Acción CAPÍTULO 16: FIESTA SORPRESA | HARRY POTTER Y QUÉ PASÓ DESPUÉS

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FIESTA SORPRESA​



Los hermanos Weasley volvieron a acorralar a Harry durante la fiesta, todos con las varitas. Sin que Harry pudiera reaccionar a tiempo, Bill ya le había hechizado, haciendo que Harry no se pudiera mover.

—Muy bien, Harry Potter —dijo Bill—. ¿Así que, planeando una boda sin permiso?

—Muy mal, muy mal, Potter. Te has equivocado de hermanos —dijo George.

—¿Qué tal si le mostramos un poco lo que les pasa a aquellos que se atreven a hacer daño a nuestra hermanita? —dijo Charlie, con emoción, haciendo como que limpiaba la varita.

—Bueno, bueno, ¡basta, basta! —les interrumpió el señor Weasley—. Liberad a Harry, Bill. ¡He dicho que lo liberéis!

Bill, de mala gana, deshizo el encantamiento, pero como Harry sospechó que hizo a propósito, con una magnitud de fuerza que hizo que Harry cayera para atrás. El señor Weasley ayudó a levantarse a Harry, quien se sujetaba la nuca del dolor de la caída.

—¿Estás bien, Harry? —le preguntó el señor Weasley.

—Eh, yo… sí, sí estoy bien —dijo Harry.

—Chicos. ¿cómo se os ocurre? Harry no tiene que pedir permiso a nadie, es un asunto de él y Ginny. Me gusta que protejáis a Ginny a capa y espada, pero embrujar a Harry…

—Estábamos de broma, papá —se excusó Ron—. Además, Harry es un Weasley más de la familia, ¿no? Tiene que entender que esto funciona así.

—Ya está bien —sentenció el señor Weasley—. Harry ya habló conmigo en su momento, y yo le di mi bendición para que le propusiera matrimonio a Ginny. Está advertido de las consecuencias, desde luego, pero no esperaba que actuarais así.

—Bueno… yo… Harry, lo sentimos mucho. Entiéndenos, es nuestra única hermana —dijo Percy.

—No pasa nada —dijo Harry, al que el dolor ya se le estaba pasando.

Harry buscó con la mirada a Ron, que le hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Entonces, Ron se adelantó y dijo:

—Creo que hablo en nombre de todos los hermanos Weasley si te digo que ¡bienvenido a la familia, Harry! —y le tendió la mano.

—Gracias, Ron.

Los demás hermanos se miraron, como comprendiendo la escena, encogieron los hombros y se acercaron a Harry, que dio un respingo. Pero esta vez todos le daban la mano y alborotaban su pelo.

La noticia de la boda no había eclipsado la celebración del cumpleaños de Ginny, que se celebró con una fiesta que duró toda la tarde. La señora Weasley iba presumiendo del anillo de su hija toda la tarde con todo el mundo. A Ginny le regalaron muchas cosas y muchos se ofrecieron para organizar detalles de la boda.

Harry y Ginny se casarían en un mes. Estaba todo dispuesto para que así fuera. Para la ocasión eligieron una cala apartada en el sur. Allí, una vez instalada la carpa del pabellón nupcial, se harían hechizos antimuggles que Kingsley y la Oficina de Aurores se encargarían de realizar.

—Ron. ¿Puedo hablar contigo? —preguntó Harry un día en el que estaban realizando el presupuesto para los Toldos Mágicos, el catering y la bebida.

—Sí, claro —respondió él.

—Bueno, Ron. Desde siempre hemos sido amigos, y me has acogido en tu casa como a un hermano. Contigo he vivido grandes aventuras desde que nos conocimos, desde burlar a un perro de tres cabezas para proteger la piedra filosofal como destruir aquellos malditos horrocruxes. Siendo así, creo que no hay otra persona mejor para que me apadrine el día de mi boda que tú, mi mejor amigo y hermano de mi futura esposa. ¿Qué me dices? —le preguntó Harry.

—¡Pues claro, tío! ¿Cómo no iba a serlo? Después de todo lo que hemos hecho juntos. Además, yo tengo claro que tú seas el mío, eso siempre y cuando consiga pedírselo yo a Hermione. Pero desde que estamos viviendo con sus padres, es muy difícil.

—Ron, tengo un regalo especial para ti.

—¿Ah, ¿sí? —preguntó extrañado Ron.

—Así es, amigo mío. Verás, sabía que encontrar algo en Londres es muy difícil. Así que, sin que Ginny lo sepa, voy a dejaros Grimmauld Place hasta que os compréis una casa propia. Ginny y yo tenemos previsto un viaje a España, para conocer el mundo mágico de allí. Y cuando volvamos, no volveremos a la que ahora considera su casa.

—¿Pero, adonde la vas a llevar después de aquello? —preguntó su amigo.

—Es un secreto. Te lo revelaré cuando llegue a Inglaterra de mi luna de miel —le prometió Harry.

—¡Harry! Se me olvidaba. ¿A quién le vas a pedir que te lleve al altar?

—Tranquilo, Ron, sé de una persona muy especial que querrá acompañarme.

Harry esperó la ocasión para hablar con esa persona tan especial, y su espera llegó muy pronto. La señora Weasley le pidió ayuda con la lavadora —Harry y Ginny estaban pasando allí unos días para organizar todo, como también Ron y Hermione—. En el lavadero, la señora Weasley iba cargando una cesta con la ropa de Harry y Ron.

—Señora Weasley, tengo que pedirle una cosa muy importante.

—¿De qué se trata, Harry, querido? —dijo ella doblando calcetines

—Verá, como sabe, los novios suelen ir acompañados de sus madres el día de su boda al altar. Pero mi madre no… no está aquí. Y había pensado que a lo mejor a usted le gustaría… bueno, acompañarme hacia el altar —expuso Harry, entrecortadamente.

—¡Oh, Harry! ¡Pues claro, claro que sí! ¿Cómo iba a negarme a tal proposición?

—Gracias, señora Weasley. Para mí, siempre fue la madre que nunca tuve. Aquí siempre fui feliz, y usted siempre, junto con el señor Weasley, se ha preocupado de que así lo fuera.

La señora Weasley le dio un abrazo a Harry que este respondió con mucho cariño.

—¡He de darme prisa! Si voy a ser la madrina de Harry Potter en la boda con mi hija, debo encontrar una túnica de gala apropiada. Madame Malkin seguro que tendrá algo estupendo para la ocasión.

—Madame Malkim estará esperándola, señora Weasley. Sabe que irá.

—¿Qué? ¿Cómo es eso? —preguntó Molly, extrañada.

—Porque la túnica de gala ya está pagada. Puede usted elegir la que quiera, es un regalo que le he hecho yo, por aceptarme como ahijado, y como un Weasley más.

La señora Weasley, Ginny, Hermione y Luna habían viajado al Callejón Diagon para comprar muchas cosas de la boda, entre ellas las túnicas de gala de la madrina del novio, la señora Weasley, las damas de honor, Hermione y Luna, obviamente, y el secretísimo vestido de novia de Ginny.


La boda de Harry y Ginny prometía ser un evento sencillo, especial e íntimo. Toda la gente que habían invitado había confirmado su asistencia. Ron fue el encargado de ir a vigilar los últimos días la cala al sur de Inglaterra que habían escogido como el lugar para el enlace.

La señora Weasley iba de un lado para otro muy nerviosa. Organizaba detalles y daba instrucciones a todos los que estaban en La Madriguera. Quedaban pocos días para la boda, y ella quería estar segura de que todo estaba bien.

Dos noches antes de la boda, Harry estaba repasando los últimos temas del libro para entrar a la Oficina de Aurores cuando entraron Percy, Bill, Charlie, George y Ron, todos con las varitas en ristre. Harry, temiendo otro ataque de celos de los hermanos Weasley, sacó su varita rápidamente, pero ya estaba helado cuando tenía la varita cogida por el mango.

—¡Obscuro! —gritó Ron, y una venda negra aparecida de la nada tapó los ojos de Harry, impidiéndolo ver algo.

—¡Vamos, Harry! Tenemos algo de prisa —dijo Charlie, entre risas.

—Ron, ¿dónde está la capa? Hay que ponérsela —dijo Bill.

Harry sintió como la capa de su padre le cubría, aunque no podía ver nada. Notó como alguien le cogía de los brazos y de repente le hacían girar muy rápido. Al momento, volvió a sentir el suelo bajo sus pies, un poco pegajoso, y sabía que había abandonado La Madriguera para ir a algún lugar extraño. Una débil luz era lo máximo que su venda le dejaba ver.

—¡Finite! —oyó decir a Percy.

Harry primero se quitó la capa de invisibilidad. Y cuando retiró la venda de sus ojos, no sólo vio sonreír a los hermanos Weasley, sino también a más gente que había allí.

—¡Sorpresa, Harry! —gritaron todos los presentes.

Harry de verdad estaba sorprendido. Allí estaban mucha gente que llevaba tiempo sin ver: Neville Longbottom, Seamus Finnigan, Dean Thomas, Justin Finch―Fletchley, Ernie MacMillan, Terry Boot, Lee Jordan, Oliver Wood y Anthony Goldstein. Harry sonrío a todos, pero un poco confuso.

—¡Bienvenido a tu fiesta de despedida de soltero! —dijo otra voz conocida, la de Hannah Abbott.

—¡Hannah! —dijo sorprendido Harry—. ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces por aquí?

—¿Qué tal Harry? —respondió ella, alegremente—. Compré el Caldero Chorreante después de la batalla de Hogwarts, porque Tom decidió retirarse. Bueno, ya me han dicho que vas a casarte con Ginny Weasley. ¡Enhorabuena! Que seáis muy felices.

—Muchas gracias. Pero, ¿cómo que despedida de soltero? —dijo Harry girándose hacia Ron y sus hermanos.

—¿No creerías que los muggles eran los únicos que hacen estas fiestas? —dijo Bill, arqueando una ceja—. No, no, no. Nosotros también. Además, teniendo un suegro como Arthur Weasley, nos habría matado a todos de no tener alguna —y se rió.

Harry nunca había esperado una cosa así de los hermanos Weasley, pero la verdad que habían trabajado para ello. El local del Caldero Chorreante estaba vacío, sólo estaban ellos. La decoración de la estancia era absolutamente ingeniosa. Había un gran dragón verde colgando del techo (obra, naturalmente, de Charlie), que de vez en cuando escupía fuego. También colgaban del techo pequeñas bolas que emitían una luz dorada que simulaban las snitch doradas, y había pelotas de fútbol de muggles pintadas de color escarlata y azabache que daban vueltas por el techo del local —una de ellas voló demasiado cerca del balón, y estalló al recibir el impacto del fuego.

La comida y la bebida eran deliciosas. La cerveza de mantequilla corría por todos lados, el vino de elfo también tomo un importante papel, sobre todo para los más a adultos. A Harry le hicieron probar todo tipo de licores mágicos, y el que más le gustó fue el agua de la risa, un licor dulce que le provocaban carcajadas muy exageradas.

Cuanto más avanzaba la fiesta, más gracia le hacían los chistes de Neville, Ron tenía la corbata atada en la oreja y Hannah tuvo que vigilar muy de cerca —ella era la dueña del local— a George para que no incendiase nada con su espectacular demostración de fuegos artificiales. La verdad que Harry se sentía un poco mareado, pero lo estaba pasando en grande. Uno de los momentos más especiales de la velada fue cuando todos le hicieron entrega de sus regalos. Los chicos de Gryffindor le habían regalado una gran cantidad de polvo de oscuridad instantánea peruano, los de Ravenclaw una túnica de gala muy formal y elegante, acompañada por una corbata de color azul con estrellas. Los hermanos Weasley le regalaron el dragón gigante, y una caja de seis botellas de whiskey de fuego.

La fiesta se prolongó hasta tarde, y Hannah les preparó habitaciones para todos. Harry llegó apoyado en Ron y los dos se tumbaron en sus respectivas camas. Habían sido unas horas muy intensas, que nunca habría imaginado en su horrible vida muggle.​

* * *
—¡Harry! ¡Despierta! ¡Vamos! ¡HARRY! —gritaba una voz en el oído del muchacho.

—¿Qué pasa? —preguntó Harry, sobresaltado, cogiendo la varita como acto reflejo.

—¿Sabes qué hora es? Mamá nos va a matar. Hace una hora que deberíamos estar preparados para ir al ensayo general de mañana.

—¿Ensayo? ¿Qué? —dijo Harry, confundido—. ¡Ostras! —cayó de repente en la cuenta—. ¡Tu madre nos va a matar, sí!

Ambos se vistieron lo más rápido posible, ¿cómo podían haberse dejado llevar tanto y olvidarse del compromiso de aquel día? Tenían mucho que hacer, desde la colocación de los invitados hasta la degustación del menú. Harry había delegado en Ron la tarea de seleccionar la música para el baile, en Bill y Charlie la misión de encargar la mejor bebida (Bill decía que tenía una sorpresa preparada para Harry respecto a ese tema).

Los hermanos Weasley y Harry se encontraron en el comedor del Caladero Chorreante, excepto Percy, que había sido el encargado de ir a rebajar el posible mal humor de la señora Weasley, dándoles tiempo a los demás para un desayuno rápido.

Bill se desapareció para traer ropa para la ocasión, y en una hora todos estaban aseados, vestidos y desapareciéndose de Londres para aparecer en la cala de la boda. Allí ya esperaban los señores Weasley, Hermione, Ginny y Luna, estas tres con ojeras tapadas con maquillaje; seguramente también habrían tenido la fiesta de despedida de soltera de Ginny.

La señora Weasley estaba nerviosa, chasqueando la lengua en señal de desaprobación con los peinados que llevaban sus hijos y Harry, el más despeinado de todos. El señor Weasley sonreía nervioso, y su calva relucía bajo el sol. Llevó a los demás hacia dentro de la carpa, donde estaban más refugiados del calor que se iba intensificando a lo largo de la mañana.

El ensayo fue más tranquilo de lo que Harry había supuesto. Las cosas estaban preparadas, las sillas colocadas, el altar estaba reluciente y había muchos globos de color dorado por toda la carpa con las letras H y G. Luna, Hermione, las damas de honor, Ron y Neville, que serían los padrinos, aguardaban en el altar mientras Harry iba acompañado del brazo de la señora Weasley. Hermione y Ron tendrían los anillos preparados y Neville y Luna debían dirigir unas palabras al público.

Después de probar la deliciosa carne que habían seleccionado Percy y George y los postres, elección personal de Ron, todos dieron por concluido el ensayo. La verdad es que todo parecía que saldría muy bien.

Ginny y Harry se quedaron un rato más cuando todos se decidieron a volver y descansar. Se sentaron a la orilla del mar mientras anochecía lentamente sobre la costa inglesa.

—Dentro de unas horas, estaremos allí dentro, ¿no te resulta extraño cómo ha cambiado todo? —preguntó Ginny, acariciando el pelo de Harry.

—Después de tanto tiempo, y tantos obstáculos, creo que nos merecíamos algo de felicidad, ¿no crees? —dijo Harry, sonriéndole.

—Sí, ha sido un camino largo, pero mañana estaremos aquí declarando públicamente cuanto nos queremos.

—Por supuesto, y por lo difícil que pueda ser todo, tengo claro que quiero dar este paso contigo, Ginny.

Cuando el sol cayó, Ginny volvió a La Madriguera, y Harry debía volver a Grimmauld Place, donde le esperaba Ron.


MENCIONES DE HONOR: @amopotter @Jguardo @Jules Snape Black @Raphaela Dumbledore @Serman @Albahe @almudena @andremateo @diener @ImAlbus @𝑬𝒍𝒊𝒔𝒂 𝑫𝒊𝒑𝒑𝒆𝒕 𝑩𝒓𝒐𝒘𝒏 @Alicia Black @Oso @diener @Amelia Moody Black @slygirl @Sergmalfoy @Alice A. Malfoy B. @lunalunita @oscutlon @Laucha @Nymphad0ra @dracmorde @Nicole Potter Evanns @holapotter @oscutlon @Susana Weasley @Monicman @Laucha @Xzmaster

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Los hermanos Weasley volvieron a acorralar a Harry durante la fiesta, todos con las varitas. Sin que Harry pudiera reaccionar a tiempo, Bill ya le había hechizado, haciendo que Harry no se pudiera mover.

—Muy bien, Harry Potter —dijo Bill—. ¿Así que, planeando una boda sin permiso?

—Muy mal, muy mal, Potter. Te has equivocado de hermanos —dijo George.

—¿Qué tal si le mostramos un poco lo que les pasa a aquellos que se atreven a hacer daño a nuestra hermanita? —dijo Charlie, con emoción, haciendo como que limpiaba la varita.

—Bueno, bueno, ¡basta, basta! —les interrumpió el señor Weasley—. Liberad a Harry, Bill. ¡He dicho que lo liberéis!

Bill, de mala gana, deshizo el encantamiento, pero como Harry sospechó que hizo a propósito, con una magnitud de fuerza que hizo que Harry cayera para atrás. El señor Weasley ayudó a levantarse a Harry, quien se sujetaba la nuca del dolor de la caída.

—¿Estás bien, Harry? —le preguntó el señor Weasley.

—Eh, yo… sí, sí estoy bien —dijo Harry.

—Chicos. ¿cómo se os ocurre? Harry no tiene que pedir permiso a nadie, es un asunto de él y Ginny. Me gusta que protejáis a Ginny a capa y espada, pero embrujar a Harry…

—Estábamos de broma, papá —se excusó Ron—. Además, Harry es un Weasley más de la familia, ¿no? Tiene que entender que esto funciona así.

—Ya está bien —sentenció el señor Weasley—. Harry ya habló conmigo en su momento, y yo le di mi bendición para que le propusiera matrimonio a Ginny. Está advertido de las consecuencias, desde luego, pero no esperaba que actuarais así.

—Bueno… yo… Harry, lo sentimos mucho. Entiéndenos, es nuestra única hermana —dijo Percy.

—No pasa nada —dijo Harry, al que el dolor ya se le estaba pasando.

Harry buscó con la mirada a Ron, que le hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Entonces, Ron se adelantó y dijo:

—Creo que hablo en nombre de todos los hermanos Weasley si te digo que ¡bienvenido a la familia, Harry! —y le tendió la mano.

—Gracias, Ron.

Los demás hermanos se miraron, como comprendiendo la escena, encogieron los hombros y se acercaron a Harry, que dio un respingo. Pero esta vez todos le daban la mano y alborotaban su pelo.

La noticia de la boda no había eclipsado la celebración del cumpleaños de Ginny, que se celebró con una fiesta que duró toda la tarde. La señora Weasley iba presumiendo del anillo de su hija toda la tarde con todo el mundo. A Ginny le regalaron muchas cosas y muchos se ofrecieron para organizar detalles de la boda.

Harry y Ginny se casarían en un mes. Estaba todo dispuesto para que así fuera. Para la ocasión eligieron una cala apartada en el sur. Allí, una vez instalada la carpa del pabellón nupcial, se harían hechizos antimuggles que Kingsley y la Oficina de Aurores se encargarían de realizar.

—Ron. ¿Puedo hablar contigo? —preguntó Harry un día en el que estaban realizando el presupuesto para los Toldos Mágicos, el catering y la bebida.

—Sí, claro —respondió él.

—Bueno, Ron. Desde siempre hemos sido amigos, y me has acogido en tu casa como a un hermano. Contigo he vivido grandes aventuras desde que nos conocimos, desde burlar a un perro de tres cabezas para proteger la piedra filosofal como destruir aquellos malditos horrocruxes. Siendo así, creo que no hay otra persona mejor para que me apadrine el día de mi boda que tú, mi mejor amigo y hermano de mi futura esposa. ¿Qué me dices? —le preguntó Harry.

—¡Pues claro, tío! ¿Cómo no iba a serlo? Después de todo lo que hemos hecho juntos. Además, yo tengo claro que tú seas el mío, eso siempre y cuando consiga pedírselo yo a Hermione. Pero desde que estamos viviendo con sus padres, es muy difícil.

—Ron, tengo un regalo especial para ti.

—¿Ah, ¿sí? —preguntó extrañado Ron.

—Así es, amigo mío. Verás, sabía que encontrar algo en Londres es muy difícil. Así que, sin que Ginny lo sepa, voy a dejaros Grimmauld Place hasta que os compréis una casa propia. Ginny y yo tenemos previsto un viaje a España, para conocer el mundo mágico de allí. Y cuando volvamos, no volveremos a la que ahora considera su casa.

—¿Pero, adonde la vas a llevar después de aquello? —preguntó su amigo.

—Es un secreto. Te lo revelaré cuando llegue a Inglaterra de mi luna de miel —le prometió Harry.

—¡Harry! Se me olvidaba. ¿A quién le vas a pedir que te lleve al altar?

—Tranquilo, Ron, sé de una persona muy especial que querrá acompañarme.

Harry esperó la ocasión para hablar con esa persona tan especial, y su espera llegó muy pronto. La señora Weasley le pidió ayuda con la lavadora —Harry y Ginny estaban pasando allí unos días para organizar todo, como también Ron y Hermione—. En el lavadero, la señora Weasley iba cargando una cesta con la ropa de Harry y Ron.

—Señora Weasley, tengo que pedirle una cosa muy importante.

—¿De qué se trata, Harry, querido? —dijo ella doblando calcetines

—Verá, como sabe, los novios suelen ir acompañados de sus madres el día de su boda al altar. Pero mi madre no… no está aquí. Y había pensado que a lo mejor a usted le gustaría… bueno, acompañarme hacia el altar —expuso Harry, entrecortadamente.

—¡Oh, Harry! ¡Pues claro, claro que sí! ¿Cómo iba a negarme a tal proposición?

—Gracias, señora Weasley. Para mí, siempre fue la madre que nunca tuve. Aquí siempre fui feliz, y usted siempre, junto con el señor Weasley, se ha preocupado de que así lo fuera.

La señora Weasley le dio un abrazo a Harry que este respondió con mucho cariño.

—¡He de darme prisa! Si voy a ser la madrina de Harry Potter en la boda con mi hija, debo encontrar una túnica de gala apropiada. Madame Malkin seguro que tendrá algo estupendo para la ocasión.

—Madame Malkim estará esperándola, señora Weasley. Sabe que irá.

—¿Qué? ¿Cómo es eso? —preguntó Molly, extrañada.

—Porque la túnica de gala ya está pagada. Puede usted elegir la que quiera, es un regalo que le he hecho yo, por aceptarme como ahijado, y como un Weasley más.

La señora Weasley, Ginny, Hermione y Luna habían viajado al Callejón Diagon para comprar muchas cosas de la boda, entre ellas las túnicas de gala de la madrina del novio, la señora Weasley, las damas de honor, Hermione y Luna, obviamente, y el secretísimo vestido de novia de Ginny.


La boda de Harry y Ginny prometía ser un evento sencillo, especial e íntimo. Toda la gente que habían invitado había confirmado su asistencia. Ron fue el encargado de ir a vigilar los últimos días la cala al sur de Inglaterra que habían escogido como el lugar para el enlace.

La señora Weasley iba de un lado para otro muy nerviosa. Organizaba detalles y daba instrucciones a todos los que estaban en La Madriguera. Quedaban pocos días para la boda, y ella quería estar segura de que todo estaba bien.

Dos noches antes de la boda, Harry estaba repasando los últimos temas del libro para entrar a la Oficina de Aurores cuando entraron Percy, Bill, Charlie, George y Ron, todos con las varitas en ristre. Harry, temiendo otro ataque de celos de los hermanos Weasley, sacó su varita rápidamente, pero ya estaba helado cuando tenía la varita cogida por el mango.

—¡Obscuro! —gritó Ron, y una venda negra aparecida de la nada tapó los ojos de Harry, impidiéndolo ver algo.

—¡Vamos, Harry! Tenemos algo de prisa —dijo Charlie, entre risas.

—Ron, ¿dónde está la capa? Hay que ponérsela —dijo Bill.

Harry sintió como la capa de su padre le cubría, aunque no podía ver nada. Notó como alguien le cogía de los brazos y de repente le hacían girar muy rápido. Al momento, volvió a sentir el suelo bajo sus pies, un poco pegajoso, y sabía que había abandonado La Madriguera para ir a algún lugar extraño. Una débil luz era lo máximo que su venda le dejaba ver.

—¡Finite! —oyó decir a Percy.

Harry primero se quitó la capa de invisibilidad. Y cuando retiró la venda de sus ojos, no sólo vio sonreír a los hermanos Weasley, sino también a más gente que había allí.

—¡Sorpresa, Harry! —gritaron todos los presentes.

Harry de verdad estaba sorprendido. Allí estaban mucha gente que llevaba tiempo sin ver: Neville Longbottom, Seamus Finnigan, Dean Thomas, Justin Finch―Fletchley, Ernie MacMillan, Terry Boot, Lee Jordan, Oliver Wood y Anthony Goldstein. Harry sonrío a todos, pero un poco confuso.

—¡Bienvenido a tu fiesta de despedida de soltero! —dijo otra voz conocida, la de Hannah Abbott.

—¡Hannah! —dijo sorprendido Harry—. ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces por aquí?

—¿Qué tal Harry? —respondió ella, alegremente—. Compré el Caldero Chorreante después de la batalla de Hogwarts, porque Tom decidió retirarse. Bueno, ya me han dicho que vas a casarte con Ginny Weasley. ¡Enhorabuena! Que seáis muy felices.

—Muchas gracias. Pero, ¿cómo que despedida de soltero? —dijo Harry girándose hacia Ron y sus hermanos.

—¿No creerías que los muggles eran los únicos que hacen estas fiestas? —dijo Bill, arqueando una ceja—. No, no, no. Nosotros también. Además, teniendo un suegro como Arthur Weasley, nos habría matado a todos de no tener alguna —y se rió.

Harry nunca había esperado una cosa así de los hermanos Weasley, pero la verdad que habían trabajado para ello. El local del Caldero Chorreante estaba vacío, sólo estaban ellos. La decoración de la estancia era absolutamente ingeniosa. Había un gran dragón verde colgando del techo (obra, naturalmente, de Charlie), que de vez en cuando escupía fuego. También colgaban del techo pequeñas bolas que emitían una luz dorada que simulaban las snitch doradas, y había pelotas de fútbol de muggles pintadas de color escarlata y azabache que daban vueltas por el techo del local —una de ellas voló demasiado cerca del balón, y estalló al recibir el impacto del fuego.

La comida y la bebida eran deliciosas. La cerveza de mantequilla corría por todos lados, el vino de elfo también tomo un importante papel, sobre todo para los más a adultos. A Harry le hicieron probar todo tipo de licores mágicos, y el que más le gustó fue el agua de la risa, un licor dulce que le provocaban carcajadas muy exageradas.

Cuanto más avanzaba la fiesta, más gracia le hacían los chistes de Neville, Ron tenía la corbata atada en la oreja y Hannah tuvo que vigilar muy de cerca —ella era la dueña del local— a George para que no incendiase nada con su espectacular demostración de fuegos artificiales. La verdad que Harry se sentía un poco mareado, pero lo estaba pasando en grande. Uno de los momentos más especiales de la velada fue cuando todos le hicieron entrega de sus regalos. Los chicos de Gryffindor le habían regalado una gran cantidad de polvo de oscuridad instantánea peruano, los de Ravenclaw una túnica de gala muy formal y elegante, acompañada por una corbata de color azul con estrellas. Los hermanos Weasley le regalaron el dragón gigante, y una caja de seis botellas de whiskey de fuego.

La fiesta se prolongó hasta tarde, y Hannah les preparó habitaciones para todos. Harry llegó apoyado en Ron y los dos se tumbaron en sus respectivas camas. Habían sido unas horas muy intensas, que nunca habría imaginado en su horrible vida muggle.​

* * *
—¡Harry! ¡Despierta! ¡Vamos! ¡HARRY! —gritaba una voz en el oído del muchacho.

—¿Qué pasa? —preguntó Harry, sobresaltado, cogiendo la varita como acto reflejo.

—¿Sabes qué hora es? Mamá nos va a matar. Hace una hora que deberíamos estar preparados para ir al ensayo general de mañana.

—¿Ensayo? ¿Qué? —dijo Harry, confundido—. ¡Ostras! —cayó de repente en la cuenta—. ¡Tu madre nos va a matar, sí!

Ambos se vistieron lo más rápido posible, ¿cómo podían haberse dejado llevar tanto y olvidarse del compromiso de aquel día? Tenían mucho que hacer, desde la colocación de los invitados hasta la degustación del menú. Harry había delegado en Ron la tarea de seleccionar la música para el baile, en Bill y Charlie la misión de encargar la mejor bebida (Bill decía que tenía una sorpresa preparada para Harry respecto a ese tema).

Los hermanos Weasley y Harry se encontraron en el comedor del Caladero Chorreante, excepto Percy, que había sido el encargado de ir a rebajar el posible mal humor de la señora Weasley, dándoles tiempo a los demás para un desayuno rápido.

Bill se desapareció para traer ropa para la ocasión, y en una hora todos estaban aseados, vestidos y desapareciéndose de Londres para aparecer en la cala de la boda. Allí ya esperaban los señores Weasley, Hermione, Ginny y Luna, estas tres con ojeras tapadas con maquillaje; seguramente también habrían tenido la fiesta de despedida de soltera de Ginny.

La señora Weasley estaba nerviosa, chasqueando la lengua en señal de desaprobación con los peinados que llevaban sus hijos y Harry, el más despeinado de todos. El señor Weasley sonreía nervioso, y su calva relucía bajo el sol. Llevó a los demás hacia dentro de la carpa, donde estaban más refugiados del calor que se iba intensificando a lo largo de la mañana.

El ensayo fue más tranquilo de lo que Harry había supuesto. Las cosas estaban preparadas, las sillas colocadas, el altar estaba reluciente y había muchos globos de color dorado por toda la carpa con las letras H y G. Luna, Hermione, las damas de honor, Ron y Neville, que serían los padrinos, aguardaban en el altar mientras Harry iba acompañado del brazo de la señora Weasley. Hermione y Ron tendrían los anillos preparados y Neville y Luna debían dirigir unas palabras al público.

Después de probar la deliciosa carne que habían seleccionado Percy y George y los postres, elección personal de Ron, todos dieron por concluido el ensayo. La verdad es que todo parecía que saldría muy bien.

Ginny y Harry se quedaron un rato más cuando todos se decidieron a volver y descansar. Se sentaron a la orilla del mar mientras anochecía lentamente sobre la costa inglesa.

—Dentro de unas horas, estaremos allí dentro, ¿no te resulta extraño cómo ha cambiado todo? —preguntó Ginny, acariciando el pelo de Harry.

—Después de tanto tiempo, y tantos obstáculos, creo que nos merecíamos algo de felicidad, ¿no crees? —dijo Harry, sonriéndole.

—Sí, ha sido un camino largo, pero mañana estaremos aquí declarando públicamente cuanto nos queremos.

—Por supuesto, y por lo difícil que pueda ser todo, tengo claro que quiero dar este paso contigo, Ginny.

Cuando el sol cayó, Ginny volvió a La Madriguera, y Harry debía volver a Grimmauld Place, donde le esperaba Ron.


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