Acción CAPÍTULO 17: LA BODA DE HARRY Y GINNY | HARRY POTTER Y QUÉ PASÓ DESPUÉS

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LA BODA DE HARRY Y GINNY.​


Harry se despertó temprano esa mañana. Kreacher le preparo el desayuno y fue a levantar a Ron. Mientras devoraba en silencio las tostadas que Kreacher le había puesto en el plato, su cabeza era un hervidero de nervios.

El elfo doméstico le hizo una reverencia a Harry y le entregó un sobre.

—Amo Harry, llegó Zeus ayer por la noche. Sospecho que es una carta de su primo, el señor Dursley.

—Gracias, Kreacher —dijo Harry, y procedió a abrir la carta.​
Harry.
¡Enhorabuena por tu enlace!
Mis padres no quieren asistir a la boda, ya lo sabes, por tanta magia que habrá alrededor. Papá enfermó un poco e iré a cuidarlo a casa, mamá ya está mayor para ocuparse del todo de él.
Me habría encantado ir, pero en vista de la situación, me resultará imposible. Espero al menos que me mandes una foto con tu mujer, Ginny, a poder ser congelada, para que mamá y papá puedan verla sin refunfuñar como de costumbre cuando ven la magia cerca.
No se me ocurría que regalarte, así que decidí mandarte mi nueva dirección para que podamos vernos un día, y tomar un té juntos, para así ponernos al día.
Quería decirte también que yo he conocido a una chica. No sabía que de mí podrían salir tantas cosas buenas, Harry, pero me alegra poder comprobarlo. Espero como tú, poder algún día dar un paso adelante, pero me queda mucho tiempo aún para eso.
Espero que seáis felices y que podamos vernos pronto para esa taza de té. Aprovecho para lamentar de nuevo no poder estar ahí este día tan especial.
Pd: mi nueva dirección es Churchill Road, 4, en Londres.

Dudley.


Harry tuvo que releer la carta un par de veces más. ¿Dudley con novia? Eran tan extraño, y a la vez Harry se alegraba tanto de que su primo al fin estuviera cambiando y no siguiese los pasos de su tío Vernon.

Con ánimos renovados, tardó más de media hora en ducharse, y cuando por fin se vistió, comprendió que de verdad iba a casarse con la mujer a la que amaba. Mientras Ron se preparaba, alguien llamaba a la puerta de la casa.

Kreacher abrió, y en el umbral estaba Neville, ya vestido y con un clavel en la solapa de su túnica de gala. Llevaba una botella en la mano.

Cuando Ron ya estaba preparado, se permitieron el lujo de beber un trago de cerveza de mantequilla, brindando los tres. Harry, nervioso, iba dando vueltas de un lado al otro del salón. Debían esperar a que llegase la señora Weasley, y entonces los cuatro debían aparecerse en la cala. Charlie y Bill se pasaron por Grimmauld Place dos horas antes de la partida de Harry para colocarle un clavel fresco en la solapa y asegurarse que todo estaba bien.

Por fin Molly Weasley apareció en el umbral de la puerta, y tras dar un repaso profundo a Harry, Neville y Ron, se desaparecieron. El vestido aguamarina de la señora Weasley hacía juego con los ojos de ella, que relucían brillantes. Harry había escogido una corbata de idéntico color, con una túnica negra elegante y sencilla. La gente que estaba ya allí se acercó a saludar a Harry, pero no por mucho tiempo.

La señora Weasley comenzó a mandar a todo el mundo dentro de la carpa nupcial frunciendo el ceño a quienes se entretenían mucho tiempo en entrar, alegando que era ya muy tarde y que la novia debía estar al llegar. George y Percy tenían que ir colocando a la gente que había sido invitada.

Harry se alejó un poco de ellos, pues Percy hacía ademanes muy pomposos cuando veía a alguien importante, y George hablaba con la vieja tía Muriel.

—¡Profesora McGonagall! No esperaba verla por aquí. ¡Ajá! Sí, aquí está en la lista. No sabía que Harry la había invitado —dijo Percy.

—Así es, Weasley. He venido en representación de Hogwarts, claro.

—Profesora, aquí siempre será bienvenida —replicó Percy.

—Gracias, Weasley. Ahora, por favor, indícame el asiento que me corresponde.

—Por supuesto. Harry la ha sentado cerca, creo que la tiene en muy alta estima. Se oyeron rumores de que enfrentó a varios mortífagos para defenderla en la Torre de Ravenclaw.

—Sí, es cierto que el señor Potter me echó un cable, pero no para defenderme porque me atacaban, sino más bien porque me escupieron y faltaron al respeto. Al menos, los rumores que se cuentan sobre el chico son para alabar su valentía y lealtad, y no como cuando estaba en el colegio —replicó la profesora, con un deje de altivez en sus palabras.

—Hemos llegado, señora. Puede sentarse cuando quiera. Si me disculpa, tengo que atender a más invitados. Que se divierta.

Además de la profesora McGonagall, Pomona Sprout, Filius Flitwick, Rolanda Hooch, Poppy Pomfrey, Horace Slughorn y Hagrid habían sido invitados al evento en representación de Hogwarts, además de Madame Maxime. Junto a ellos, los miembros de la casa de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw de las promociones de Harry y Ginny, los miembros de E.D, Viktor Krum y las Arpías de Holyhead fueron otros de los miembros sonados de la ceremonia. Teddy y Andrómeda por supuesto habían sido invitados, y tendrían un sitio de honor junto a los señores Weasley.

Cuando todos estaban ya sentados, una melodía solemne comenzó a sonar y Harry, acompañado de la señora Weasley comenzó a avanzar hacia el altar. Sonriendo a todo el mundo, Harry llegó a la altura de una mesa elevada con un mantel blanco y dorado donde esperaban Ron y Neville, ambos con una sonrisa de oreja a oreja. Harry no pudo evitar recordar la foto de la boda de sus padres en la que aparecía Sirius de padrino.

Entonces, una magia intensa cubrió el corazón de Harry cuando la melodía cambió para dar paso a la novia. Hermione y Luna, ambas vestidas de dorado, alcanzaron el altar, y con sus varitas, hicieron caer una lluvia de pétalos de clavel por donde Ginny y el señor Weasley aparecieron. A Harry no le quedó más remedio que soltar unas lágrimas de emoción cuando vio a Ginny vestida de blanco. El vestido era precioso y elegante, con una cola larga y con los hombros al descubierto. Ginny llevaba un recogido muy complicado y elegante, los ojos azules de la muchacha también estaban cubiertos de unas lágrimas delgadas. Avanzaban despacio mientras la pelirroja iba saludando con su mano a los que estaban sentados a los lados del pasillo. Como era habitual, Hagrid estaba sollozando ampliamente y sonándose en su pañuelo estampado del tamaño de un mantel.

El señor Wesley dejo a Ginny delante de Harry, y le estrechó la mano.

—Sed felices, hijos —dijo con una sonrisa muy amplia.

—Gracias —pudo decir Harry, sin apartar su mirada de Ginny.

Harry y Ginny se miraron, radiantes de felicidad, dedicándose una mirada tierna.

—Queridos amigos —pronunció la voz del ministro de Magia— es para mí un gran placer oficiar la boda del héroe Harry Potter con la agradable y valerosa Ginevra Weasley. Dos almas nobles, puras y osadas, que han construido su amor después de la gran contienda que tuvo al mundo mágico en vilo. Demos gracias a los cielos que el amor sigue vivo en el mundo, y que sean estos jóvenes quienes sigan amando.

Kingsley siguió con un bonito discurso sobre el amor triunfando por encima del mal, recordando también a aquellos que no estaban pero que serían felices de poder asistir a un evento de tal calibre, y llegó el momento que Harry llevaba tiempo esperando.

—Hagrid, trae los anillos.

Harry escuchó un estruendo al final del pasillo de la carpa. Hagrid se había levantado y llevaba un cojín de terciopelo rojo con detalles dorados, y encima se podían encontrar dos grandes anillos de oro que relucían ante los ojos de los invitados. Hagrid avanzaba torpemente a través del pasillo que había entre las sillas, enjugándose las lágrimas en su enorme pañuelo de lunares, mientras una suave melodía solemne se escuchaba de fondo.

Harry no pudo contener una sonrisa al ver las trenzas que se había hecho en el pelo, aunque el aspecto del semigigante era limpio y ordenado, algo que Harry nunca había logrado alcanzar a ver, ni siquiera cuando tuvo aquella cita con Madame Maxime durante el Baile de Navidad. Una vez Hagrid llegó al altar, sonrió a la feliz pareja y se situó a la derecha de Kingsley.

—Y aquí, delante de testigos, amigos y familiares, te pregunto a ti, Harry James Potter, si deseas contraer matrimonio con Ginevra Molly Weasley, para protegerla y amarla siempre frente cualquier adversidad hasta el fin de tus días.

—Sí, quiero —contestó Harry, emocionado.

Entonces Hagrid alargó con suavidad el cojín hacia Harry con suma delicadeza para no dejar caer los anillos, y Harry escogió el que había a la derecha, un anillo de oro un poco más pequeño que el de la izquierda, pero muy elegante, y tomó la mano de Ginny. Con cariño, le colocó la sortija en el dedo anular de la pelirroja, que no paraba de sonreír, con los ojos llenos de lágrimas de emoción.

—Bien. Y a ti, Ginevra Molly Weasley, te pregunto si quieres a Harry James Potter como futuro marido, para cuidarlo y amarlo hasta la muerte.

—Sí, quiero —contestó Ginny con lágrimas en los ojos.

Y esta vez Hagrid le tendió el cojín a Ginny para que tomase el anillo de oro y se lo colocase a Harry en el dedo. Harry sintió el fino tacto de las manos de Ginny, y un sentimiento de felicidad inconmensurable le recorrió por todo el cuerpo. Harry no se había sentido tan feliz en mucho tiempo.

—Pues con el poder que me da la comunidad mágica de Gran Bretaña y en calidad de ministro de magia, yo declaro a esta pareja como marido y mujer. Podéis besaros.

Harry tomó a Ginny de las manos y la acercó a él para darle el beso de amor más romántico que jamás se habían dado. Los vítores y los aplausos quedaban muy lejanos mientras ellos se fundían en una de las pruebas de amor más verdaderas que habían experimentado. Cuando se separaron, se sonrieron el uno al otro y mirando hacia los demás, descendieron las escaleras para abandonar juntos la carpa hacia el exterior.

Afuera, la gente se acercaba a los novios para darles la enhorabuena. La temperatura era magnifica, las olas del mar amenizaban las conversaciones de los invitados, y Hermione con una sacudida de varita hizo aparecer mesas donde aparecieron copas de cristal, mientras que las botellas de champán daban vueltas alrededor de la gente para serviles.

Después de un rato de conversación en el exterior, la carpa nupcial cambió para dar paso a un amplio comedor y una gran pista de baile. La gente empezó a refugiarse en el interior cuando el calor comenzó a apretar, y encontraron bandejas llenas de pequeños entrantes, como también había una banda de música que tocaba para deleitar el evento.

Kreacher se subió a una silla y anunció a los presentes que por favor se sentasen para recibir al almuerzo. La gente fue tomando sus lugares por las distintas mesas redondas que había distribuidas por la carpa, y en la gran mesa nupcial se sentaron Harry, Ginny, los señores Weasley y la señora Tonks. Teddy estaba sentado en el regazo de Ginny, sonriéndole muy abiertamente. Ginny le hacía muecas graciosas y el bebé se reía con ella. Harry miraba la escena, embelesado.

El banquete fue colosal, y la gente quedó satisfecha. Harry y Ginny dieron una vuelta por las mesas repartiendo algunos regalos a los invitados. Harry les regaló a los hombres unos puros de hierbas mágicas cubanas, mientras que Ginny les regaló a las mujeres una figurita tallada de ella vestida de blanco, figuritas que Hagrid se había encargado de tallar en su cabaña y a la que les había puesto todo su cariño y dedicación para que salieran perfectas.

Después de la comida, Kreacher llevó a Harry y a Ginny la copia de la espada de Gryffindor, obsequiada por McGonagall para la ceremonia, para cortar la tarta nupcial, que estaba coronada por otra figurita de Hagrid donde Ginny y Harry estaban cogidos de las manos, sonriéndose. Dennis Creevey, quien había heredado la cámara de su hermano, sacó muchas fotos de la boda. Las dos instantáneas que más le gustaron a Harry fueron la que salieron ella y Ginny acompañados de Teddy, y otra en la que salieron toda la familia Weasley, Hermione, Teddy y Andrómeda Tonks.

Después, Kingsley dio paso al baile, donde Harry y Ginny lo abrían con un bonito vals que la banda empezó a tocar. Harry miraba a Ginny a través de sus gafas y la emoción que recorría su cuerpo era enorme, y detectó una tierna mirada de Ginny, devolviéndole todo el cariño.

Al rato, se unieron Hermione y Ron, Neville y Hannah Abbott, Hagrid y Madame Maxime, Luna con el joven Rolf Scamander, los señores Weasley, y más parejas del resto de invitados. Al rato, Harry también bailó con Hermione, la señora Weasley y la señora Tonks.

Harry, exhausto, se sentó en una silla con el pequeño Teddy en brazos. A su lado, se sentó la profesora McGonagall, que había bailado un rato con Horace Slughorn.

—Bueno, Potter. ¿Cómo van los estudios para ser auror?

—Muy bien profesora. Ahora la cosa se complica, pero su libro me está sirviendo de gran utilidad. En unos meses tendremos que afrontar la prueba escrita, y la magia tan avanzada que estamos aprendiendo es cada día más difícil de aprender sin un buen maestro.

—Ya sabes Potter, que todo esfuerzo conlleva una gran recompensa. Después de lo que pasó en mi despacho con esa horrible Umbridge queriendo frenar tu carrera, me decidí en que te ayudaría a conseguir ser un auror. Potter, tienes que concentrarte al máximo. El profesor Dumbledore siempre pensó que serías un gran auror.

—Gracias, profesora.

—Déjame también que te diga, que, si no fuera por la gran fortuna que tu padre ostentaba, él, como tu madre, habrían escogido el mismo camino. Ellos estarían orgullosos de ti, como lo estoy yo, Potter. Siempre me enorgullecerá contar que yo di clases al gran Harry Potter en Hogwarts, y que perteneció a mi casa.

Cuando la profesora se fue, Harry pudo notar que tenía una sonrisa poco disimulada. Minerva McGonagall no era la típica mujer que hacía cumplidos y era tierna, era una mujer de carácter, seria y estricta, pero leal y bondadosa. Harry también estaba orgulloso de que ella hubiera sido su profesora.

La fiesta se alargó durante gran parte de la noche, gracias a la actuación de la banda mágica Las Brujas de Macbeth, un regalo de las Arpías de Holyhead para Ginny, que era una gran fan.

También hubo más gente que se acercó a Harry después de que la directora de Hogwarts dejase su asiento. Andrómeda Tonks se sentó con Teddy, y Harry pidió a Kreacher que le trajese un trozo de tarta para dársela al chiquillo. Hablaron un rato largo acerca de Lupin y Tonks, y al rato Ginny, también cansada de bailar con sus hermanos, se sentó al lado de Harry y revolvió el pelo de Teddy, que era dorado para la ocasión.

El profesor Flitwick se acercó y le pidió a Andrómeda que bailase con ella, y tras aceptar, Harry y Ginny se quedaron solos por primera vez en toda la ceremonia. Ginny suspiró, y Harry la miró.

—¿Qué te ocurre? —preguntó Harry.

—Nada malo —sonrió ella—. Estoy muy feliz, jamás pensé que llegaría este día.

—Yo tampoco. Parecía que el universo tenía planes para que yo no pudiera ser feliz —respondió Harry.

—Pero estamos aquí, por fin. Y míranos, no podíamos haber empezado mejor, Harry. Tenemos una familia que nos quieren, amigos que te han acompañado hasta la muerte para detener a Voldemort, y tenemos un proyecto de vida en común que empieza hoy.

—Además, tenemos al pequeñín de Teddy Lupin, nuestro ahijado. Nada puede salir mal, Ginny. Nos toca ser felices —concedió Harry.

—Exactamente. Ahora si me disculpas, voy a buscar a las chicas. Creo que es hora de irnos despidiendo, estoy cansada —respondió Ginny, dando un pequeño bostezo.

Harry y Ginny se retiraron a La Madriguera, donde estarían solos aquella noche. Cuando llegaron a la residencia Weasley y fueron a la habitación de Ginny, Harry tenía preparada una sorpresa. Allí les esperaba una botella fría de champán y una cama llena de pétalos de rosas. Los esposos se dejaron llevar por la pasión y por los deseos en una noche mágica.

Una vez recostados y apurando las últimas gotas de champán de la botella, se oyeron voces en el exterior. Harry cogió la varita y se asomó a la ventana. Pero no era una amenaza, eran Ron, sus hermanos, Neville, Seamus y Dean Thomas borrachos que se habían aparecido allí para cantarles borrachos a la pareja recién casada. Ginny y él se rieron mucho con la escena. Cuando ya lograron desprenderse de la visita, cansados, apagaron las luces y se durmieron.


MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @almudena @andremateo @ImAlbus @Elisa Dippet Brown @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice A. Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha @Nymphad0ra @dracmorde @Nicole Potter Evanns @holapotter @oscutlon @Susana Weasley @Monicman @Laucha @Xzmaster @generacionpotterhead @Christian black @Emily Avril Black Potter @AdoroPotter

¡Hola a todos los mencionados!

Que sepáis que en el link de a continuación podréis leer todos los capítulos enteros (del 1-17) seguidos. y que cada vez que subo alguno aparecerá también completo ahí, para aquellos que quieran leer más seguido.
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LA BODA DE HARRY Y GINNY.​


Harry se despertó temprano esa mañana. Kreacher le preparo el desayuno y fue a levantar a Ron. Mientras devoraba en silencio las tostadas que Kreacher le había puesto en el plato, su cabeza era un hervidero de nervios.

El elfo doméstico le hizo una reverencia a Harry y le entregó un sobre.

—Amo Harry, llegó Zeus ayer por la noche. Sospecho que es una carta de su primo, el señor Dursley.

—Gracias, Kreacher —dijo Harry, y procedió a abrir la carta.​
Harry.
¡Enhorabuena por tu enlace!
Mis padres no quieren asistir a la boda, ya lo sabes, por tanta magia que habrá alrededor. Papá enfermó un poco e iré a cuidarlo a casa, mamá ya está mayor para ocuparse del todo de él.
Me habría encantado ir, pero en vista de la situación, me resultará imposible. Espero al menos que me mandes una foto con tu mujer, Ginny, a poder ser congelada, para que mamá y papá puedan verla sin refunfuñar como de costumbre cuando ven la magia cerca.
No se me ocurría que regalarte, así que decidí mandarte mi nueva dirección para que podamos vernos un día, y tomar un té juntos, para así ponernos al día.
Quería decirte también que yo he conocido a una chica. No sabía que de mí podrían salir tantas cosas buenas, Harry, pero me alegra poder comprobarlo. Espero como tú, poder algún día dar un paso adelante, pero me queda mucho tiempo aún para eso.
Espero que seáis felices y que podamos vernos pronto para esa taza de té. Aprovecho para lamentar de nuevo no poder estar ahí este día tan especial.
Pd: mi nueva dirección es Churchill Road, 4, en Londres.

Dudley.


Harry tuvo que releer la carta un par de veces más. ¿Dudley con novia? Eran tan extraño, y a la vez Harry se alegraba tanto de que su primo al fin estuviera cambiando y no siguiese los pasos de su tío Vernon.

Con ánimos renovados, tardó más de media hora en ducharse, y cuando por fin se vistió, comprendió que de verdad iba a casarse con la mujer a la que amaba. Mientras Ron se preparaba, alguien llamaba a la puerta de la casa.

Kreacher abrió, y en el umbral estaba Neville, ya vestido y con un clavel en la solapa de su túnica de gala. Llevaba una botella en la mano.

Cuando Ron ya estaba preparado, se permitieron el lujo de beber un trago de cerveza de mantequilla, brindando los tres. Harry, nervioso, iba dando vueltas de un lado al otro del salón. Debían esperar a que llegase la señora Weasley, y entonces los cuatro debían aparecerse en la cala. Charlie y Bill se pasaron por Grimmauld Place dos horas antes de la partida de Harry para colocarle un clavel fresco en la solapa y asegurarse que todo estaba bien.

Por fin Molly Weasley apareció en el umbral de la puerta, y tras dar un repaso profundo a Harry, Neville y Ron, se desaparecieron. El vestido aguamarina de la señora Weasley hacía juego con los ojos de ella, que relucían brillantes. Harry había escogido una corbata de idéntico color, con una túnica negra elegante y sencilla. La gente que estaba ya allí se acercó a saludar a Harry, pero no por mucho tiempo.

La señora Weasley comenzó a mandar a todo el mundo dentro de la carpa nupcial frunciendo el ceño a quienes se entretenían mucho tiempo en entrar, alegando que era ya muy tarde y que la novia debía estar al llegar. George y Percy tenían que ir colocando a la gente que había sido invitada.

Harry se alejó un poco de ellos, pues Percy hacía ademanes muy pomposos cuando veía a alguien importante, y George hablaba con la vieja tía Muriel.

—¡Profesora McGonagall! No esperaba verla por aquí. ¡Ajá! Sí, aquí está en la lista. No sabía que Harry la había invitado —dijo Percy.

—Así es, Weasley. He venido en representación de Hogwarts, claro.

—Profesora, aquí siempre será bienvenida —replicó Percy.

—Gracias, Weasley. Ahora, por favor, indícame el asiento que me corresponde.

—Por supuesto. Harry la ha sentado cerca, creo que la tiene en muy alta estima. Se oyeron rumores de que enfrentó a varios mortífagos para defenderla en la Torre de Ravenclaw.

—Sí, es cierto que el señor Potter me echó un cable, pero no para defenderme porque me atacaban, sino más bien porque me escupieron y faltaron al respeto. Al menos, los rumores que se cuentan sobre el chico son para alabar su valentía y lealtad, y no como cuando estaba en el colegio —replicó la profesora, con un deje de altivez en sus palabras.

—Hemos llegado, señora. Puede sentarse cuando quiera. Si me disculpa, tengo que atender a más invitados. Que se divierta.

Además de la profesora McGonagall, Pomona Sprout, Filius Flitwick, Rolanda Hooch, Poppy Pomfrey, Horace Slughorn y Hagrid habían sido invitados al evento en representación de Hogwarts, además de Madame Maxime. Junto a ellos, los miembros de la casa de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw de las promociones de Harry y Ginny, los miembros de E.D, Viktor Krum y las Arpías de Holyhead fueron otros de los miembros sonados de la ceremonia. Teddy y Andrómeda por supuesto habían sido invitados, y tendrían un sitio de honor junto a los señores Weasley.

Cuando todos estaban ya sentados, una melodía solemne comenzó a sonar y Harry, acompañado de la señora Weasley comenzó a avanzar hacia el altar. Sonriendo a todo el mundo, Harry llegó a la altura de una mesa elevada con un mantel blanco y dorado donde esperaban Ron y Neville, ambos con una sonrisa de oreja a oreja. Harry no pudo evitar recordar la foto de la boda de sus padres en la que aparecía Sirius de padrino.

Entonces, una magia intensa cubrió el corazón de Harry cuando la melodía cambió para dar paso a la novia. Hermione y Luna, ambas vestidas de dorado, alcanzaron el altar, y con sus varitas, hicieron caer una lluvia de pétalos de clavel por donde Ginny y el señor Weasley aparecieron. A Harry no le quedó más remedio que soltar unas lágrimas de emoción cuando vio a Ginny vestida de blanco. El vestido era precioso y elegante, con una cola larga y con los hombros al descubierto. Ginny llevaba un recogido muy complicado y elegante, los ojos azules de la muchacha también estaban cubiertos de unas lágrimas delgadas. Avanzaban despacio mientras la pelirroja iba saludando con su mano a los que estaban sentados a los lados del pasillo. Como era habitual, Hagrid estaba sollozando ampliamente y sonándose en su pañuelo estampado del tamaño de un mantel.

El señor Wesley dejo a Ginny delante de Harry, y le estrechó la mano.

—Sed felices, hijos —dijo con una sonrisa muy amplia.

—Gracias —pudo decir Harry, sin apartar su mirada de Ginny.

Harry y Ginny se miraron, radiantes de felicidad, dedicándose una mirada tierna.

—Queridos amigos —pronunció la voz del ministro de Magia— es para mí un gran placer oficiar la boda del héroe Harry Potter con la agradable y valerosa Ginevra Weasley. Dos almas nobles, puras y osadas, que han construido su amor después de la gran contienda que tuvo al mundo mágico en vilo. Demos gracias a los cielos que el amor sigue vivo en el mundo, y que sean estos jóvenes quienes sigan amando.

Kingsley siguió con un bonito discurso sobre el amor triunfando por encima del mal, recordando también a aquellos que no estaban pero que serían felices de poder asistir a un evento de tal calibre, y llegó el momento que Harry llevaba tiempo esperando.

—Hagrid, trae los anillos.

Harry escuchó un estruendo al final del pasillo de la carpa. Hagrid se había levantado y llevaba un cojín de terciopelo rojo con detalles dorados, y encima se podían encontrar dos grandes anillos de oro que relucían ante los ojos de los invitados. Hagrid avanzaba torpemente a través del pasillo que había entre las sillas, enjugándose las lágrimas en su enorme pañuelo de lunares, mientras una suave melodía solemne se escuchaba de fondo.

Harry no pudo contener una sonrisa al ver las trenzas que se había hecho en el pelo, aunque el aspecto del semigigante era limpio y ordenado, algo que Harry nunca había logrado alcanzar a ver, ni siquiera cuando tuvo aquella cita con Madame Maxime durante el Baile de Navidad. Una vez Hagrid llegó al altar, sonrió a la feliz pareja y se situó a la derecha de Kingsley.

—Y aquí, delante de testigos, amigos y familiares, te pregunto a ti, Harry James Potter, si deseas contraer matrimonio con Ginevra Molly Weasley, para protegerla y amarla siempre frente cualquier adversidad hasta el fin de tus días.

—Sí, quiero —contestó Harry, emocionado.

Entonces Hagrid alargó con suavidad el cojín hacia Harry con suma delicadeza para no dejar caer los anillos, y Harry escogió el que había a la derecha, un anillo de oro un poco más pequeño que el de la izquierda, pero muy elegante, y tomó la mano de Ginny. Con cariño, le colocó la sortija en el dedo anular de la pelirroja, que no paraba de sonreír, con los ojos llenos de lágrimas de emoción.

—Bien. Y a ti, Ginevra Molly Weasley, te pregunto si quieres a Harry James Potter como futuro marido, para cuidarlo y amarlo hasta la muerte.

—Sí, quiero —contestó Ginny con lágrimas en los ojos.

Y esta vez Hagrid le tendió el cojín a Ginny para que tomase el anillo de oro y se lo colocase a Harry en el dedo. Harry sintió el fino tacto de las manos de Ginny, y un sentimiento de felicidad inconmensurable le recorrió por todo el cuerpo. Harry no se había sentido tan feliz en mucho tiempo.

—Pues con el poder que me da la comunidad mágica de Gran Bretaña y en calidad de ministro de magia, yo declaro a esta pareja como marido y mujer. Podéis besaros.

Harry tomó a Ginny de las manos y la acercó a él para darle el beso de amor más romántico que jamás se habían dado. Los vítores y los aplausos quedaban muy lejanos mientras ellos se fundían en una de las pruebas de amor más verdaderas que habían experimentado. Cuando se separaron, se sonrieron el uno al otro y mirando hacia los demás, descendieron las escaleras para abandonar juntos la carpa hacia el exterior.

Afuera, la gente se acercaba a los novios para darles la enhorabuena. La temperatura era magnifica, las olas del mar amenizaban las conversaciones de los invitados, y Hermione con una sacudida de varita hizo aparecer mesas donde aparecieron copas de cristal, mientras que las botellas de champán daban vueltas alrededor de la gente para serviles.

Después de un rato de conversación en el exterior, la carpa nupcial cambió para dar paso a un amplio comedor y una gran pista de baile. La gente empezó a refugiarse en el interior cuando el calor comenzó a apretar, y encontraron bandejas llenas de pequeños entrantes, como también había una banda de música que tocaba para deleitar el evento.

Kreacher se subió a una silla y anunció a los presentes que por favor se sentasen para recibir al almuerzo. La gente fue tomando sus lugares por las distintas mesas redondas que había distribuidas por la carpa, y en la gran mesa nupcial se sentaron Harry, Ginny, los señores Weasley y la señora Tonks. Teddy estaba sentado en el regazo de Ginny, sonriéndole muy abiertamente. Ginny le hacía muecas graciosas y el bebé se reía con ella. Harry miraba la escena, embelesado.

El banquete fue colosal, y la gente quedó satisfecha. Harry y Ginny dieron una vuelta por las mesas repartiendo algunos regalos a los invitados. Harry les regaló a los hombres unos puros de hierbas mágicas cubanas, mientras que Ginny les regaló a las mujeres una figurita tallada de ella vestida de blanco, figuritas que Hagrid se había encargado de tallar en su cabaña y a la que les había puesto todo su cariño y dedicación para que salieran perfectas.

Después de la comida, Kreacher llevó a Harry y a Ginny la copia de la espada de Gryffindor, obsequiada por McGonagall para la ceremonia, para cortar la tarta nupcial, que estaba coronada por otra figurita de Hagrid donde Ginny y Harry estaban cogidos de las manos, sonriéndose. Dennis Creevey, quien había heredado la cámara de su hermano, sacó muchas fotos de la boda. Las dos instantáneas que más le gustaron a Harry fueron la que salieron ella y Ginny acompañados de Teddy, y otra en la que salieron toda la familia Weasley, Hermione, Teddy y Andrómeda Tonks.

Después, Kingsley dio paso al baile, donde Harry y Ginny lo abrían con un bonito vals que la banda empezó a tocar. Harry miraba a Ginny a través de sus gafas y la emoción que recorría su cuerpo era enorme, y detectó una tierna mirada de Ginny, devolviéndole todo el cariño.

Al rato, se unieron Hermione y Ron, Neville y Hannah Abbott, Hagrid y Madame Maxime, Luna con el joven Rolf Scamander, los señores Weasley, y más parejas del resto de invitados. Al rato, Harry también bailó con Hermione, la señora Weasley y la señora Tonks.

Harry, exhausto, se sentó en una silla con el pequeño Teddy en brazos. A su lado, se sentó la profesora McGonagall, que había bailado un rato con Horace Slughorn.

—Bueno, Potter. ¿Cómo van los estudios para ser auror?

—Muy bien profesora. Ahora la cosa se complica, pero su libro me está sirviendo de gran utilidad. En unos meses tendremos que afrontar la prueba escrita, y la magia tan avanzada que estamos aprendiendo es cada día más difícil de aprender sin un buen maestro.

—Ya sabes Potter, que todo esfuerzo conlleva una gran recompensa. Después de lo que pasó en mi despacho con esa horrible Umbridge queriendo frenar tu carrera, me decidí en que te ayudaría a conseguir ser un auror. Potter, tienes que concentrarte al máximo. El profesor Dumbledore siempre pensó que serías un gran auror.

—Gracias, profesora.

—Déjame también que te diga, que, si no fuera por la gran fortuna que tu padre ostentaba, él, como tu madre, habrían escogido el mismo camino. Ellos estarían orgullosos de ti, como lo estoy yo, Potter. Siempre me enorgullecerá contar que yo di clases al gran Harry Potter en Hogwarts, y que perteneció a mi casa.

Cuando la profesora se fue, Harry pudo notar que tenía una sonrisa poco disimulada. Minerva McGonagall no era la típica mujer que hacía cumplidos y era tierna, era una mujer de carácter, seria y estricta, pero leal y bondadosa. Harry también estaba orgulloso de que ella hubiera sido su profesora.

La fiesta se alargó durante gran parte de la noche, gracias a la actuación de la banda mágica Las Brujas de Macbeth, un regalo de las Arpías de Holyhead para Ginny, que era una gran fan.

También hubo más gente que se acercó a Harry después de que la directora de Hogwarts dejase su asiento. Andrómeda Tonks se sentó con Teddy, y Harry pidió a Kreacher que le trajese un trozo de tarta para dársela al chiquillo. Hablaron un rato largo acerca de Lupin y Tonks, y al rato Ginny, también cansada de bailar con sus hermanos, se sentó al lado de Harry y revolvió el pelo de Teddy, que era dorado para la ocasión.

El profesor Flitwick se acercó y le pidió a Andrómeda que bailase con ella, y tras aceptar, Harry y Ginny se quedaron solos por primera vez en toda la ceremonia. Ginny suspiró, y Harry la miró.

—¿Qué te ocurre? —preguntó Harry.

—Nada malo —sonrió ella—. Estoy muy feliz, jamás pensé que llegaría este día.

—Yo tampoco. Parecía que el universo tenía planes para que yo no pudiera ser feliz —respondió Harry.

—Pero estamos aquí, por fin. Y míranos, no podíamos haber empezado mejor, Harry. Tenemos una familia que nos quieren, amigos que te han acompañado hasta la muerte para detener a Voldemort, y tenemos un proyecto de vida en común que empieza hoy.

—Además, tenemos al pequeñín de Teddy Lupin, nuestro ahijado. Nada puede salir mal, Ginny. Nos toca ser felices —concedió Harry.

—Exactamente. Ahora si me disculpas, voy a buscar a las chicas. Creo que es hora de irnos despidiendo, estoy cansada —respondió Ginny, dando un pequeño bostezo.

Harry y Ginny se retiraron a La Madriguera, donde estarían solos aquella noche. Cuando llegaron a la residencia Weasley y fueron a la habitación de Ginny, Harry tenía preparada una sorpresa. Allí les esperaba una botella fría de champán y una cama llena de pétalos de rosas. Los esposos se dejaron llevar por la pasión y por los deseos en una noche mágica.

Una vez recostados y apurando las últimas gotas de champán de la botella, se oyeron voces en el exterior. Harry cogió la varita y se asomó a la ventana. Pero no era una amenaza, eran Ron, sus hermanos, Neville, Seamus y Dean Thomas borrachos que se habían aparecido allí para cantarles borrachos a la pareja recién casada. Ginny y él se rieron mucho con la escena. Cuando ya lograron desprenderse de la visita, cansados, apagaron las luces y se durmieron.


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Que sepáis que en el link de a continuación podréis leer todos los capítulos enteros (del 1-17) seguidos. y que cada vez que subo alguno aparecerá también completo ahí, para aquellos que quieran leer más seguido.
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