San Bruto. No pudo contener una sonrisa irónica, y llamó a la puerta.

La puerta se abrió de manera tan rápida que Harry pensó que alguien le había echado un maleficio a la misma. Pero allí no había un mago, sino la figura de su primo Dudley Dursley, que le estaba tendiendo la mano. Harry se le estrechó, y juntos atravesaron el vestíbulo.

—¿Cómo has estado, Harry? —preguntó su primo.

—Pues bien, la verdad. Tengo noticias, también.

—¿Qué clase de noticias? —preguntó Dudley, emocionado.

—Lo sabrás a su tiempo, grandullón.

Tía Petunia y tío Vernon estaban sentados viendo la tele, sin saber quién había entrado a su casa. Cuando Dudley anunció que tenían visita, tía Petunia se giró en su sillón.
—Oh, ¿eres tú Peonci…? — y calló al ver que aquella persona que pensaba que estaba junto a su hijo no era ni más ni menos que su sobrino Harry.​


—Hola —dijo Harry.​


—Chico, ¿qué haces tú aquí? —preguntó tío Vernon, extrañado.​


—Solo… he venido a haceros una visita, saber que todo está bien por aquí. ¿No os había avisado Dudley de que venía?​



El silencio que hubo en la sala respondió a Harry.

Dudley fue a hacer té y Harry tomó asiento en el salón. Ninguno de los tres sabía que decir, y cuando llegó el té se aliviaron de tener algo que hacer.​

—Bueno, Harry, ¿qué son esas noticias que decías que tenías? —preguntó Dudley, y dio otro sorbo a su taza.​


—Bien... esto... he aprobado el examen de conducir —dijo Harry entrecortadamente.​


—¿Ah, ¿sí? —preguntó tío Vernon.​


—Felicidades, Harry —dijo Dudley que volvía a estrecharle la mano.​


—Gracias, Dudley. Bueno, también quiero deciros que voy progresando en mis estudios de la policía de mi gente, y que seguramente este verano me mude a la casa de mi padrino con Ginny. Todavía no sé cómo proponérselo, pero seguramente vaya allí con ella. Es en Londres, por si un día os pasáis —no decía aquello último en serio, pues no imaginaba a sus tíos visitando Grimmauld Place¾.​


—Eso… eso son buenas noticias, chico. Me alegro por ti —dijo tío Vernon.


Harry, sin creérselo, le dio las gracias. Después de otro silencio incomodo, Harry informó de que iba a recoger algunas cosas de su cuarto, y como nadie le dijo lo contrario, subió a su habitación. Todo estaba igual que como lo había dejado en junio cuando fue con Ginny. Bueno, no todo. Encima del escritorio había un sobre escrito con tinta dorada que decía:
A Ginevra Molly Weasley.
Habitación del primer piso.
La Madriguera.

Harry sacó la carta del sobre, ya abierto, y comenzó a leer.
Estimada señorita Weasley.


¡Estamos encantados de haber dado con usted! Con cómo estaban las cosas hace unos meses, temíamos que esta carta nunca llegase a su destinataria. Si está leyendo esto, es buena señal, la lechuza hizo bien su trabajo.


Le comunicamos que la oferta que le hicimos hace tiempo para que sea una jugadora más de nuestro equipo sigue en pie, esperando a que termine de decidir sus pasos después de Hogwarts y sus exámenes, que esperamos le vayan muy bien.


Esperamos su lechuza de vuelta lo más pronto posible, pues nos encantaría poder disfrutar de su talento como cazadora de nuestro equipo. Tiene un talento muy natural y un estilo muy agradable a la vista del espectador y aficionado al quidditch.


Sin más,

Se despide con un cordial saludo


Gwenong Jones,
Capitana del Arpías de Holyhead.


Así que ese era el gran secreto de Ginny. ¡Sería jugadora del Arpías de Holyhead!
—Veo que ya has leído la carta de tu novia, Harry —dijo una voz femenina detrás del chico.​


—Oh… sí —respondió Harry a su tía, que no pasaba del umbral de la puerta.​


—Creo que esa carta tiene noticias importantes, Harry, y seguro que son para ella un sueño. No dejes de apoyarla nunca.


Y sin decir más, tía Petunia desapareció.
—Lo haré tía, lo haré.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @Nymphadoraa @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice Adhara Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha

LISTA DE LINKS:
(por cierto de ahora en adelante etiquetame como @Nymphad0ra )
 
  • Me encanta
Reacciones: KikePotter7
30 Abr 2021
1.617
3
2.240
883
ooooh, ¿deseas vigilarme? PUES NO TE DIRE.

VISITA INESPERADA​


Las Navidades habían acabado, y con eso volvieron los estudios. Ginny y Hermione habían regresado ya a Hogwarts a través de la Red Flu, y esperaban volver a verse en las vacaciones de Pascua. Los días se hacían agotadores, y el pesado libro de McGonagall se ponía más complicado de entender. Harry y Ron, desesperados, bajaban al pueblo a tomarse una cerveza para despejarse de vez en cuando.

Un día, Harry vio a un chico que estaba sentado en una de las mesas del bar, solo y con un libro. Vio que se trataba de un libro de autoescuela. Aquel chico tendría su edad, y lo miró pensativamente. De niño, había deseado muchas veces poder conducir un coche, sin sentir las miradas amenazadoras de tío Vernon clavadas en su nuca. Harry sabía que los Dursley jamás le habrían pagado el carnet. Harry le murmuró a Ron que le esperase allí y se acercó al chico. No era mucho más alto que Harry, tenía el pelo de color marrón y los ojos negros, que iban a mucha velocidad cuando leía el libro que tenía entre manos.

Harry se sentó en una silla al lado de él y el chico interrumpió su lectura. Harry le sonrío y le preguntó por el libro con un coche rojo grande en la portada que tenía sujeto. Él le respondió que iba a la autoescuela local de Ottery Saint Catchpole y que llevaba un mes estudiando para presentarse al examen teórico. Tras averiguar dónde estaba la academia, Harry invitó al chico a un café, dándole las gracias.

Ron, que había estado siguiendo toda la conversación desde la barra, al llegar su amigo le preguntó que ocurría. Harry sonrío, y con una sonrisa indiferente, le explicó:
—Voy a hacer el examen de conducir de los muggles.​

Ron lo miró extrañado, sin saber que decir. Dio un último trago a su bebida y volvió a mirar a Harry con la misma expresión.
—Muy bien, Harry, pero no esperes que yo haga también ese examen con esos locos muggles al volante —replicó Ron.​

—Ron, tú ya has hecho un vuelo de horas al volante con destino Hogwarts. Si hay alguien más loco que tú, merecerá la pena conocerlo —y ambos rieron.​

—Vale, vale, haré el examen contigo —concedió el pelirrojo—, pero no le digamos nada a Hermione de momento, sino se preocupará.​
—¿Estás seguro de eso? —preguntó Harry.​
—Me va a caer una igual, así que, prefiero no molestarla ahora —respondió Ron, encogiéndose de hombros.​

Esa misma tarde, Harry y Ron se acercaron a la autoescuela del pueblo y los dos comenzarían a estudiar la semana siguiente. Harry, que tenía una cantidad de dinero muggle que había cambiado en Gringotts, pagó las tasas de los dos.

Ron miraba extrañado el libro ya en La Madriguera. Todas esas palabrejas que no comprendía se le antojaban muy raras, y ponía muecas cada vez que no entendía algo. Harry tenía que hacer un doble esfuerzo por entender y explicarle a Ron cómo funcionaban las señales o los semáforos. El señor Weasley era a veces un incordio más para Harry, pues cuando llegaba del trabajo le encantaba coger el libro de Ron y leerlo detenidamente, mientras se lamentaba de haber perdido aquel Ford Anglia que tuvo años atrás. Molly, cada vez que lo mencionaba, hacía más ruido en la cocina con las sartenes y las ollas y Arthur le devolvía el libro a Ron y se recostaba en el sofá a leer El Profeta.

Las semanas pasaban, y Harry y Ron iban a clase en el pueblo para desconectar de los libros de formación de aurores. Allí, atendiendo a clase, Ron copiaba todas las notas que hacía Harry, que, por una vez, quitando el año con Slughorn en Pociones, comprendía prácticamente todo lo que decía un profesor que no fuera de Defensa contra las Artes Oscuras.
—Te juro que un día me explota la cabeza con estos libros muggles -se lamentó Ron, cansado después de la cena, mientras repasaban las señales de tráfico.​

—Ánimo, Ron. Ya mismo Harry y tú os presentáis al examen, y necesitáis estar concentrados —le animó el señor Weasley detrás de su periódico.​

Harry escribió a Ginny diciéndole que tendrían el examen teórico a finales de las vacaciones de pascua, y que no le dijese nada a Hermione, pues Ron quería darle una sorpresa, pues ya tenía bastante con los esquemas que Hermione les enviaba periódicamente a los dos. Él a cambio recibió una carta en la que no decía nada bueno acerca de no haberle contado a ella lo del examen de conducir muggle que iba a hacer. Harry le envío bombones caseros de la señora Weasley en señal de disculpa.

Los meses seguían pasando y Ron empezó a mejorar mucho con el examen teórico del coche. Pero estaban más agobiados que nunca. Fletcher había pasado últimamente varias veces por La Madriguera para comprobar los esfuerzos de Harry y Ron, y cada día parecía menos satisfecho con sus gestos hacia ellos. Debían empezar a dejar las distracciones de lado si no querían perder la oportunidad de entrar en la Oficina de Aurores. Harry, a regañadientes, tuvo que poner la foto de Ginny y Teddy encima de la mesilla de noche, pues podía tirarse horas enfrente de la misma sin hacer nada. También redujo el carteo con la chica, pues siempre que llegaba algún mensaje suyo se tiraba el día leyendo su carta. A Ginny y Hermione, por el contrario, les iba muy bien. Ellas habían aprovechado muy bien sus visitas a la biblioteca y llevaban al día sus deberes. Ron y Harry comenzaron por fin una parte más práctica de sus estudios, y al menos arrancaron unos cuantos elogios de Fletcher un día antes del examen de conducir muggle.
—Seguid así, chicos, y pronto nos veremos trabajando codo con codo en el Ministerio. Kingsley se alegrará de que le lleve buenas noticas vuestras —dijo el jefe de la Oficina antes de desaparecer entre las llamas de la chimenea de la cocina de La Madriguera, con una servilleta cargada de las famosas tostadas de mantequilla de la señora Weasley.


Con los ánimos renovados, Harry y Ron esperaron a que Ginny y Hermione llegaran aquella tarde por vacaciones (solo iban a estar dos días más después del examen de conducir y después volverían a Hogwarts). Ginny y Harry desaparecieron cuando Ron tuvo la valentía de contarle a Hermione que llevaba unos meses preparándose para el examen teórico de conducir, y refugiados en la habitación de Harry, ambos reían como la novia del pelirrojo le gritaba, imitando muy bien a la señora Weasley, que estaba de parte de Hermione.

Una vez pasó todo, Hermione volvió a mostrarse más simpática con Ron y le estuvo ayudando a repasar todo el examen. Harry, que ya conocía todo y había asimilado muy bien los conceptos desde el primer día en la academia, se permitió el lujo de pasar la tarde con Ginny en su rincón favorito, el huerto de árboles frutales.

Al día siguiente, Harry y Ron se despertaron temprano para desayunar y aprovechar los últimos ratos de repaso. Antes de irse, el resto de la familia estaba ya a la mesa y los despidieron, deseándoles suerte. Ron iba un poco pálido al lado de Harry mientras salían por la puerta de la casa. Era la primera vez que haría un examen fuera de Hogwarts, y encima era de los muggles. Harry tuvo que animarlo hasta que entraron en la sala, enseñaron carnets de identidad falsos y se sentaron a esperar que les dieran las instrucciones del examen.

Una hora después de ir respondiendo a las preguntas que les habían hecho, Ron descubrió que no lo había hecho tan mal y volvieron muy contentos a La Madriguera, donde les esperaban todos. Después de contar como les había ido en el examen, comieron un banquete especial que la señora Weasley había preparado para la ocasión. Bill había ido, pero no Fleur.

Después de comerse el postre, se fueron todos al salón, y Fleur apareció de repente. Harry la veía diferente, hasta que cayó en la cuenta cuando Bill anunció:
—Familia. Fleur y yo… ¡vamos a ser padres de una niña!


La señora Weasley dejó caer una copa de cristal que tenía en las manos y corrió a abrazar a los futuros padres. Harry también fue a felicitar a Bill y Fleur, muy feliz de la noticia.
—¿Pero cómo es que no habéis dicho nada? —preguntó la señora Weasley.​


Teníagmos miedo —dijo Fleur, sollozando —de que el bebé trajera consigo algún tipo de maldición, como Geyback mogdió a Bill…​


—Sí, estábamos un poco asustados —continuó Bill—, porque aparte no esperábamos esta noticia nosotros tampoco. Fuimos a San Mungo, y después de varias exploraciones, no han dado con que la niña tenga algún problema.


La noticia era excelente, y Bill trajo whisky de fuego para todos para celebrar la noticia. Bill y Fleur se fueron, pues los padres de ella vendrían a visitarlos a El Refugio y se quedarían unos días con ellos. Gabrielle también iría, y Ginny, al oír que Fleur le dijo a Harry que ella había preguntado por él alguna vez, no pudo reprimir una mueca de desagrado cuando la esposa de su hermano no pudo verla.

Los resultados de los exámenes de Harry y Ron llegaron dos días después, ambos habían aprobado, así que fueron a celebrarlo con sus amigos de la academia del pueblo, y les presentaron a Ginny y Hermione.

* * *​

Por fin iba acercándose la fecha en la que Ginny y Hermione se examinarían de sus ÉXTASIS. Harry volvía a notar ese cosquilleo de que volvería a ver a Ginny pronto. Pero ahora debía poner todos sus esfuerzos en los estudios y en el carnet de coche. Dos veces a la semana, Ron y Harry abandonaban la cómoda y calentita Madriguera para ir por el sendero que los conducía a Ottery Saint Catchpole.

El señor Weasley había conseguido prestado —eso decía él— un coche del Ministerio, y Harry y Ron practicaban por las tardes también por los alrededores de La Madriguera. Lo que no sabía el señor Weasley es que Harry y Ron no ignoraban que el también cogía el coche y le hacía modificaciones. También estaba reparando la moto de Sirius, y Harry estaba deseoso de poder cogerla.

Hermione le mandaba cartas a Ron deseándole mucha suerte, pero dejando claro que ni se le ocurriera de ninguna manera hechizar al examinador si éste le suspendía. Ron se quejaba mucho de esas respuestas de Hermione. Ginny, en cambio, parecía confiar plenamente en Harry.

Al poco, Harry y Ron bajaron al pueblo para hacer su examen. Ron estaba tan nervioso que se había saltado el desayuno. Bajaron la cuesta hacia el pueblo mientras conversaban de quidditch para distraerse y no pensar. Allí se encontraron con John Stuart, uno de los compañeros de la autoescuela. El primero en examinarse fue John, y no lo hizo nada mal… hasta que se saltó una señal de Stop que no había visto en un cruce. El siguiente en examinarse era Harry.

Harry se imaginó que iba a bordo de una escoba, y el trayecto se le hizo fácil. Salieron a la autopista, y le hicieron maniobrar por un viejo polígono industrial. El examinador parecía que no le había desagradado mucho Harry, y le dedicó una sonrisa cuando cambió el turno con Ron.

Harry suplicó varias veces en silencio por su vida cuando Ron tomaba algún giro muy temerario, pero en principio no lo hacía mal. Harry vio al examinador tomar muchas notas, y cuando llegó la valoración de Ron, Harry juraría que vio sacar la varita a Ron. De todas formas, los dos amigos habían aprobado y contentos, fueron a celebrarlo con los demás compañeros de la autoescuela que habían aprobado también.

La semana anterior de que Harry y Ron fueran a recoger a Ginny y Hermione, Harry cayó en la cuenta de que no había ido a Privet Drive a recoger la sorpresa que Ginny había dejado para él allí. No sabía cómo iba a presentarse allí, ni que excusa pondría para poder entrar en su dormitorio. Escribió a Dudley diciéndole que iría al día siguiente a visitarlos para darles una noticia.

A la mañana siguiente, Harry y Ron habían preparado bocadillos para hacer el viaje a Surrey, y tenían la mochila lista. Pero Harry no encontraba sus vaqueros favoritos. Al final, tuvo que escoger unos que le quedaban chicos a Ron a regañadientes. Tampoco encontraba muchas cosas que le pertenecían en su cuarto, pero la señora Weasley no sabía darle una respuesta.

Al final salieron hacia Little Whingign después de un suculento desayuno que la señora Weasley les había preparado a los chicos. Harry conducía mientras Ron iba dormido en el asiento de al lado. La música invitaba a dormir, la verdad, no había nada con un ritmo más alegre, pero, pensó Harry, al menos no era la música repetitiva de Celestina Warbeck.

Llegaron a Little Whingign casi a la hora de comer. Harry se plantó delante del número 4 de latón. Había una vecina asomada a la ventana, y cuando Harry la miró instintivamente, ella rápidamente corrió la cortina. Harry había olvidado con la felicidad de La Madriguera que allí era aquel chico Potter que iba a la escuela San Bruto. No pudo contener una sonrisa irónica, y llamó a la puerta.

La puerta se abrió de manera tan rápida que Harry pensó que alguien le había echado un maleficio a la misma. Pero allí no había un mago, sino la figura de su primo Dudley Dursley, que le estaba tendiendo la mano. Harry se le estrechó, y juntos atravesaron el vestíbulo.

—¿Cómo has estado, Harry? —preguntó su primo.

—Pues bien, la verdad. Tengo noticias, también.

—¿Qué clase de noticias? —preguntó Dudley, emocionado.

—Lo sabrás a su tiempo, grandullón.

Tía Petunia y tío Vernon estaban sentados viendo la tele, sin saber quién había entrado a su casa. Cuando Dudley anunció que tenían visita, tía Petunia se giró en su sillón.
—Oh, ¿eres tú Peonci…? — y calló al ver que aquella persona que pensaba que estaba junto a su hijo no era ni más ni menos que su sobrino Harry.​


—Hola —dijo Harry.​


—Chico, ¿qué haces tú aquí? —preguntó tío Vernon, extrañado.​


—Solo… he venido a haceros una visita, saber que todo está bien por aquí. ¿No os había avisado Dudley de que venía?​



El silencio que hubo en la sala respondió a Harry.

Dudley fue a hacer té y Harry tomó asiento en el salón. Ninguno de los tres sabía que decir, y cuando llegó el té se aliviaron de tener algo que hacer.​

—Bueno, Harry, ¿qué son esas noticias que decías que tenías? —preguntó Dudley, y dio otro sorbo a su taza.​


—Bien... esto... he aprobado el examen de conducir —dijo Harry entrecortadamente.​


—¿Ah, ¿sí? —preguntó tío Vernon.​


—Felicidades, Harry —dijo Dudley que volvía a estrecharle la mano.​


—Gracias, Dudley. Bueno, también quiero deciros que voy progresando en mis estudios de la policía de mi gente, y que seguramente este verano me mude a la casa de mi padrino con Ginny. Todavía no sé cómo proponérselo, pero seguramente vaya allí con ella. Es en Londres, por si un día os pasáis —no decía aquello último en serio, pues no imaginaba a sus tíos visitando Grimmauld Place¾.​


—Eso… eso son buenas noticias, chico. Me alegro por ti —dijo tío Vernon.


Harry, sin creérselo, le dio las gracias. Después de otro silencio incomodo, Harry informó de que iba a recoger algunas cosas de su cuarto, y como nadie le dijo lo contrario, subió a su habitación. Todo estaba igual que como lo había dejado en junio cuando fue con Ginny. Bueno, no todo. Encima del escritorio había un sobre escrito con tinta dorada que decía:
A Ginevra Molly Weasley.
Habitación del primer piso.
La Madriguera.

Harry sacó la carta del sobre, ya abierto, y comenzó a leer.
Estimada señorita Weasley.


¡Estamos encantados de haber dado con usted! Con cómo estaban las cosas hace unos meses, temíamos que esta carta nunca llegase a su destinataria. Si está leyendo esto, es buena señal, la lechuza hizo bien su trabajo.


Le comunicamos que la oferta que le hicimos hace tiempo para que sea una jugadora más de nuestro equipo sigue en pie, esperando a que termine de decidir sus pasos después de Hogwarts y sus exámenes, que esperamos le vayan muy bien.


Esperamos su lechuza de vuelta lo más pronto posible, pues nos encantaría poder disfrutar de su talento como cazadora de nuestro equipo. Tiene un talento muy natural y un estilo muy agradable a la vista del espectador y aficionado al quidditch.


Sin más,

Se despide con un cordial saludo


Gwenong Jones,
Capitana del Arpías de Holyhead.


Así que ese era el gran secreto de Ginny. ¡Sería jugadora del Arpías de Holyhead!
—Veo que ya has leído la carta de tu novia, Harry —dijo una voz femenina detrás del chico.​


—Oh… sí —respondió Harry a su tía, que no pasaba del umbral de la puerta.​


—Creo que esa carta tiene noticias importantes, Harry, y seguro que son para ella un sueño. No dejes de apoyarla nunca.


Y sin decir más, tía Petunia desapareció.
—Lo haré tía, lo haré.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @Nymphadoraa @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice Adhara Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha

LISTA DE LINKS:
¡REALMENTE LO AMO!
 
  • Me encanta
Reacciones: KikePotter7

Relacionado

Nuevos mensajes

🔥 Trending