Acción CAPÍTULO 19: EL NÚMERO 4 DE CHURCHILL ROAD | HARRY POTTER Y QUÉ PASÓ DESPUÉS

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EL NÚMERO 4 DE CHURCHILL ROAD​


Las semanas pasaron en la nueva residencia Potter. Harry y Ginny comenzaron a decorar la mansión a su gusto, dejando el desván bien ordenado gracias a la ayuda de los elfos domésticos de la casa. Harry había encontrado una estancia en la segunda planta que habría funcionado como una pequeña biblioteca y estableció allí su estudio. Sacó del desván un viejo escritorio que había pertenecido a su abuelo, y colocó en una pequeña vitrina que Hermione creó mediante magia una de las réplicas de la Copa de las Casas que le habían regalado tiempo atrás. La escoba que su padre le había legado ahora lucía colgada en la pared donde Harry había colocado su escritorio. La pequeña chimenea de la estancia también estaba decorada con una foto de Harry y el pequeño Teddy el día de su bautizo. Una mesa de té y unos cuantos sillones de color púrpura terminaban de dar el toque de elegancia que la estancia requería. Ron solía pasar algunos días para estudiar allí con Harry. Dodge se encargaba que Harry y Ron tuvieran siempre a su disposición galletas y pastas recién hechas y una buena jarra de zumo de calabaza.

El gran salón de la casa tenía una enorme alfombra de un color rojo elegante extendida delante de la chimenea, la más grande de toda la mansión. Todas las chimeneas estaban talladas, pero aquella era la única que tenía grabada el escudo de armas de la familia Potter. Dodge le había comentado a Harry que todos los Potter que heredaban la casa tenían derecho a modificar el escudo para personalizarlo de acuerdo al carácter del heredero. Harry sustituyó un tejón (que había puesto su tatarabuelo) por un rayo, que hacía recuerdo a la batalla librada contra Lord Voldemort. Una gran estantería de cristal brillaba con el reflejo de las llamas de la chimenea, donde se encontraban los trofeos que Harry y Ginny habían ganado a lo largo de sus años en Hogwarts. En una cajita de color rojo escarlata, Harry había depositado su insignia de capitán de quidditch, un año maravilloso a nivel deportivo, y había colocado una copia en el escritorio de su despacho.

Ginny ya volvió a los entrenamientos después de su permiso matrimonial, y Harry comenzaba a estar solo en la gran mansión. Ron acudía para hacerle compañía, a veces acompañado de Hermione, que se encerraba en la biblioteca de la casa, donde hacía un repaso profundo a los títulos que allí se encontraban.

La temporada de Ginny en las Arpías de Holyhead no estaba siendo desapercibida para la comunidad mágica. La Liga de Quidditch seguía avanzando con Ginny Potter, Mary Connor y Gwenog Jones como las cazadoras estrella del equipo. Maggie Johnson había batido el récord de atrapar la snitch dorada más rápido en un partido de liga profesional. Las Arpías seguían dominando con puño de hierro la Liga, venciendo con claridad sobre sus rivales. El Puddlemere United, su rival histórico, estaba posicionado segundo, pero con una desventaja de 250 puntos (los Chudley Cannons, como de costumbre, eran los últimos clasificados).

La temporada de quidditch se interrumpía siempre en Navidad por el mal temporal, así que Ginny no tenía que viajar durante un mes. Así pues, una tarde, sentado en la butaca en frente de la chimenea de su despacho, Harry dejó el libro que estaba leyendo y bajó al salón en busca de Ginny. Allí, dormida delante de la chimenea estaba ella. Su cabello brillaba con el resplandor de las llamas. Harry se sentó a sus pies, mirándola. Ginny estaba exhausta. Los viajes siempre la tenían ocupada, y tenía que emplear mucho físico en los entrenamientos.

Justo cuando Harry iba a levantarse del sofá para buscar una manta para ella, Ginny abrió los ojos. Harry le sonrió, y le cogió la mano, apretándosela con ternura. Ginny se desperezó y se echó sobre su marido, quien acariciaba su pelo, sedoso al tacto. Los dos en silencio escuchaban como el fuego chisporroteaba.

—Ginny, esta Navidad va a ser especial.

—¿Por qué lo dices, Harry? —pregunto Ginny, mirando directamente a los ojos de su marido.

—Hace unos días, me escribí con Andrómeda. Va a dejar a Teddy aquí toda la Navidad —dijo Harry, ilusionado.

—Jo, Harry, qué bien. Echaba ya de menos al pequeño Teddy. Con esto de los viajes, es más difícil que se quede en casa con nosotros.

—Por eso he pensado, querida, que este año vamos a hacer la celebración de Navidad aquí, en casa. Que se venga toda la familia aquí, hay sitio de sobra para todos, y todos cabemos.

—¡Qué fantástica idea! Me muero de ganas.

—¿Qué tal si vamos a recoger al pequeño Teddy? Le llevaremos a Andrómeda algunas de las pastas de té que hace Bloom, están riquísimas, y de paso, la invitaremos a cenar a casa el día de Nochebuena. Me gustaría que se quedase aquí, pero creo que esta Navidad iba a estar en casa de los Malfoy.

Harry cogió un poco de polvos flu del macetero de la repisa de la chimenea, y se introdujo en el interior.

—Te veo allí en un minuto, Ginny —dijo Harry—. ¡A la casa de Andrómeda Tonks!

Después de aparecer por la chimenea de la casa de los Tonks, una voz inconfundible soltó un grito de asombro y corrió hacia él.

—Hola, Teddy. Ya viene Ginny en camino —y le sonrió.

La señora Tonks apareció por la puerta del salón.

—Ah, hola, Harry, supuse que eras tú, llegas algo tarde —dijo amablemente la señora Tonks.

—Hola, Andrómeda. Sí, disculpa, pero algunas se han quedado dormidas enfrente de la chimenea— dijo Harry, en torno burlón cuando Ginny había aparecido por el hueco de la chimenea.

—Hola, Andrómeda, ¿cómo estás? —preguntó Ginny, y después miró a Harry de manera fulminante, y éste borró de su cara la expresión burlona.

Se sentaron a tomar el té en el salón de la casa, mientras el pequeño Teddy jugaba con una escoba de juguete que Harry le había regalado.

—Le gusta mucho la escoba, Harry, no para de usarla. Ahora está aprendiendo a hablar, así que estoy enseñándole a decir algunas palabras. Espero que una de sus primeras palabras sea quidditch o abuela.

—No te preocupes, Andrómeda, si en casa dice algo, te mandaremos una lechuza de inmediato. Seguro que Harry intentará que hable una vez hayamos instalado a Ted en su cuarto. ¿Seguro que no quieres venirte con nosotros? Sabes de sobra que en casa hay espacio de sobra para todos —ofreció Ginny amablemente.

—No, Ginny, gracias. Quedé con Cissy en ir allí, y mejor si no me acompaña Teddy, ya sabéis que no le tenían mucha simpatía a Remus. Teddy estará mejor estas Navidades con vosotros —comentó Andrómeda.

Bueno, al menos ven a comer con nosotros el día de Navidad. Molly tendrá preparado un delicioso pavo, como el año pasado —dijo Harry, sonriendo.

—Está bien, me pasaré a comer —prometió ella, devolviéndole la sonrisa.

Después de recoger todas las cosas de Teddy, Ginny sacudió la varita y estas desaparecieron para aparecer en la casa de los Potter. Andrómeda se despidió del bebé, y los acompañó hasta la chimenea.

Harry y Ginny aparecieron en la cocina de La Madriguera, con Teddy en brazos de su madrina.

—¡Ginny! ¡Harry! ¡Y el pequeño Teddy! ¡Qué sorpresa! —exclamó la señora Weasley cuando los vio aparecer en la cocina.

—Hola, mamá. Hemos venido a veros. ¿Cómo estáis? —dijo Ginny abrazando a su madre.

—Bueno, pues pensando en cómo vamos a organizar este año las navidades, cielo. Este año la familia ha crecido, y Bill y Fleur vendrán a dormir aquí con la pequeña Victorie. Charlie, Ron y Hermione también, desde luego. Percy y George tampoco viven aquí. Y vosotros, con Teddy. Menudo rompecabezas va a ser este año.

—Por eso estamos aquí, señora Weasley —dijo Harry con calma—. Sabemos que todos estos años nos las hemos ingeniado para pasar la Navidad juntos. Pero este año Ginny y yo queremos hacerlo de manera especial.

—¿Especial? Harry, querido, no te sigo —respondió la señora Weasley.

—Este año celebraremos la Navidad en casa, mama, en nuestra casa —dijo Ginny, sonriendo.

—¿Cómo? No hija, vosotros estáis recién casados, nuestra casa está preparada…

—Lo sabemos, pero a Harry y a mí nos haría mucha ilusión. Seguro que papá estaría de acuerdo. Por cierto, ¿dónde está papá?

—Estará en el cobertizo. Harry, cielo, puedes ir a buscarle y decirle que venga a cenar.


Una tarde, Harry estaba saboreando una copa de zumo de calabaza en el gran salón cuando Zeus entró por el ventanal para posarse en un perchero que Harry había instalado para él. Llevaba un sobre blanco con su nombre escrito en tinta negra. En seguida reconoció la letra, era de Dudley.​
Harry.
Mamá y papá ya vieron las fotos de la boda. No han comentado mucho, como ya supondrías, pero mamá al menos guardó la foto en un cajón. Menos mal que seguiste mi consejo y no estaba embrujada para moverse.
Pronto se acerca la navidad, y sé que la pasaras con la familia de tu esposa, pero me gustaría que pudiéramos vernos los cuatro para poder tomar una taza de té y conocernos mejor.
Espero que puedas venir el viernes de la semana que viene, te esperaré en la dirección que te mandé hace un tiempo. Espero tu respuesta con tu lechuza, a la que le encanta mucho picar las almendras que le ofrezco cuando la veo llegar.
Pd: Laura no sabe nada de que eres mago, así que os agradecería que no hicierais ninguna demostración de vuestros poderes.
Dudley.


Harry consultó el calendario de Ginny, y vio que estaba libre el próximo viernes. Así que Harry, mediante magia, acercó una mesa y redactó una nota de respuesta para Dudley. Cuando Ginny regresó a la casa —Hunt le sirvió una copa de vino—, Harry le comentó mirando a la chimenea que Dudley les esperaba el próximo viernes para conocer a Laura, su nueva pareja. Ginny respondió que le encantaría acompañarle, le dio un beso y le anunció que se retiraba a la cama.

La semana pasó rápido para Harry, que estaba impaciente por realizar la visita a Londres. Se había pasado por la ciudad de Brighton para comprarles un regalo a Dudley y Laura. Aprovechó también para comprar algo de ropa muggle, ya que después de la batalla de Hogwarts apenas había ido de tiendas. A Ginny le compró un bonito vestido de color verde para que lo llevase el viernes a casa de Dudley. Después de comer en las cocinas de la mansión —Harry y Ginny lo preferían así en vez del comedor, pues la estancia era más cálida y humilde—, Harry entregó a Ginny el vestido, y tras llenarlo de besos por la sorpresa, ambos se vistieron de muggles para ir al número 4 de Churchill Road.

Harry y Ginny, tal y como habían prometido a Dudley, no usarían la magia, así que bajaron a estación de tren más cercana, a unos tres kilómetros de la mansión, y tras hacer transbordo en la estación de Brighton, tomaron otro tren a Londres. El paisaje era bonito, y el traqueteo del tren hacía que Harry se relajase mucho. Un par de horas después, Harry y Ginny bajaron en la estación de Victoria. Cogieron un taxi en la salida de la estación, y bajaron en la calle de Churchill Road. Ante ellos, unas casitas de ladrillo rojizo se alzaban ante ellos. Harry se aproximó al interfono de la puerta, y llamó.

—¿Quién es? ―dijo una voz femenina que respondió a la llamada.

—Hola, soy Harry Potter, el primo de Dudley Dursley, venía a visitarlo. Vengo con mi esposa, Ginny.

—Ah, sí, por supuesto. Adelante, pasad.

Abrieron la verja que daba paso a una escalinata rojiza, y una chica rubia abrió la puerta. Tras un breve saludo, les dejó pasar al interior de la vivienda. El recibidor era acogedor, y el corredor que llevaba al salón estaba lleno de las fotos de Dudley con sus padres. Dudley, que leía un periódico —a Harry le recordó a su tío Vernon—, levantó sus ojillos y miró a Harry y Ginny.

—Ah, hola. Bienvenidos.

—Hola, Dudley —saludó Harry.

—Sentaos, por favor— pidió Dudley, señalando unos sillones que había alrededor de una mesa de té—. Laura —prosiguió Dudley—, voy a ver cómo va el té.

Harry y Ginny tomaron asiento, y Laura se sentó en frente de ellos dos.

—¿Así que tú eres Harry? Me complace mucho conocerte. Dudley me habló mucho de ti, dice que vivisteis juntos dieciséis años.

—Sí. Desde que tenía un año —dijo Harry, intentando controlarse mucho.

—No te preocupes, ya me ha contado que tuvisteis una relación tormentosa. Eso, hasta que según él…

—Hasta que me salvó la vida, Laura —sentenció Dudley con una sonrisa—. ¿Pastas, Ginny? Son caseras, las hace Laura —ofreció Dudley.

—Sí, muchas gracias —respondió ella con una sonrisa.

—Dudley, yo no… —balbuceó Harry.

—Sí, Harry. Tú me salvaste la vida —sentenció Dudley—. Si no llegas a estar allí, esos dos matones habrían acabado conmigo. Supongo que me lo merecía, pero desde ese día cambiaron muchas cosas en mi cabeza. Dejé de tratar mal a los demás.

Tomaron el té, y Laura comenzó a hablarles de ella. Era una chica de Londres que había comenzado los estudios de nutricionista en la universidad y estaba de prácticas en la consulta de un famoso médico nutricionista de familia. Dudley la había conocido un día que fue a Londres a comprar con sus padres. Cuando ellos decidieron ir a ver a la tía Marge, que se había mudado, él decidió ir a tomar un café. Allí, en la cafetería, conoció a Laura, comenzaron a hablar, y hasta la fecha. Fue un flechazo romántico.

Después de apurar la taza de té, Harry y Ginny anunciaron que ya se iban. Después de llevarse una caja con pastas caseras de Laura, salieron de la casa, y buscando algún callejón discreto, se desaparecieron.​

* * *​

La tarde antes de que la familia llegase a La Ponderosa, como así habían llamado a la casa Harry y Ginny, habían colocado un gran cartel tallado en madera con el nombre en latón estaba incrustado en la piedra del muro exterior al lado de la gran cancela que daba paso al sendero que atravesaba el jardín hasta la entrada de la mansión.

Gracias a la colaboración de los elfos domésticos, habilitaron las habitaciones del primer piso para Hermione y Ron, George y Charlie. Los señores Weasley dormirían en una de las grandes habitaciones del segundo piso, y agrandaron una antigua habitación para Bill y Fleur, donde colocaron una cuna para la pequeña Victorie. Percy y Audrey también se instalarían en la segunda planta.

El día 22 de diciembre, la familia comenzó a aparecer por la chimenea de la casa. Primero llegaron Bill y Fleur, con Victorie dormida. Después de que Fastret colocara los abrigos de la pareja, colocaron unos almohadones delante de la chimenea, donde en alguno de ellos dormitaba Teddy, y dejaron a los pequeños al calor de las llamas. Se sentaron en una gran mesa que habían colocado en el salón y Bloom les trajo a Harry y Bill una botella de cerveza de mantequilla. Mientras bebían comentado acerca de cómo la normalidad había vuelto a la administración del banco Gringotts, aparecieron Hermione y Ron por la chimenea. Hermione iba muy sonriente, y Ron con las orejas muy coloradas. Se sentaron a la mesa también después de saludar, y Ron no dudó en coger algunos de los dulces que Bloom había preparado para la recepción de la familia Weasley.

Los señores Weasley aparecieron con Charlie, que tenía más cicatrices que nunca en sus brazos. Como era habitual, después de haberse encontrado con su madre, Charlie llevaba el pelo muy corto, y Charlie se pasaba la mano por la cabeza de vez en cuando, poniendo muecas que evidenciaban que echaba de menos su melena pelirroja.

Después de que llegasen Percy y Audrey, solo quedaba por llegar George. Y cuando lo vieron aparecer, nadie se esperaba que llegase acompañado.

—Familia, ésta es Angelina Johnson —dijo sonriendo George.



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¡Hola a todos los mencionados!

Que sepáis que en el link de a continuación podréis leer todos los capítulos enteros (del 1-19) seguidos. y que cada vez que subo alguno aparecerá también completo ahí, para aquellos que quieran leer más seguido.
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Las semanas pasaron en la nueva residencia Potter. Harry y Ginny comenzaron a decorar la mansión a su gusto, dejando el desván bien ordenado gracias a la ayuda de los elfos domésticos de la casa. Harry había encontrado una estancia en la segunda planta que habría funcionado como una pequeña biblioteca y estableció allí su estudio. Sacó del desván un viejo escritorio que había pertenecido a su abuelo, y colocó en una pequeña vitrina que Hermione creó mediante magia una de las réplicas de la Copa de las Casas que le habían regalado tiempo atrás. La escoba que su padre le había legado ahora lucía colgada en la pared donde Harry había colocado su escritorio. La pequeña chimenea de la estancia también estaba decorada con una foto de Harry y el pequeño Teddy el día de su bautizo. Una mesa de té y unos cuantos sillones de color púrpura terminaban de dar el toque de elegancia que la estancia requería. Ron solía pasar algunos días para estudiar allí con Harry. Dodge se encargaba que Harry y Ron tuvieran siempre a su disposición galletas y pastas recién hechas y una buena jarra de zumo de calabaza.

El gran salón de la casa tenía una enorme alfombra de un color rojo elegante extendida delante de la chimenea, la más grande de toda la mansión. Todas las chimeneas estaban talladas, pero aquella era la única que tenía grabada el escudo de armas de la familia Potter. Dodge le había comentado a Harry que todos los Potter que heredaban la casa tenían derecho a modificar el escudo para personalizarlo de acuerdo al carácter del heredero. Harry sustituyó un tejón (que había puesto su tatarabuelo) por un rayo, que hacía recuerdo a la batalla librada contra Lord Voldemort. Una gran estantería de cristal brillaba con el reflejo de las llamas de la chimenea, donde se encontraban los trofeos que Harry y Ginny habían ganado a lo largo de sus años en Hogwarts. En una cajita de color rojo escarlata, Harry había depositado su insignia de capitán de quidditch, un año maravilloso a nivel deportivo, y había colocado una copia en el escritorio de su despacho.

Ginny ya volvió a los entrenamientos después de su permiso matrimonial, y Harry comenzaba a estar solo en la gran mansión. Ron acudía para hacerle compañía, a veces acompañado de Hermione, que se encerraba en la biblioteca de la casa, donde hacía un repaso profundo a los títulos que allí se encontraban.

La temporada de Ginny en las Arpías de Holyhead no estaba siendo desapercibida para la comunidad mágica. La Liga de Quidditch seguía avanzando con Ginny Potter, Mary Connor y Gwenog Jones como las cazadoras estrella del equipo. Maggie Johnson había batido el récord de atrapar la snitch dorada más rápido en un partido de liga profesional. Las Arpías seguían dominando con puño de hierro la Liga, venciendo con claridad sobre sus rivales. El Puddlemere United, su rival histórico, estaba posicionado segundo, pero con una desventaja de 250 puntos (los Chudley Cannons, como de costumbre, eran los últimos clasificados).

La temporada de quidditch se interrumpía siempre en Navidad por el mal temporal, así que Ginny no tenía que viajar durante un mes. Así pues, una tarde, sentado en la butaca en frente de la chimenea de su despacho, Harry dejó el libro que estaba leyendo y bajó al salón en busca de Ginny. Allí, dormida delante de la chimenea estaba ella. Su cabello brillaba con el resplandor de las llamas. Harry se sentó a sus pies, mirándola. Ginny estaba exhausta. Los viajes siempre la tenían ocupada, y tenía que emplear mucho físico en los entrenamientos.

Justo cuando Harry iba a levantarse del sofá para buscar una manta para ella, Ginny abrió los ojos. Harry le sonrió, y le cogió la mano, apretándosela con ternura. Ginny se desperezó y se echó sobre su marido, quien acariciaba su pelo, sedoso al tacto. Los dos en silencio escuchaban como el fuego chisporroteaba.

—Ginny, esta Navidad va a ser especial.

—¿Por qué lo dices, Harry? —pregunto Ginny, mirando directamente a los ojos de su marido.

—Hace unos días, me escribí con Andrómeda. Va a dejar a Teddy aquí toda la Navidad —dijo Harry, ilusionado.

—Jo, Harry, qué bien. Echaba ya de menos al pequeño Teddy. Con esto de los viajes, es más difícil que se quede en casa con nosotros.

—Por eso he pensado, querida, que este año vamos a hacer la celebración de Navidad aquí, en casa. Que se venga toda la familia aquí, hay sitio de sobra para todos, y todos cabemos.

—¡Qué fantástica idea! Me muero de ganas.

—¿Qué tal si vamos a recoger al pequeño Teddy? Le llevaremos a Andrómeda algunas de las pastas de té que hace Bloom, están riquísimas, y de paso, la invitaremos a cenar a casa el día de Nochebuena. Me gustaría que se quedase aquí, pero creo que esta Navidad iba a estar en casa de los Malfoy.

Harry cogió un poco de polvos flu del macetero de la repisa de la chimenea, y se introdujo en el interior.

—Te veo allí en un minuto, Ginny —dijo Harry—. ¡A la casa de Andrómeda Tonks!

Después de aparecer por la chimenea de la casa de los Tonks, una voz inconfundible soltó un grito de asombro y corrió hacia él.

—Hola, Teddy. Ya viene Ginny en camino —y le sonrió.

La señora Tonks apareció por la puerta del salón.

—Ah, hola, Harry, supuse que eras tú, llegas algo tarde —dijo amablemente la señora Tonks.

—Hola, Andrómeda. Sí, disculpa, pero algunas se han quedado dormidas enfrente de la chimenea— dijo Harry, en torno burlón cuando Ginny había aparecido por el hueco de la chimenea.

—Hola, Andrómeda, ¿cómo estás? —preguntó Ginny, y después miró a Harry de manera fulminante, y éste borró de su cara la expresión burlona.

Se sentaron a tomar el té en el salón de la casa, mientras el pequeño Teddy jugaba con una escoba de juguete que Harry le había regalado.

—Le gusta mucho la escoba, Harry, no para de usarla. Ahora está aprendiendo a hablar, así que estoy enseñándole a decir algunas palabras. Espero que una de sus primeras palabras sea quidditch o abuela.

—No te preocupes, Andrómeda, si en casa dice algo, te mandaremos una lechuza de inmediato. Seguro que Harry intentará que hable una vez hayamos instalado a Ted en su cuarto. ¿Seguro que no quieres venirte con nosotros? Sabes de sobra que en casa hay espacio de sobra para todos —ofreció Ginny amablemente.

—No, Ginny, gracias. Quedé con Cissy en ir allí, y mejor si no me acompaña Teddy, ya sabéis que no le tenían mucha simpatía a Remus. Teddy estará mejor estas Navidades con vosotros —comentó Andrómeda.

Bueno, al menos ven a comer con nosotros el día de Navidad. Molly tendrá preparado un delicioso pavo, como el año pasado —dijo Harry, sonriendo.

—Está bien, me pasaré a comer —prometió ella, devolviéndole la sonrisa.

Después de recoger todas las cosas de Teddy, Ginny sacudió la varita y estas desaparecieron para aparecer en la casa de los Potter. Andrómeda se despidió del bebé, y los acompañó hasta la chimenea.

Harry y Ginny aparecieron en la cocina de La Madriguera, con Teddy en brazos de su madrina.

—¡Ginny! ¡Harry! ¡Y el pequeño Teddy! ¡Qué sorpresa! —exclamó la señora Weasley cuando los vio aparecer en la cocina.

—Hola, mamá. Hemos venido a veros. ¿Cómo estáis? —dijo Ginny abrazando a su madre.

—Bueno, pues pensando en cómo vamos a organizar este año las navidades, cielo. Este año la familia ha crecido, y Bill y Fleur vendrán a dormir aquí con la pequeña Victorie. Charlie, Ron y Hermione también, desde luego. Percy y George tampoco viven aquí. Y vosotros, con Teddy. Menudo rompecabezas va a ser este año.

—Por eso estamos aquí, señora Weasley —dijo Harry con calma—. Sabemos que todos estos años nos las hemos ingeniado para pasar la Navidad juntos. Pero este año Ginny y yo queremos hacerlo de manera especial.

—¿Especial? Harry, querido, no te sigo —respondió la señora Weasley.

—Este año celebraremos la Navidad en casa, mama, en nuestra casa —dijo Ginny, sonriendo.

—¿Cómo? No hija, vosotros estáis recién casados, nuestra casa está preparada…

—Lo sabemos, pero a Harry y a mí nos haría mucha ilusión. Seguro que papá estaría de acuerdo. Por cierto, ¿dónde está papá?

—Estará en el cobertizo. Harry, cielo, puedes ir a buscarle y decirle que venga a cenar.


Una tarde, Harry estaba saboreando una copa de zumo de calabaza en el gran salón cuando Zeus entró por el ventanal para posarse en un perchero que Harry había instalado para él. Llevaba un sobre blanco con su nombre escrito en tinta negra. En seguida reconoció la letra, era de Dudley.​
Harry.
Mamá y papá ya vieron las fotos de la boda. No han comentado mucho, como ya supondrías, pero mamá al menos guardó la foto en un cajón. Menos mal que seguiste mi consejo y no estaba embrujada para moverse.
Pronto se acerca la navidad, y sé que la pasaras con la familia de tu esposa, pero me gustaría que pudiéramos vernos los cuatro para poder tomar una taza de té y conocernos mejor.
Espero que puedas venir el viernes de la semana que viene, te esperaré en la dirección que te mandé hace un tiempo. Espero tu respuesta con tu lechuza, a la que le encanta mucho picar las almendras que le ofrezco cuando la veo llegar.
Pd: Laura no sabe nada de que eres mago, así que os agradecería que no hicierais ninguna demostración de vuestros poderes.
Dudley.


Harry consultó el calendario de Ginny, y vio que estaba libre el próximo viernes. Así que Harry, mediante magia, acercó una mesa y redactó una nota de respuesta para Dudley. Cuando Ginny regresó a la casa —Hunt le sirvió una copa de vino—, Harry le comentó mirando a la chimenea que Dudley les esperaba el próximo viernes para conocer a Laura, su nueva pareja. Ginny respondió que le encantaría acompañarle, le dio un beso y le anunció que se retiraba a la cama.

La semana pasó rápido para Harry, que estaba impaciente por realizar la visita a Londres. Se había pasado por la ciudad de Brighton para comprarles un regalo a Dudley y Laura. Aprovechó también para comprar algo de ropa muggle, ya que después de la batalla de Hogwarts apenas había ido de tiendas. A Ginny le compró un bonito vestido de color verde para que lo llevase el viernes a casa de Dudley. Después de comer en las cocinas de la mansión —Harry y Ginny lo preferían así en vez del comedor, pues la estancia era más cálida y humilde—, Harry entregó a Ginny el vestido, y tras llenarlo de besos por la sorpresa, ambos se vistieron de muggles para ir al número 4 de Churchill Road.

Harry y Ginny, tal y como habían prometido a Dudley, no usarían la magia, así que bajaron a estación de tren más cercana, a unos tres kilómetros de la mansión, y tras hacer transbordo en la estación de Brighton, tomaron otro tren a Londres. El paisaje era bonito, y el traqueteo del tren hacía que Harry se relajase mucho. Un par de horas después, Harry y Ginny bajaron en la estación de Victoria. Cogieron un taxi en la salida de la estación, y bajaron en la calle de Churchill Road. Ante ellos, unas casitas de ladrillo rojizo se alzaban ante ellos. Harry se aproximó al interfono de la puerta, y llamó.

—¿Quién es? ―dijo una voz femenina que respondió a la llamada.

—Hola, soy Harry Potter, el primo de Dudley Dursley, venía a visitarlo. Vengo con mi esposa, Ginny.

—Ah, sí, por supuesto. Adelante, pasad.

Abrieron la verja que daba paso a una escalinata rojiza, y una chica rubia abrió la puerta. Tras un breve saludo, les dejó pasar al interior de la vivienda. El recibidor era acogedor, y el corredor que llevaba al salón estaba lleno de las fotos de Dudley con sus padres. Dudley, que leía un periódico —a Harry le recordó a su tío Vernon—, levantó sus ojillos y miró a Harry y Ginny.

—Ah, hola. Bienvenidos.

—Hola, Dudley —saludó Harry.

—Sentaos, por favor— pidió Dudley, señalando unos sillones que había alrededor de una mesa de té—. Laura —prosiguió Dudley—, voy a ver cómo va el té.

Harry y Ginny tomaron asiento, y Laura se sentó en frente de ellos dos.

—¿Así que tú eres Harry? Me complace mucho conocerte. Dudley me habló mucho de ti, dice que vivisteis juntos dieciséis años.

—Sí. Desde que tenía un año —dijo Harry, intentando controlarse mucho.

—No te preocupes, ya me ha contado que tuvisteis una relación tormentosa. Eso, hasta que según él…

—Hasta que me salvó la vida, Laura —sentenció Dudley con una sonrisa—. ¿Pastas, Ginny? Son caseras, las hace Laura —ofreció Dudley.

—Sí, muchas gracias —respondió ella con una sonrisa.

—Dudley, yo no… —balbuceó Harry.

—Sí, Harry. Tú me salvaste la vida —sentenció Dudley—. Si no llegas a estar allí, esos dos matones habrían acabado conmigo. Supongo que me lo merecía, pero desde ese día cambiaron muchas cosas en mi cabeza. Dejé de tratar mal a los demás.

Tomaron el té, y Laura comenzó a hablarles de ella. Era una chica de Londres que había comenzado los estudios de nutricionista en la universidad y estaba de prácticas en la consulta de un famoso médico nutricionista de familia. Dudley la había conocido un día que fue a Londres a comprar con sus padres. Cuando ellos decidieron ir a ver a la tía Marge, que se había mudado, él decidió ir a tomar un café. Allí, en la cafetería, conoció a Laura, comenzaron a hablar, y hasta la fecha. Fue un flechazo romántico.

Después de apurar la taza de té, Harry y Ginny anunciaron que ya se iban. Después de llevarse una caja con pastas caseras de Laura, salieron de la casa, y buscando algún callejón discreto, se desaparecieron.​

* * *​

La tarde antes de que la familia llegase a La Ponderosa, como así habían llamado a la casa Harry y Ginny, habían colocado un gran cartel tallado en madera con el nombre en latón estaba incrustado en la piedra del muro exterior al lado de la gran cancela que daba paso al sendero que atravesaba el jardín hasta la entrada de la mansión.

Gracias a la colaboración de los elfos domésticos, habilitaron las habitaciones del primer piso para Hermione y Ron, George y Charlie. Los señores Weasley dormirían en una de las grandes habitaciones del segundo piso, y agrandaron una antigua habitación para Bill y Fleur, donde colocaron una cuna para la pequeña Victorie. Percy y Audrey también se instalarían en la segunda planta.

El día 22 de diciembre, la familia comenzó a aparecer por la chimenea de la casa. Primero llegaron Bill y Fleur, con Victorie dormida. Después de que Fastret colocara los abrigos de la pareja, colocaron unos almohadones delante de la chimenea, donde en alguno de ellos dormitaba Teddy, y dejaron a los pequeños al calor de las llamas. Se sentaron en una gran mesa que habían colocado en el salón y Bloom les trajo a Harry y Bill una botella de cerveza de mantequilla. Mientras bebían comentado acerca de cómo la normalidad había vuelto a la administración del banco Gringotts, aparecieron Hermione y Ron por la chimenea. Hermione iba muy sonriente, y Ron con las orejas muy coloradas. Se sentaron a la mesa también después de saludar, y Ron no dudó en coger algunos de los dulces que Bloom había preparado para la recepción de la familia Weasley.

Los señores Weasley aparecieron con Charlie, que tenía más cicatrices que nunca en sus brazos. Como era habitual, después de haberse encontrado con su madre, Charlie llevaba el pelo muy corto, y Charlie se pasaba la mano por la cabeza de vez en cuando, poniendo muecas que evidenciaban que echaba de menos su melena pelirroja.

Después de que llegasen Percy y Audrey, solo quedaba por llegar George. Y cuando lo vieron aparecer, nadie se esperaba que llegase acompañado.

—Familia, ésta es Angelina Johnson —dijo sonriendo George.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @almudena @andremateo @ImAlbus @Elisa Dippet Brown @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice A. Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha @Nymphad0ra @dracmorde @Nicole Potter Evanns @holapotter @oscutlon @Susana Weasley @Monicman @Laucha @Xzmaster @generacionpotterhead @Christian black @Emily Avril Black Potter @AdoroPotter @Alvaro7

¡Hola a todos los mencionados!

Que sepáis que en el link de a continuación podréis leer todos los capítulos enteros (del 1-19) seguidos. y que cada vez que subo alguno aparecerá también completo ahí, para aquellos que quieran leer más seguido.
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EL NÚMERO 4 DE CHURCHILL ROAD​


Las semanas pasaron en la nueva residencia Potter. Harry y Ginny comenzaron a decorar la mansión a su gusto, dejando el desván bien ordenado gracias a la ayuda de los elfos domésticos de la casa. Harry había encontrado una estancia en la segunda planta que habría funcionado como una pequeña biblioteca y estableció allí su estudio. Sacó del desván un viejo escritorio que había pertenecido a su abuelo, y colocó en una pequeña vitrina que Hermione creó mediante magia una de las réplicas de la Copa de las Casas que le habían regalado tiempo atrás. La escoba que su padre le había legado ahora lucía colgada en la pared donde Harry había colocado su escritorio. La pequeña chimenea de la estancia también estaba decorada con una foto de Harry y el pequeño Teddy el día de su bautizo. Una mesa de té y unos cuantos sillones de color púrpura terminaban de dar el toque de elegancia que la estancia requería. Ron solía pasar algunos días para estudiar allí con Harry. Dodge se encargaba que Harry y Ron tuvieran siempre a su disposición galletas y pastas recién hechas y una buena jarra de zumo de calabaza.

El gran salón de la casa tenía una enorme alfombra de un color rojo elegante extendida delante de la chimenea, la más grande de toda la mansión. Todas las chimeneas estaban talladas, pero aquella era la única que tenía grabada el escudo de armas de la familia Potter. Dodge le había comentado a Harry que todos los Potter que heredaban la casa tenían derecho a modificar el escudo para personalizarlo de acuerdo al carácter del heredero. Harry sustituyó un tejón (que había puesto su tatarabuelo) por un rayo, que hacía recuerdo a la batalla librada contra Lord Voldemort. Una gran estantería de cristal brillaba con el reflejo de las llamas de la chimenea, donde se encontraban los trofeos que Harry y Ginny habían ganado a lo largo de sus años en Hogwarts. En una cajita de color rojo escarlata, Harry había depositado su insignia de capitán de quidditch, un año maravilloso a nivel deportivo, y había colocado una copia en el escritorio de su despacho.

Ginny ya volvió a los entrenamientos después de su permiso matrimonial, y Harry comenzaba a estar solo en la gran mansión. Ron acudía para hacerle compañía, a veces acompañado de Hermione, que se encerraba en la biblioteca de la casa, donde hacía un repaso profundo a los títulos que allí se encontraban.

La temporada de Ginny en las Arpías de Holyhead no estaba siendo desapercibida para la comunidad mágica. La Liga de Quidditch seguía avanzando con Ginny Potter, Mary Connor y Gwenog Jones como las cazadoras estrella del equipo. Maggie Johnson había batido el récord de atrapar la snitch dorada más rápido en un partido de liga profesional. Las Arpías seguían dominando con puño de hierro la Liga, venciendo con claridad sobre sus rivales. El Puddlemere United, su rival histórico, estaba posicionado segundo, pero con una desventaja de 250 puntos (los Chudley Cannons, como de costumbre, eran los últimos clasificados).

La temporada de quidditch se interrumpía siempre en Navidad por el mal temporal, así que Ginny no tenía que viajar durante un mes. Así pues, una tarde, sentado en la butaca en frente de la chimenea de su despacho, Harry dejó el libro que estaba leyendo y bajó al salón en busca de Ginny. Allí, dormida delante de la chimenea estaba ella. Su cabello brillaba con el resplandor de las llamas. Harry se sentó a sus pies, mirándola. Ginny estaba exhausta. Los viajes siempre la tenían ocupada, y tenía que emplear mucho físico en los entrenamientos.

Justo cuando Harry iba a levantarse del sofá para buscar una manta para ella, Ginny abrió los ojos. Harry le sonrió, y le cogió la mano, apretándosela con ternura. Ginny se desperezó y se echó sobre su marido, quien acariciaba su pelo, sedoso al tacto. Los dos en silencio escuchaban como el fuego chisporroteaba.

—Ginny, esta Navidad va a ser especial.

—¿Por qué lo dices, Harry? —pregunto Ginny, mirando directamente a los ojos de su marido.

—Hace unos días, me escribí con Andrómeda. Va a dejar a Teddy aquí toda la Navidad —dijo Harry, ilusionado.

—Jo, Harry, qué bien. Echaba ya de menos al pequeño Teddy. Con esto de los viajes, es más difícil que se quede en casa con nosotros.

—Por eso he pensado, querida, que este año vamos a hacer la celebración de Navidad aquí, en casa. Que se venga toda la familia aquí, hay sitio de sobra para todos, y todos cabemos.

—¡Qué fantástica idea! Me muero de ganas.

—¿Qué tal si vamos a recoger al pequeño Teddy? Le llevaremos a Andrómeda algunas de las pastas de té que hace Bloom, están riquísimas, y de paso, la invitaremos a cenar a casa el día de Nochebuena. Me gustaría que se quedase aquí, pero creo que esta Navidad iba a estar en casa de los Malfoy.

Harry cogió un poco de polvos flu del macetero de la repisa de la chimenea, y se introdujo en el interior.

—Te veo allí en un minuto, Ginny —dijo Harry—. ¡A la casa de Andrómeda Tonks!

Después de aparecer por la chimenea de la casa de los Tonks, una voz inconfundible soltó un grito de asombro y corrió hacia él.

—Hola, Teddy. Ya viene Ginny en camino —y le sonrió.

La señora Tonks apareció por la puerta del salón.

—Ah, hola, Harry, supuse que eras tú, llegas algo tarde —dijo amablemente la señora Tonks.

—Hola, Andrómeda. Sí, disculpa, pero algunas se han quedado dormidas enfrente de la chimenea— dijo Harry, en torno burlón cuando Ginny había aparecido por el hueco de la chimenea.

—Hola, Andrómeda, ¿cómo estás? —preguntó Ginny, y después miró a Harry de manera fulminante, y éste borró de su cara la expresión burlona.

Se sentaron a tomar el té en el salón de la casa, mientras el pequeño Teddy jugaba con una escoba de juguete que Harry le había regalado.

—Le gusta mucho la escoba, Harry, no para de usarla. Ahora está aprendiendo a hablar, así que estoy enseñándole a decir algunas palabras. Espero que una de sus primeras palabras sea quidditch o abuela.

—No te preocupes, Andrómeda, si en casa dice algo, te mandaremos una lechuza de inmediato. Seguro que Harry intentará que hable una vez hayamos instalado a Ted en su cuarto. ¿Seguro que no quieres venirte con nosotros? Sabes de sobra que en casa hay espacio de sobra para todos —ofreció Ginny amablemente.

—No, Ginny, gracias. Quedé con Cissy en ir allí, y mejor si no me acompaña Teddy, ya sabéis que no le tenían mucha simpatía a Remus. Teddy estará mejor estas Navidades con vosotros —comentó Andrómeda.

Bueno, al menos ven a comer con nosotros el día de Navidad. Molly tendrá preparado un delicioso pavo, como el año pasado —dijo Harry, sonriendo.

—Está bien, me pasaré a comer —prometió ella, devolviéndole la sonrisa.

Después de recoger todas las cosas de Teddy, Ginny sacudió la varita y estas desaparecieron para aparecer en la casa de los Potter. Andrómeda se despidió del bebé, y los acompañó hasta la chimenea.

Harry y Ginny aparecieron en la cocina de La Madriguera, con Teddy en brazos de su madrina.

—¡Ginny! ¡Harry! ¡Y el pequeño Teddy! ¡Qué sorpresa! —exclamó la señora Weasley cuando los vio aparecer en la cocina.

—Hola, mamá. Hemos venido a veros. ¿Cómo estáis? —dijo Ginny abrazando a su madre.

—Bueno, pues pensando en cómo vamos a organizar este año las navidades, cielo. Este año la familia ha crecido, y Bill y Fleur vendrán a dormir aquí con la pequeña Victorie. Charlie, Ron y Hermione también, desde luego. Percy y George tampoco viven aquí. Y vosotros, con Teddy. Menudo rompecabezas va a ser este año.

—Por eso estamos aquí, señora Weasley —dijo Harry con calma—. Sabemos que todos estos años nos las hemos ingeniado para pasar la Navidad juntos. Pero este año Ginny y yo queremos hacerlo de manera especial.

—¿Especial? Harry, querido, no te sigo —respondió la señora Weasley.

—Este año celebraremos la Navidad en casa, mama, en nuestra casa —dijo Ginny, sonriendo.

—¿Cómo? No hija, vosotros estáis recién casados, nuestra casa está preparada…

—Lo sabemos, pero a Harry y a mí nos haría mucha ilusión. Seguro que papá estaría de acuerdo. Por cierto, ¿dónde está papá?

—Estará en el cobertizo. Harry, cielo, puedes ir a buscarle y decirle que venga a cenar.


Una tarde, Harry estaba saboreando una copa de zumo de calabaza en el gran salón cuando Zeus entró por el ventanal para posarse en un perchero que Harry había instalado para él. Llevaba un sobre blanco con su nombre escrito en tinta negra. En seguida reconoció la letra, era de Dudley.​
Harry.
Mamá y papá ya vieron las fotos de la boda. No han comentado mucho, como ya supondrías, pero mamá al menos guardó la foto en un cajón. Menos mal que seguiste mi consejo y no estaba embrujada para moverse.
Pronto se acerca la navidad, y sé que la pasaras con la familia de tu esposa, pero me gustaría que pudiéramos vernos los cuatro para poder tomar una taza de té y conocernos mejor.
Espero que puedas venir el viernes de la semana que viene, te esperaré en la dirección que te mandé hace un tiempo. Espero tu respuesta con tu lechuza, a la que le encanta mucho picar las almendras que le ofrezco cuando la veo llegar.
Pd: Laura no sabe nada de que eres mago, así que os agradecería que no hicierais ninguna demostración de vuestros poderes.
Dudley.


Harry consultó el calendario de Ginny, y vio que estaba libre el próximo viernes. Así que Harry, mediante magia, acercó una mesa y redactó una nota de respuesta para Dudley. Cuando Ginny regresó a la casa —Hunt le sirvió una copa de vino—, Harry le comentó mirando a la chimenea que Dudley les esperaba el próximo viernes para conocer a Laura, su nueva pareja. Ginny respondió que le encantaría acompañarle, le dio un beso y le anunció que se retiraba a la cama.

La semana pasó rápido para Harry, que estaba impaciente por realizar la visita a Londres. Se había pasado por la ciudad de Brighton para comprarles un regalo a Dudley y Laura. Aprovechó también para comprar algo de ropa muggle, ya que después de la batalla de Hogwarts apenas había ido de tiendas. A Ginny le compró un bonito vestido de color verde para que lo llevase el viernes a casa de Dudley. Después de comer en las cocinas de la mansión —Harry y Ginny lo preferían así en vez del comedor, pues la estancia era más cálida y humilde—, Harry entregó a Ginny el vestido, y tras llenarlo de besos por la sorpresa, ambos se vistieron de muggles para ir al número 4 de Churchill Road.

Harry y Ginny, tal y como habían prometido a Dudley, no usarían la magia, así que bajaron a estación de tren más cercana, a unos tres kilómetros de la mansión, y tras hacer transbordo en la estación de Brighton, tomaron otro tren a Londres. El paisaje era bonito, y el traqueteo del tren hacía que Harry se relajase mucho. Un par de horas después, Harry y Ginny bajaron en la estación de Victoria. Cogieron un taxi en la salida de la estación, y bajaron en la calle de Churchill Road. Ante ellos, unas casitas de ladrillo rojizo se alzaban ante ellos. Harry se aproximó al interfono de la puerta, y llamó.

—¿Quién es? ―dijo una voz femenina que respondió a la llamada.

—Hola, soy Harry Potter, el primo de Dudley Dursley, venía a visitarlo. Vengo con mi esposa, Ginny.

—Ah, sí, por supuesto. Adelante, pasad.

Abrieron la verja que daba paso a una escalinata rojiza, y una chica rubia abrió la puerta. Tras un breve saludo, les dejó pasar al interior de la vivienda. El recibidor era acogedor, y el corredor que llevaba al salón estaba lleno de las fotos de Dudley con sus padres. Dudley, que leía un periódico —a Harry le recordó a su tío Vernon—, levantó sus ojillos y miró a Harry y Ginny.

—Ah, hola. Bienvenidos.

—Hola, Dudley —saludó Harry.

—Sentaos, por favor— pidió Dudley, señalando unos sillones que había alrededor de una mesa de té—. Laura —prosiguió Dudley—, voy a ver cómo va el té.

Harry y Ginny tomaron asiento, y Laura se sentó en frente de ellos dos.

—¿Así que tú eres Harry? Me complace mucho conocerte. Dudley me habló mucho de ti, dice que vivisteis juntos dieciséis años.

—Sí. Desde que tenía un año —dijo Harry, intentando controlarse mucho.

—No te preocupes, ya me ha contado que tuvisteis una relación tormentosa. Eso, hasta que según él…

—Hasta que me salvó la vida, Laura —sentenció Dudley con una sonrisa—. ¿Pastas, Ginny? Son caseras, las hace Laura —ofreció Dudley.

—Sí, muchas gracias —respondió ella con una sonrisa.

—Dudley, yo no… —balbuceó Harry.

—Sí, Harry. Tú me salvaste la vida —sentenció Dudley—. Si no llegas a estar allí, esos dos matones habrían acabado conmigo. Supongo que me lo merecía, pero desde ese día cambiaron muchas cosas en mi cabeza. Dejé de tratar mal a los demás.

Tomaron el té, y Laura comenzó a hablarles de ella. Era una chica de Londres que había comenzado los estudios de nutricionista en la universidad y estaba de prácticas en la consulta de un famoso médico nutricionista de familia. Dudley la había conocido un día que fue a Londres a comprar con sus padres. Cuando ellos decidieron ir a ver a la tía Marge, que se había mudado, él decidió ir a tomar un café. Allí, en la cafetería, conoció a Laura, comenzaron a hablar, y hasta la fecha. Fue un flechazo romántico.

Después de apurar la taza de té, Harry y Ginny anunciaron que ya se iban. Después de llevarse una caja con pastas caseras de Laura, salieron de la casa, y buscando algún callejón discreto, se desaparecieron.​

* * *​

La tarde antes de que la familia llegase a La Ponderosa, como así habían llamado a la casa Harry y Ginny, habían colocado un gran cartel tallado en madera con el nombre en latón estaba incrustado en la piedra del muro exterior al lado de la gran cancela que daba paso al sendero que atravesaba el jardín hasta la entrada de la mansión.

Gracias a la colaboración de los elfos domésticos, habilitaron las habitaciones del primer piso para Hermione y Ron, George y Charlie. Los señores Weasley dormirían en una de las grandes habitaciones del segundo piso, y agrandaron una antigua habitación para Bill y Fleur, donde colocaron una cuna para la pequeña Victorie. Percy y Audrey también se instalarían en la segunda planta.

El día 22 de diciembre, la familia comenzó a aparecer por la chimenea de la casa. Primero llegaron Bill y Fleur, con Victorie dormida. Después de que Fastret colocara los abrigos de la pareja, colocaron unos almohadones delante de la chimenea, donde en alguno de ellos dormitaba Teddy, y dejaron a los pequeños al calor de las llamas. Se sentaron en una gran mesa que habían colocado en el salón y Bloom les trajo a Harry y Bill una botella de cerveza de mantequilla. Mientras bebían comentado acerca de cómo la normalidad había vuelto a la administración del banco Gringotts, aparecieron Hermione y Ron por la chimenea. Hermione iba muy sonriente, y Ron con las orejas muy coloradas. Se sentaron a la mesa también después de saludar, y Ron no dudó en coger algunos de los dulces que Bloom había preparado para la recepción de la familia Weasley.

Los señores Weasley aparecieron con Charlie, que tenía más cicatrices que nunca en sus brazos. Como era habitual, después de haberse encontrado con su madre, Charlie llevaba el pelo muy corto, y Charlie se pasaba la mano por la cabeza de vez en cuando, poniendo muecas que evidenciaban que echaba de menos su melena pelirroja.

Después de que llegasen Percy y Audrey, solo quedaba por llegar George. Y cuando lo vieron aparecer, nadie se esperaba que llegase acompañado.

—Familia, ésta es Angelina Johnson —dijo sonriendo George.



MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @almudena @andremateo @ImAlbus @Elisa Dippet Brown @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice A. Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha @Nymphad0ra @dracmorde @Nicole Potter Evanns @holapotter @oscutlon @Susana Weasley @Monicman @Laucha @Xzmaster @generacionpotterhead @Christian black @Emily Avril Black Potter @AdoroPotter @Alvaro7

¡Hola a todos los mencionados!

Que sepáis que en el link de a continuación podréis leer todos los capítulos enteros (del 1-19) seguidos. y que cada vez que subo alguno aparecerá también completo ahí, para aquellos que quieran leer más seguido.
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LA NOVIA DE GEORGE OH DIOOSSSSSSS, AME TE DIJE QUE ESTO ES FANTASTICO? Perdon soy muy rara cuando algo me gusta me salte el capitulo 18 lo ire a leer, adios
 
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