Acción CAPÍTULO 8: DESPEDIDA | HARRY POTTER Y QUÉ PASÓ DESPUÉS

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DESPEDIDA.​


Habían hecho una gran fiesta en la cocina de La Madriguera. Hasta Charlie había venido de Rumanía para festejar que Harry y Ron tendrían acceso a la Oficina de Aurores. Hagrid sollozaba con su enorme pañuelo estampado del tamaño de un mantel y repetía ¡lo sabía Harry, lo sabía! McGonagall también estaba allí, y aunque le costaba contagiarse del ánimo, Harry juraría que le había visto sonreír un par de veces.

A Harry y a Ron les esperaban dos años de estudios por delante, pues tendrían que recuperar el año perdido de ÉXTASIS que no habían cursado, además de prepararse bien dentro del Ministerio para ser considerados miembros de todo derecho de la Oficina de Aurores. Hermione y Ginny, por su parte, ya habían comprado en el Callejón Diagon todas las cosas que iban a necesitar ese curso.

McGonagall se les acercó a Harry y a Ron cuando nadie podía verlos y les dio sendos libros titulados El camino de obstáculos hasta la meta del auror, y sin más, les dejó allí. Sospechaban que ese libro iba a tener gran utilidad durante los años que les quedaban, pero como era un día de felicitaciones, dejaron los libros en el dormitorio de Ron, y continuaron celebrando ese paso tan maravilloso.

Los días en La Madriguera seguían siendo tan magníficos como siempre. Aunque siempre había tareas que hacer allí, como dar de comer a las gallinas, Harry y Ron pasaban las tardes jugando al quidditch con Hermione y Ginny. Percy de vez en cuando iba a comer, y anunció un día que tenía pareja. George y Ginny se rieron un poco de él, pero cuando conocieron a Audrey, todos dejaron al lado las burlas y aceptaron a la chica gratamente.

Audrey era una chica realmente encantadora, le gustaba pasear por el jardín de los Weasley después de comer y leer apoyada en los viejos calderos. A veces, los gnomos de jardín iban a curiosear que hacía la chica, pero ella siempre conseguía espantarlos amenazándolos con chispas procedentes de su varita. A la señora Weasley no le costó aceptar a Audrey en la familia tanto como a Fleur, siempre le hacía repetir la comida -Harry siempre se compadecía de ella-, y estaba dispuesta a discutir maneras de limpiar a fondo el jardín.

Pero pronto llegó el día más triste para Harry desde que volviera a La Madriguera. Ginny se tenía que marchar a Hogwarts un año entero, y eso entristecía mucho al muchacho. Se había acostumbrado tanto a su presencia y a sus caricias que no era capaz de pensar en que se marcharía y no la vería hasta Navidad.

Harry, Hermione, Ginny y Ron salieron de La Madriguera por primera vez en mucho tiempo para aprovechar las últimas horas que les quedaban juntos. Bajaron la colina hacia el pueblo de Ottery Saint Catchpole donde se mezclaron con los muggles del pueblo. Allí, fueron a comer una hamburguesa y a estirar las piernas por las distintas tiendas que tenían desconcertados tanto a Ron como a Ginny. Después de las tiendas, entraron en un bonito restaurante con decoración medieval -Harry se acordó del Gran Comedor de Hogwarts- adornado con bonitos cuadros en las paredes de piedra. Harry y Hermione pidieron la comida para los cuatro, pues ni Ginny ni Ron habían estado antes en un restaurante muggle.

Después de cenar, se fueron a dar un paseo por el centro, disfrutando de las últimas horas de sol de un día que había sido cálido y agradable. Llegaron a unos pequeños jardines y ahí estuvieron sentados toda la tarde, viendo a los muggles pasear a sus perros y a algunos ancianos dando de comer a las palomas. Harry tuvo que explicarles a Ron y Ginny en qué consistía el fútbol, porque veían extraño esa manera de jugar. Hermione los miraba con una risita burlona cuando Harry le explicaba qué era el fuera de juego, o como se sacaba un córner.​

—¿Pero acaso sigues el fútbol, Hermione? —preguntó Ron con fingido enfado cuando volvió a preguntar por enésima vez que era un tiro libre.

—No, pero me sé bien las normas -replicó ella con una sonrisa de oreja a oreja.

Harry y Ron buscaron un pequeño callejón y se desaparecieron, materializándose de nuevo en frente de la valla del jardín de los Weasley. Ambas parejas se despidieron, pues cada una de ellas iba a despedirse de manera más íntima antes de que empezara el curso escolar y los dejaran allí unos meses. Hermione ya se había leído todos los libros del curso y estaba leyéndose el penúltimo capítulo del libro que le había regalado McGonagall a Ron .

Harry y Ginny se fueron al huerto, donde estarían protegidos de las miradas de los demás, y donde hallaban tranquilidad. Era su lugar predilecto para las escapadas nocturnas que realizaban. Harry se apoyó en un árbol y Ginny se recostó en él. Pasaron allí horas hablando de lo maravilloso que había sido ese verano, y en lo maravilloso que podría haber sido todo si hubieran estado juntos mucho antes.

En muchas ocasiones, Harry habría tenido que imaginarse que estaba con Ginny, o soñarlo. Pero desde que todo había acabado, ahora eran felices juntos, y ya comenzaban a hacer pequeños planes de su vida futura en común.

—Me gustaría tener una hija —dijo Harry cuando Ginny le bombardeó a preguntas personales—. Sí, creo que sería genial —añadió.

—A mí también- coincidió Ginny—. He tenido seis hermanos que soportar, no quisiera tener que soportar a dos Potter más como tú —respondió Ginny, y ambos rieron con ganas.

Cuando el reloj abollado de Harry marcó las una, Harry y Ginny se levantaron, miraron por última vez el huerto de árboles donde habían pasado momentos dulces durante todo el verano, y se dirigieron sigilosamente hacia la casa. Se despidieron en el rellano de Ginny en el primer piso, con un beso que a Harry se le hizo maravillosamente eterno, el tiempo no pasaba cuando Ginny estaba con él.

Subió, todavía embelesado por el perfume floral de la pelirroja, y entró en el cuarto de Ron. Él ya había llegado y estaba dormido. Cerró los ojos e imaginó una vida en la que Ginny y él estarían juntos siempre. Así de contentó se durmió.

Se levantaron muy ajetreados y escuchando las protestas de la señora Weasley por no estar todo preparado la noche anterior. Ginny y Hermione bajaban las escaleras y las volvían a subir con trozos de tostada de mantequilla en la boca. Harry echaba de menos estar en esa situación, pues años atrás él también lo había vivido en aquella casa que consideraba su hogar. Se acordó de Sirius, cuando le contó que él había abandonado Grimmauld Place cuando cumplió dieciséis años y lo acogieron en la casa de la familia Potter. Allí, como Harry en La Madriguera, era siempre bienvenido.

Harry, Ron y los señores Weasley acompañaron al andén 9 y ¾ a Ginny y Hermione. También habían ido los señores Granger, que charlaban amistosamente con el señor Weasley sobre el funcionamiento de las tostadoras.

Harry ayudó a Ginny y a Luna, que también estaba por allí cuando llegaron a montar los baúles en el vagón del tren. Se despidieron dulcemente, y cuando empezó el tren a alejarse, Harry junto con Ron recorrieron el andén hasta que perdieron de vista a Ginny y Hermione, sintiéndose raros por no estar por segunda vez consecutivas sentados en los compartimentos. Harry no sabía si algún día podría regresar a Hogwarts.


¡Hola de nuevo!

Gracias por estar un día más pendiente de mi trabajo, es un honor recibir comentarios, sugerencias o ánimos a través de los comentarios en el foro. Mil gracias, se me agotan las palabras.

A partir de ahora, dejaré todos los links en el CAPÍTULO 0: INTRODUCCIÓN para que los que hayáis enganchado más tarde tengáis la oportunidad de leerlos todos. También recuerdo que a los comentarios que más me gusten los añadiré a las menciones de honor, y quien me lo pida, también entrará.


MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Longbottom Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @almudena @andremateo @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice A. Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha @Nymphad0ra @dracmorde @Nicole Potter Evanns @holapotter @oscutlon @Susana Weasley @Monicman @Laucha @Xzmaster @generacionpotterhead @Christian black @Emily Avril Carrow Potter @AdoroPotter @Alvaro7 @Yaj Weasley <3

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Habían hecho una gran fiesta en la cocina de La Madriguera. Hasta Charlie había venido de Rumanía para festejar que Harry y Ron tendrían acceso a la Oficina de Aurores. Hagrid sollozaba con su enorme pañuelo estampado del tamaño de un mantel y repetía ¡lo sabía Harry, lo sabía! McGonagall también estaba allí, y aunque le costaba contagiarse del ánimo, Harry juraría que le había visto sonreír un par de veces.

A Harry y a Ron les esperaban dos años de estudios por delante, pues tendrían que recuperar el año perdido de ÉXTASIS que no habían cursado, además de prepararse bien dentro del Ministerio para ser considerados miembros de todo derecho de la Oficina de Aurores. Hermione y Ginny, por su parte, ya habían comprado en el Callejón Diagon todas las cosas que iban a necesitar ese curso.

McGonagall se les acercó a Harry y a Ron cuando nadie podía verlos y les dio sendos libros titulados El camino de obstáculos hasta la meta del auror, y sin más, les dejó allí. Sospechaban que ese libro iba a tener gran utilidad durante los años que les quedaban, pero como era un día de felicitaciones, dejaron los libros en el dormitorio de Ron, y continuaron celebrando ese paso tan maravilloso.

Los días en La Madriguera seguían siendo tan magníficos como siempre. Aunque siempre había tareas que hacer allí, como dar de comer a las gallinas, Harry y Ron pasaban las tardes jugando al quidditch con Hermione y Ginny. Percy de vez en cuando iba a comer, y anunció un día que tenía pareja. George y Ginny se rieron un poco de él, pero cuando conocieron a Audrey, todos dejaron al lado las burlas y aceptaron a la chica gratamente.

Audrey era una chica realmente encantadora, le gustaba pasear por el jardín de los Weasley después de comer y leer apoyada en los viejos calderos. A veces, los gnomos de jardín iban a curiosear que hacía la chica, pero ella siempre conseguía espantarlos amenazándolos con chispas procedentes de su varita. A la señora Weasley no le costó aceptar a Audrey en la familia tanto como a Fleur, siempre le hacía repetir la comida -Harry siempre se compadecía de ella-, y estaba dispuesta a discutir maneras de limpiar a fondo el jardín.

Pero pronto llegó el día más triste para Harry desde que volviera a La Madriguera. Ginny se tenía que marchar a Hogwarts un año entero, y eso entristecía mucho al muchacho. Se había acostumbrado tanto a su presencia y a sus caricias que no era capaz de pensar en que se marcharía y no la vería hasta Navidad.

Harry, Hermione, Ginny y Ron salieron de La Madriguera por primera vez en mucho tiempo para aprovechar las últimas horas que les quedaban juntos. Bajaron la colina hacia el pueblo de Ottery Saint Catchpole donde se mezclaron con los muggles del pueblo. Allí, fueron a comer una hamburguesa y a estirar las piernas por las distintas tiendas que tenían desconcertados tanto a Ron como a Ginny. Después de las tiendas, entraron en un bonito restaurante con decoración medieval -Harry se acordó del Gran Comedor de Hogwarts- adornado con bonitos cuadros en las paredes de piedra. Harry y Hermione pidieron la comida para los cuatro, pues ni Ginny ni Ron habían estado antes en un restaurante muggle.

Después de cenar, se fueron a dar un paseo por el centro, disfrutando de las últimas horas de sol de un día que había sido cálido y agradable. Llegaron a unos pequeños jardines y ahí estuvieron sentados toda la tarde, viendo a los muggles pasear a sus perros y a algunos ancianos dando de comer a las palomas. Harry tuvo que explicarles a Ron y Ginny en qué consistía el fútbol, porque veían extraño esa manera de jugar. Hermione los miraba con una risita burlona cuando Harry le explicaba qué era el fuera de juego, o como se sacaba un córner.​
  • ¿Pero acaso sigues el fútbol, Hermione? -preguntó Ron con fingido enfado cuando volvió a preguntar por enésima vez que era un tiro libre.

  • No, pero me sé bien las normas -replicó ella con una sonrisa de oreja a oreja.​
Harry y Ron buscaron un pequeño callejón y se desaparecieron, materializándose de nuevo en frente de la valla del jardín de los Weasley. Ambas parejas se despidieron, pues cada una de ellas iba a despedirse de manera más íntima antes de que empezara el curso escolar y los dejaran allí unos meses. Hermione ya se había leído todos los libros del curso y estaba leyéndose el penúltimo capítulo del libro que le había regalado McGonagall a Ron .

Harry y Ginny se fueron al huerto, donde estarían protegidos de las miradas de los demás, y donde hallaban tranquilidad. Era su lugar predilecto para las escapadas nocturnas que realizaban. Harry se apoyó en un árbol y Ginny se recostó en él. Pasaron allí horas hablando de lo maravilloso que había sido ese verano, y en lo maravilloso que podría haber sido todo si hubieran estado juntos mucho antes.

En muchas ocasiones, Harry habría tenido que imaginarse que estaba con Ginny, o soñarlo. Pero desde que todo había acabado, ahora eran felices juntos, y ya comenzaban a hacer pequeños planes de su vida futura en común.​
  • Me gustaría tener una hija -dijo Harry cuando Ginny le bombardeó a preguntas personales-. Sí, creo que sería genial -añadió.​

  • A mí también- coincidió Ginny.- He tenido seis hermanos que soportar, no quisiera tener que soportar a dos Potter más como tú -respondió Ginny, y ambos rieron con ganas.​
Cuando el reloj abollado de Harry marcó las una, Harry y Ginny se levantaron, miraron por última vez el huerto de árboles donde habían pasado momentos dulces durante todo el verano, y se dirigieron sigilosamente hacia la casa. Se despidieron en el rellano de Ginny en el primer piso, con un beso que a Harry se le hizo maravillosamente eterno, el tiempo no pasaba cuando Ginny estaba con él.

Subió, todavía embelesado por el perfume floral de la pelirroja, y entró en el cuarto de Ron. Él ya había llegado y estaba dormido. Cerró los ojos e imaginó una vida en la que Ginny y él estarían juntos siempre. Así de contentó se durmió.

Se levantaron muy ajetreados y escuchando las protestas de la señora Weasley por no estar todo preparado la noche anterior. Ginny y Hermione bajaban las escaleras y las volvían a subir con trozos de tostada de mantequilla en la boca. Harry echaba de menos estar en esa situación, pues años atrás él también lo había vivido en aquella casa que consideraba su hogar. Se acordó de Sirius, cuando le contó que él había abandonado Grimmauld Place cuando cumplió dieciséis años y lo acogieron en la casa de la familia Potter. Allí, como Harry en La Madriguera, era siempre bienvenido.

Harry, Ron y los señores Weasley acompañaron al andén 9 y ¾ a Ginny y Hermione. También habían ido los señores Granger, que charlaban amistosamente con el señor Weasley sobre el funcionamiento de las tostadoras.

Harry ayudó a Ginny y a Luna, que también estaba por allí cuando llegaron a montar los baúles en el vagón del tren. Se despidieron dulcemente, y cuando empezó el tren a alejarse, Harry junto con Ron recorrieron el andén hasta que perdieron de vista a Ginny y Hermione, sintiéndose raros por no estar por segunda vez consecutivas sentados en los compartimentos. Harry no sabía si algún día podría regresar a Hogwarts.


¡Hola de nuevo!

Gracias por estar un día más pendiente de mi trabajo, es un honor recibir comentarios, sugerencias o ánimos a través de los comentarios en el foro. Mil gracias, se me agotan las palabras.

A partir de ahora, dejaré todos los links en el CAPÍTULO 0: INTRODUCCIÓN para que los que hayáis enganchado más tarde tengáis la oportunidad de leerlos todos. También recuerdo que a los comentarios que más me gusten los añadiré a las menciones de honor, y quien me lo pida, también entrará.

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DESPEDIDA.​


Habían hecho una gran fiesta en la cocina de La Madriguera. Hasta Charlie había venido de Rumanía para festejar que Harry y Ron tendrían acceso a la Oficina de Aurores. Hagrid sollozaba con su enorme pañuelo estampado del tamaño de un mantel y repetía ¡lo sabía Harry, lo sabía! McGonagall también estaba allí, y aunque le costaba contagiarse del ánimo, Harry juraría que le había visto sonreír un par de veces.

A Harry y a Ron les esperaban dos años de estudios por delante, pues tendrían que recuperar el año perdido de ÉXTASIS que no habían cursado, además de prepararse bien dentro del Ministerio para ser considerados miembros de todo derecho de la Oficina de Aurores. Hermione y Ginny, por su parte, ya habían comprado en el Callejón Diagon todas las cosas que iban a necesitar ese curso.

McGonagall se les acercó a Harry y a Ron cuando nadie podía verlos y les dio sendos libros titulados El camino de obstáculos hasta la meta del auror, y sin más, les dejó allí. Sospechaban que ese libro iba a tener gran utilidad durante los años que les quedaban, pero como era un día de felicitaciones, dejaron los libros en el dormitorio de Ron, y continuaron celebrando ese paso tan maravilloso.

Los días en La Madriguera seguían siendo tan magníficos como siempre. Aunque siempre había tareas que hacer allí, como dar de comer a las gallinas, Harry y Ron pasaban las tardes jugando al quidditch con Hermione y Ginny. Percy de vez en cuando iba a comer, y anunció un día que tenía pareja. George y Ginny se rieron un poco de él, pero cuando conocieron a Audrey, todos dejaron al lado las burlas y aceptaron a la chica gratamente.

Audrey era una chica realmente encantadora, le gustaba pasear por el jardín de los Weasley después de comer y leer apoyada en los viejos calderos. A veces, los gnomos de jardín iban a curiosear que hacía la chica, pero ella siempre conseguía espantarlos amenazándolos con chispas procedentes de su varita. A la señora Weasley no le costó aceptar a Audrey en la familia tanto como a Fleur, siempre le hacía repetir la comida -Harry siempre se compadecía de ella-, y estaba dispuesta a discutir maneras de limpiar a fondo el jardín.

Pero pronto llegó el día más triste para Harry desde que volviera a La Madriguera. Ginny se tenía que marchar a Hogwarts un año entero, y eso entristecía mucho al muchacho. Se había acostumbrado tanto a su presencia y a sus caricias que no era capaz de pensar en que se marcharía y no la vería hasta Navidad.

Harry, Hermione, Ginny y Ron salieron de La Madriguera por primera vez en mucho tiempo para aprovechar las últimas horas que les quedaban juntos. Bajaron la colina hacia el pueblo de Ottery Saint Catchpole donde se mezclaron con los muggles del pueblo. Allí, fueron a comer una hamburguesa y a estirar las piernas por las distintas tiendas que tenían desconcertados tanto a Ron como a Ginny. Después de las tiendas, entraron en un bonito restaurante con decoración medieval -Harry se acordó del Gran Comedor de Hogwarts- adornado con bonitos cuadros en las paredes de piedra. Harry y Hermione pidieron la comida para los cuatro, pues ni Ginny ni Ron habían estado antes en un restaurante muggle.

Después de cenar, se fueron a dar un paseo por el centro, disfrutando de las últimas horas de sol de un día que había sido cálido y agradable. Llegaron a unos pequeños jardines y ahí estuvieron sentados toda la tarde, viendo a los muggles pasear a sus perros y a algunos ancianos dando de comer a las palomas. Harry tuvo que explicarles a Ron y Ginny en qué consistía el fútbol, porque veían extraño esa manera de jugar. Hermione los miraba con una risita burlona cuando Harry le explicaba qué era el fuera de juego, o como se sacaba un córner.​
  • ¿Pero acaso sigues el fútbol, Hermione? -preguntó Ron con fingido enfado cuando volvió a preguntar por enésima vez que era un tiro libre.

  • No, pero me sé bien las normas -replicó ella con una sonrisa de oreja a oreja.​
Harry y Ron buscaron un pequeño callejón y se desaparecieron, materializándose de nuevo en frente de la valla del jardín de los Weasley. Ambas parejas se despidieron, pues cada una de ellas iba a despedirse de manera más íntima antes de que empezara el curso escolar y los dejaran allí unos meses. Hermione ya se había leído todos los libros del curso y estaba leyéndose el penúltimo capítulo del libro que le había regalado McGonagall a Ron .

Harry y Ginny se fueron al huerto, donde estarían protegidos de las miradas de los demás, y donde hallaban tranquilidad. Era su lugar predilecto para las escapadas nocturnas que realizaban. Harry se apoyó en un árbol y Ginny se recostó en él. Pasaron allí horas hablando de lo maravilloso que había sido ese verano, y en lo maravilloso que podría haber sido todo si hubieran estado juntos mucho antes.

En muchas ocasiones, Harry habría tenido que imaginarse que estaba con Ginny, o soñarlo. Pero desde que todo había acabado, ahora eran felices juntos, y ya comenzaban a hacer pequeños planes de su vida futura en común.​
  • Me gustaría tener una hija -dijo Harry cuando Ginny le bombardeó a preguntas personales-. Sí, creo que sería genial -añadió.​

  • A mí también- coincidió Ginny.- He tenido seis hermanos que soportar, no quisiera tener que soportar a dos Potter más como tú -respondió Ginny, y ambos rieron con ganas.​
Cuando el reloj abollado de Harry marcó las una, Harry y Ginny se levantaron, miraron por última vez el huerto de árboles donde habían pasado momentos dulces durante todo el verano, y se dirigieron sigilosamente hacia la casa. Se despidieron en el rellano de Ginny en el primer piso, con un beso que a Harry se le hizo maravillosamente eterno, el tiempo no pasaba cuando Ginny estaba con él.

Subió, todavía embelesado por el perfume floral de la pelirroja, y entró en el cuarto de Ron. Él ya había llegado y estaba dormido. Cerró los ojos e imaginó una vida en la que Ginny y él estarían juntos siempre. Así de contentó se durmió.

Se levantaron muy ajetreados y escuchando las protestas de la señora Weasley por no estar todo preparado la noche anterior. Ginny y Hermione bajaban las escaleras y las volvían a subir con trozos de tostada de mantequilla en la boca. Harry echaba de menos estar en esa situación, pues años atrás él también lo había vivido en aquella casa que consideraba su hogar. Se acordó de Sirius, cuando le contó que él había abandonado Grimmauld Place cuando cumplió dieciséis años y lo acogieron en la casa de la familia Potter. Allí, como Harry en La Madriguera, era siempre bienvenido.

Harry, Ron y los señores Weasley acompañaron al andén 9 y ¾ a Ginny y Hermione. También habían ido los señores Granger, que charlaban amistosamente con el señor Weasley sobre el funcionamiento de las tostadoras.

Harry ayudó a Ginny y a Luna, que también estaba por allí cuando llegaron a montar los baúles en el vagón del tren. Se despidieron dulcemente, y cuando empezó el tren a alejarse, Harry junto con Ron recorrieron el andén hasta que perdieron de vista a Ginny y Hermione, sintiéndose raros por no estar por segunda vez consecutivas sentados en los compartimentos. Harry no sabía si algún día podría regresar a Hogwarts.


¡Hola de nuevo!

Gracias por estar un día más pendiente de mi trabajo, es un honor recibir comentarios, sugerencias o ánimos a través de los comentarios en el foro. Mil gracias, se me agotan las palabras.

A partir de ahora, dejaré todos los links en el CAPÍTULO 0: INTRODUCCIÓN para que los que hayáis enganchado más tarde tengáis la oportunidad de leerlos todos. También recuerdo que a los comentarios que más me gusten los añadiré a las menciones de honor, y quien me lo pida, también entrará.

MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @Nymphadoraa @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black
AMO espero que en un futuro te puedas convertir en una leyenda de foro Potter como @Amelia Moody Black o @Kris Potter Granger (En mí opinión) ya que eres muy bueno escribiendo, incluso más de lo que yo seré nunca (y eso que pienso ser escritora). No puedo esperar el siguiente capítulo de esta obra de arte

PD: Gracias por ponerme en las menciones de honor.❤️
 

KikePotter7

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AMO espero que en un futuro te puedas convertir en una leyenda de foro Potter como @Amelia Moody Black o @Kris Potter Granger (En mí opinión) ya que eres muy bueno escribiendo, incluso más de lo que yo seré nunca (y eso que pienso ser escritora). No puedo esperar el siguiente capítulo de esta obra de arte
Mi objetivo es divertir, no me interesan los méritos, si llegan los aceptaré con humildad, sabiendo de dónde he venido :) Eso siempre es importante tenerlo muy presente. También es mi consejo como escritor (en foros, claro, aún no he publicado nada, pero sigo empeñado en que algún día lo haré).

No te infravalores, nadie es mejor que nadie por haber desmostrado talento antes, siempre se puede mejorar, y practicando se puede llegar mucho más lejos que quien tiene un don natural. Ánimo, paciencia, tiempo y ganas!! No puedo decirte más.

PD: Gracias por ponerme en las menciones de honor.❤️

El honor es mío por dedicarle un ratito (prometo que dentro de no mucho será un poco más de tiempo) a seguir esta historia!! ❤️
 
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Habían hecho una gran fiesta en la cocina de La Madriguera. Hasta Charlie había venido de Rumanía para festejar que Harry y Ron tendrían acceso a la Oficina de Aurores. Hagrid sollozaba con su enorme pañuelo estampado del tamaño de un mantel y repetía ¡lo sabía Harry, lo sabía! McGonagall también estaba allí, y aunque le costaba contagiarse del ánimo, Harry juraría que le había visto sonreír un par de veces.

A Harry y a Ron les esperaban dos años de estudios por delante, pues tendrían que recuperar el año perdido de ÉXTASIS que no habían cursado, además de prepararse bien dentro del Ministerio para ser considerados miembros de todo derecho de la Oficina de Aurores. Hermione y Ginny, por su parte, ya habían comprado en el Callejón Diagon todas las cosas que iban a necesitar ese curso.

McGonagall se les acercó a Harry y a Ron cuando nadie podía verlos y les dio sendos libros titulados El camino de obstáculos hasta la meta del auror, y sin más, les dejó allí. Sospechaban que ese libro iba a tener gran utilidad durante los años que les quedaban, pero como era un día de felicitaciones, dejaron los libros en el dormitorio de Ron, y continuaron celebrando ese paso tan maravilloso.

Los días en La Madriguera seguían siendo tan magníficos como siempre. Aunque siempre había tareas que hacer allí, como dar de comer a las gallinas, Harry y Ron pasaban las tardes jugando al quidditch con Hermione y Ginny. Percy de vez en cuando iba a comer, y anunció un día que tenía pareja. George y Ginny se rieron un poco de él, pero cuando conocieron a Audrey, todos dejaron al lado las burlas y aceptaron a la chica gratamente.

Audrey era una chica realmente encantadora, le gustaba pasear por el jardín de los Weasley después de comer y leer apoyada en los viejos calderos. A veces, los gnomos de jardín iban a curiosear que hacía la chica, pero ella siempre conseguía espantarlos amenazándolos con chispas procedentes de su varita. A la señora Weasley no le costó aceptar a Audrey en la familia tanto como a Fleur, siempre le hacía repetir la comida -Harry siempre se compadecía de ella-, y estaba dispuesta a discutir maneras de limpiar a fondo el jardín.

Pero pronto llegó el día más triste para Harry desde que volviera a La Madriguera. Ginny se tenía que marchar a Hogwarts un año entero, y eso entristecía mucho al muchacho. Se había acostumbrado tanto a su presencia y a sus caricias que no era capaz de pensar en que se marcharía y no la vería hasta Navidad.

Harry, Hermione, Ginny y Ron salieron de La Madriguera por primera vez en mucho tiempo para aprovechar las últimas horas que les quedaban juntos. Bajaron la colina hacia el pueblo de Ottery Saint Catchpole donde se mezclaron con los muggles del pueblo. Allí, fueron a comer una hamburguesa y a estirar las piernas por las distintas tiendas que tenían desconcertados tanto a Ron como a Ginny. Después de las tiendas, entraron en un bonito restaurante con decoración medieval -Harry se acordó del Gran Comedor de Hogwarts- adornado con bonitos cuadros en las paredes de piedra. Harry y Hermione pidieron la comida para los cuatro, pues ni Ginny ni Ron habían estado antes en un restaurante muggle.

Después de cenar, se fueron a dar un paseo por el centro, disfrutando de las últimas horas de sol de un día que había sido cálido y agradable. Llegaron a unos pequeños jardines y ahí estuvieron sentados toda la tarde, viendo a los muggles pasear a sus perros y a algunos ancianos dando de comer a las palomas. Harry tuvo que explicarles a Ron y Ginny en qué consistía el fútbol, porque veían extraño esa manera de jugar. Hermione los miraba con una risita burlona cuando Harry le explicaba qué era el fuera de juego, o como se sacaba un córner.​
  • ¿Pero acaso sigues el fútbol, Hermione? -preguntó Ron con fingido enfado cuando volvió a preguntar por enésima vez que era un tiro libre.

  • No, pero me sé bien las normas -replicó ella con una sonrisa de oreja a oreja.​
Harry y Ron buscaron un pequeño callejón y se desaparecieron, materializándose de nuevo en frente de la valla del jardín de los Weasley. Ambas parejas se despidieron, pues cada una de ellas iba a despedirse de manera más íntima antes de que empezara el curso escolar y los dejaran allí unos meses. Hermione ya se había leído todos los libros del curso y estaba leyéndose el penúltimo capítulo del libro que le había regalado McGonagall a Ron .

Harry y Ginny se fueron al huerto, donde estarían protegidos de las miradas de los demás, y donde hallaban tranquilidad. Era su lugar predilecto para las escapadas nocturnas que realizaban. Harry se apoyó en un árbol y Ginny se recostó en él. Pasaron allí horas hablando de lo maravilloso que había sido ese verano, y en lo maravilloso que podría haber sido todo si hubieran estado juntos mucho antes.

En muchas ocasiones, Harry habría tenido que imaginarse que estaba con Ginny, o soñarlo. Pero desde que todo había acabado, ahora eran felices juntos, y ya comenzaban a hacer pequeños planes de su vida futura en común.​
  • Me gustaría tener una hija -dijo Harry cuando Ginny le bombardeó a preguntas personales-. Sí, creo que sería genial -añadió.​

  • A mí también- coincidió Ginny.- He tenido seis hermanos que soportar, no quisiera tener que soportar a dos Potter más como tú -respondió Ginny, y ambos rieron con ganas.​
Cuando el reloj abollado de Harry marcó las una, Harry y Ginny se levantaron, miraron por última vez el huerto de árboles donde habían pasado momentos dulces durante todo el verano, y se dirigieron sigilosamente hacia la casa. Se despidieron en el rellano de Ginny en el primer piso, con un beso que a Harry se le hizo maravillosamente eterno, el tiempo no pasaba cuando Ginny estaba con él.

Subió, todavía embelesado por el perfume floral de la pelirroja, y entró en el cuarto de Ron. Él ya había llegado y estaba dormido. Cerró los ojos e imaginó una vida en la que Ginny y él estarían juntos siempre. Así de contentó se durmió.

Se levantaron muy ajetreados y escuchando las protestas de la señora Weasley por no estar todo preparado la noche anterior. Ginny y Hermione bajaban las escaleras y las volvían a subir con trozos de tostada de mantequilla en la boca. Harry echaba de menos estar en esa situación, pues años atrás él también lo había vivido en aquella casa que consideraba su hogar. Se acordó de Sirius, cuando le contó que él había abandonado Grimmauld Place cuando cumplió dieciséis años y lo acogieron en la casa de la familia Potter. Allí, como Harry en La Madriguera, era siempre bienvenido.

Harry, Ron y los señores Weasley acompañaron al andén 9 y ¾ a Ginny y Hermione. También habían ido los señores Granger, que charlaban amistosamente con el señor Weasley sobre el funcionamiento de las tostadoras.

Harry ayudó a Ginny y a Luna, que también estaba por allí cuando llegaron a montar los baúles en el vagón del tren. Se despidieron dulcemente, y cuando empezó el tren a alejarse, Harry junto con Ron recorrieron el andén hasta que perdieron de vista a Ginny y Hermione, sintiéndose raros por no estar por segunda vez consecutivas sentados en los compartimentos. Harry no sabía si algún día podría regresar a Hogwarts.


¡Hola de nuevo!

Gracias por estar un día más pendiente de mi trabajo, es un honor recibir comentarios, sugerencias o ánimos a través de los comentarios en el foro. Mil gracias, se me agotan las palabras.

A partir de ahora, dejaré todos los links en el CAPÍTULO 0: INTRODUCCIÓN para que los que hayáis enganchado más tarde tengáis la oportunidad de leerlos todos. También recuerdo que a los comentarios que más me gusten los añadiré a las menciones de honor, y quien me lo pida, también entrará.

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31 Mar 2021
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Trujillo, Perú

DESPEDIDA.​


Habían hecho una gran fiesta en la cocina de La Madriguera. Hasta Charlie había venido de Rumanía para festejar que Harry y Ron tendrían acceso a la Oficina de Aurores. Hagrid sollozaba con su enorme pañuelo estampado del tamaño de un mantel y repetía ¡lo sabía Harry, lo sabía! McGonagall también estaba allí, y aunque le costaba contagiarse del ánimo, Harry juraría que le había visto sonreír un par de veces.

A Harry y a Ron les esperaban dos años de estudios por delante, pues tendrían que recuperar el año perdido de ÉXTASIS que no habían cursado, además de prepararse bien dentro del Ministerio para ser considerados miembros de todo derecho de la Oficina de Aurores. Hermione y Ginny, por su parte, ya habían comprado en el Callejón Diagon todas las cosas que iban a necesitar ese curso.

McGonagall se les acercó a Harry y a Ron cuando nadie podía verlos y les dio sendos libros titulados El camino de obstáculos hasta la meta del auror, y sin más, les dejó allí. Sospechaban que ese libro iba a tener gran utilidad durante los años que les quedaban, pero como era un día de felicitaciones, dejaron los libros en el dormitorio de Ron, y continuaron celebrando ese paso tan maravilloso.

Los días en La Madriguera seguían siendo tan magníficos como siempre. Aunque siempre había tareas que hacer allí, como dar de comer a las gallinas, Harry y Ron pasaban las tardes jugando al quidditch con Hermione y Ginny. Percy de vez en cuando iba a comer, y anunció un día que tenía pareja. George y Ginny se rieron un poco de él, pero cuando conocieron a Audrey, todos dejaron al lado las burlas y aceptaron a la chica gratamente.

Audrey era una chica realmente encantadora, le gustaba pasear por el jardín de los Weasley después de comer y leer apoyada en los viejos calderos. A veces, los gnomos de jardín iban a curiosear que hacía la chica, pero ella siempre conseguía espantarlos amenazándolos con chispas procedentes de su varita. A la señora Weasley no le costó aceptar a Audrey en la familia tanto como a Fleur, siempre le hacía repetir la comida -Harry siempre se compadecía de ella-, y estaba dispuesta a discutir maneras de limpiar a fondo el jardín.​
A mi también me caes bien Audrey, Tienes mi bendición ocno

Pero pronto llegó el día más triste para Harry desde que volviera a La Madriguera. Ginny se tenía que marchar a Hogwarts un año entero, y eso entristecía mucho al muchacho. Se había acostumbrado tanto a su presencia y a sus caricias que no era capaz de pensar en que se marcharía y no la vería hasta Navidad.

Harry, Hermione, Ginny y Ron salieron de La Madriguera por primera vez en mucho tiempo para aprovechar las últimas horas que les quedaban juntos. Bajaron la colina hacia el pueblo de Ottery Saint Catchpole donde se mezclaron con los muggles del pueblo. Allí, fueron a comer una hamburguesa y a estirar las piernas por las distintas tiendas que tenían desconcertados tanto a Ron como a Ginny. Después de las tiendas, entraron en un bonito restaurante con decoración medieval -Harry se acordó del Gran Comedor de Hogwarts- adornado con bonitos cuadros en las paredes de piedra. Harry y Hermione pidieron la comida para los cuatro, pues ni Ginny ni Ron habían estado antes en un restaurante muggle.

Después de cenar, se fueron a dar un paseo por el centro, disfrutando de las últimas horas de sol de un día que había sido cálido y agradable. Llegaron a unos pequeños jardines y ahí estuvieron sentados toda la tarde, viendo a los muggles pasear a sus perros y a algunos ancianos dando de comer a las palomas. Harry tuvo que explicarles a Ron y Ginny en qué consistía el fútbol, porque veían extraño esa manera de jugar. Hermione los miraba con una risita burlona cuando Harry le explicaba qué era el fuera de juego, o como se sacaba un córner.​
  • ¿Pero acaso sigues el fútbol, Hermione? -preguntó Ron con fingido enfado cuando volvió a preguntar por enésima vez que era un tiro libre.

  • No, pero me sé bien las normas -replicó ella con una sonrisa de oreja a oreja.​
Harry y Ron buscaron un pequeño callejón y se desaparecieron, materializándose de nuevo en frente de la valla del jardín de los Weasley. Ambas parejas se despidieron, pues cada una de ellas iba a despedirse de manera más íntima antes de que empezara el curso escolar y los dejaran allí unos meses. Hermione ya se había leído todos los libros del curso y estaba leyéndose el penúltimo capítulo del libro que le había regalado McGonagall a Ron .

Harry y Ginny se fueron al huerto, donde estarían protegidos de las miradas de los demás, y donde hallaban tranquilidad. Era su lugar predilecto para las escapadas nocturnas que realizaban. Harry se apoyó en un árbol y Ginny se recostó en él. Pasaron allí horas hablando de lo maravilloso que había sido ese verano, y en lo maravilloso que podría haber sido todo si hubieran estado juntos mucho antes.

En muchas ocasiones, Harry habría tenido que imaginarse que estaba con Ginny, o soñarlo. Pero desde que todo había acabado, ahora eran felices juntos, y ya comenzaban a hacer pequeños planes de su vida futura en común.​
  • Me gustaría tener una hija -dijo Harry cuando Ginny le bombardeó a preguntas personales-. Sí, creo que sería genial -añadió.​

  • A mí también- coincidió Ginny.- He tenido seis hermanos que soportar, no quisiera tener que soportar a dos Potter más como tú -respondió Ginny, y ambos rieron con ganas.​
Como te explico...
Cuando el reloj abollado de Harry marcó las una, Harry y Ginny se levantaron, miraron por última vez el huerto de árboles donde habían pasado momentos dulces durante todo el verano, y se dirigieron sigilosamente hacia la casa. Se despidieron en el rellano de Ginny en el primer piso, con un beso que a Harry se le hizo maravillosamente eterno, el tiempo no pasaba cuando Ginny estaba con él.​
<3

Subió, todavía embelesado por el perfume floral de la pelirroja, y entró en el cuarto de Ron. Él ya había llegado y estaba dormido. Cerró los ojos e imaginó una vida en la que Ginny y él estarían juntos siempre. Así de contentó se durmió.

Se levantaron muy ajetreados y escuchando las protestas de la señora Weasley por no estar todo preparado la noche anterior. Ginny y Hermione bajaban las escaleras y las volvían a subir con trozos de tostada de mantequilla en la boca. Harry echaba de menos estar en esa situación, pues años atrás él también lo había vivido en aquella casa que consideraba su hogar. Se acordó de Sirius, cuando le contó que él había abandonado Grimmauld Place cuando cumplió dieciséis años y lo acogieron en la casa de la familia Potter. Allí, como Harry en La Madriguera, era siempre bienvenido.​
Eso duele </3

Harry, Ron y los señores Weasley acompañaron al andén 9 y ¾ a Ginny y Hermione. También habían ido los señores Granger, que charlaban amistosamente con el señor Weasley sobre el funcionamiento de las tostadoras.

Harry ayudó a Ginny y a Luna, que también estaba por allí cuando llegaron a montar los baúles en el vagón del tren. Se despidieron dulcemente, y cuando empezó el tren a alejarse, Harry junto con Ron recorrieron el andén hasta que perdieron de vista a Ginny y Hermione, sintiéndose raros por no estar por segunda vez consecutivas sentados en los compartimentos. Harry no sabía si algún día podría regresar a Hogwarts.​
Pues ya no regresaste Jarras ;_;!


¡Hola de nuevo!

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