Acción CAPÍTULO 14: LAS ARPÍAS DE HOLYHEAD Y OTRA VEZ KING'S CROSS | HARRY POTTER Y QUÉ PASÓ DESPUÉS

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LAS ARPÍAS DE HOLYHEAD Y OTRA VEZ KING'S CROSS​



Harry y Ginny no podían ser más felices. Teddy se quedaba en casa todos los fines de semana y lo llevaban a un parque cercano de la casa. Estaba aprendiendo a andar, y a controlar sus cambios de imagen con mucha más precisión. Hermione había encontrado una manera de que le durase un color de pelo castaño durante unas horas para no llamar la atención de los muggles.

Pero al llegar el verano a su fin, Ginny tenía que dejar a Harry solo varios días en semana. Ginny tenía que viajar a Holyhead, al norte de Gales. Al principio, Harry no lo llevaba nada bien, y Ron iba a casa de Harry para acompañarlo. Con el paso de los días, Harry iba a visitar a Teddy con Ron y aprendió a vivir sin Ginny cuatro días semanales. No se le hizo tan difícil una vez se acostumbró, pues el año separados en Hogwarts le había enseñado mucho.

Una de las ventajas de Harry respecto a que su novia jugara de forma profesional al quidditch es que tuvo la oportunidad de conocer a varias personas ilustres dentro del mundo de ese deporte. Harry ya era una celebridad doble en la comunidad mágica, pero aquellas personas se habían ganado su fama de una manera a la que Harry le habría encantado.

Ginny invitó a Harry a la segunda semana de entrenar a conocer a las Arpías de Holyhead, donde por fin coincidió con Gwenong Jones, capitana y bateadora del equipo. Ella había estado el día que el equipo de Gryffindor, capitaneado por Ginny en ausencia de Harry por el castigo de Snape, contra Ravenclaw, donde jugaba Cho Chang. Después de la exhibición de Ginny, Gwenong tuvo unas palabras con ella, y decidió ficharla, pero para su sorpresa, Ginny no era buscadora en Gryffindor, sino cazadora.

Las Arpías eran un equipo muy alegre, y en contradicción con lo que Hermione había dicho después de una de las fiestas del profesor Slughorn, Gwenong le pareció muy simpática y ella le ofreció un día entrenar con ellas.

Harry nunca había acabado tan exhausto después de un partido de quidditch, ni siquiera con Oliver Wood, que era quien más ejercicios físicos les hacía hacer. Aquellas chicas volaban como águilas, y aunque Harry mantenía el nivel de vuelo para ser suplente en un equipo profesional, desde luego el físico no era el adecuado. La buscadora de las Arpías, Maggie Johnson, atrapaba las snitch más rápido de lo que Harry podía recordar, y aunque Harry demostraba con ahínco sus habilidades, siempre se veía superado.

Poco a poco, Ginny se fue haciendo un hueco en el equipo. Su amiga Mary McDonald, también cazadora suplente, era su principal apoyo. Entrenaban muy duro para poder jugar algún día como titulares en el equipo, y Gwenong siempre les decía que llegarían lejos si seguían en ese plan.

Pero Ginny nunca sospechó que debutaría en un partido tan especial.

El derbi contra el Puddlemere United prometía mucho. Al contario que ellas, estaba formado ese año solo por hombres, por lo que sería un duelo con más interés. El sorteo del calendario había deparado que empezaron contra su máximo rival. Oliver Wood jugaba ese día como guardián, y se alegró mucho de ver a Harry antes del comienzo del partido.

Pero todos se llevaron una sorpresa cuando escucharon la megafonía anunciando la alineación titular de las Arpías de Holyhead:

—Y ya salen al terreno de juego las chicas vestidas de verde y dorado… ¡LAS ARPÍAS DE HOLYHEAD! Este equipo formando por mujeres arde en deseos de devolver la derrota humillante que el año pasado se llevaron de sus adversarios. Esperemos que hoy sea el día. Y con ustedes: ¡SMITH!, ¡ANDERSON!, ¡WEASLEY!, ¡MCFLY!, ¡JONES!, ¡FLINT! Y ¡ANDERLECHT! Hoy debuta como cazadora la jovencísima Ginny Weasley, fichaje de la capitana Jones que proviene del colegio Hogwarts, según mis informes, jugadora de Gryffindor. ¡Suerte, Weasley!

El partido no pudo ser más loco. La señora Weasley sufría cada vez que una bludger golpeaba a su hija, pero Ginny lograba librarse de ellas con mucha habilidad. Oliver Wood tuvo que hacer el mejor partido de su vida para parar los tiros de Ginny, que tenía una puntería exquisita. Se cometieron muchísimas faltas de parte de los dos equipos, y el árbitro no daba abasto. Anderlecht era mejor buscadora que el rival, pero los golpeadores del United acertaban mucho y en varias ocasiones hicieron que la buscadora local perdiera de vista la snitch. El partido era muy rápido, y Harry había perdido la cuenta de los goles que estaba marcando Ginny. La verdad que volaba muy bien, tenía un talento natural para robar la quaffle que tenía maravillado al comentarista. Las reiterativas faltas del United paraban mucho el partido, pero el público parecía contento con el espectáculo. Smith paraba lo imparable, y al final Gwenong consiguió acertar una bludger en el cazador rival, provocando que Ginny marcara sola para las Arpías. Si se daban prisa, podrían ganar de muchos puntos de ventaja.

Y así fue. Después del gol de Ginny, Anderlecht hizo el amago de Wrosnki y se dejó caer en picado. Su rival se acercó muchísimo a ella, pero cuando quedaban pocos metros, Anderlecht enderezó raudamente, y se dirigió hacia arriba mientras el buscador del United se estrellaba en el suelo. Ella llegó a los postes del gol, Ginny volvió a marcar y ¡se acabó! Las Arpías habían ganado. La exhibición de Ginny sumada a la genialidad del último minuto de Anderlecht daba alas a las Arpías para colocarse en primera posición de la Liga de Quidditch.


La actuación de la nueva cazadora de Las Arpías de Holyhead no había dejado indiferente a nadie. Era una de las cosas más comentadas de la comunidad mágica que seguía el deporte mágico por excelencia. Ginny acaparaba portadas cada vez que su equipo jugaba, pues cada vez parecía más afianzada al equipo, y la entrada de Mary Connor al equipo titular parecía que mejoraba mucho las posibilidades del equipo, que seguía primero tras haber vencido a los Chudley Cannons (Ron estuvo malhumorado tres días).

Ya nadie hablaba de ella como la novia de Harry Potter. Se había ganado su propio nombre en apenas tres partidos, todo un éxito para la pequeña de la familia Weasley. Ginny siempre volvía contenta a casa, pero nunca hablaba de su fama repentina, ni de los fans que querían su autógrafo. No. Ella llegaba a casa, abrazaba a Harry después de mucho tiempo sin verle y cuando estaba Teddy se encargaba con mucho cariño de él. Para Ginny su vida con Harry era más importante que las escobas voladoras y una pelota que te persigue para derribarte. Seguía siendo la maravillosa chica que se había ganado el corazón de Harry a base de nobleza y buena actitud hacia las desventuras.

Una noche, Harry se despertó en su cama. Ginny estaba dormida al lado de él, con el pelo suelo por toda la almohada y una sonrisa feliz. Harry sonrío. Le encantaba que ella se quedase dormida primero, así podía verla dormir mientras le abrazaba. Se levantó con una idea rondándole la cabeza, y después de comprobar que Teddy estaba bien en la cuna, fue a la cocina a por un vaso de agua. Kreacher dormitaba en su guarida —no había querido dejar su pequeño armario— muy tranquilo, y habría sido un crimen haberle llamado sólo por tener un poco de sed.

Se quedó sentado, pensativo. ¿Era el momento? ¿No lo era? Habían pasado mucho tiempo separados, y aunque vivían juntos, Harry no se veía preparado. ¿O tal vez sí? La duda le comía por dentro. Ginny era excepcional, cada día que pasaba Harry sentía que no podía querer a alguien más de esa manera. Pero siempre pensaba que no estaba preparado para el siguiente paso. Pero ese día se notaba distinto, y no tenía explicación. En sus sueños siempre se imaginaba a Ginny en la carpa de la boda de Bill y Fleur vestida de blanco y mirándole con sus ojos castaños directamente, una mirada que llegaba al corazón, parecía muy real. Tal vez Sirius, Remus o incluso Dumbledore, por no quitar a su padre, podrían haberle aconsejado, pero ellos ya no estaban allí. Harry sacudió la cabeza, ellos ya pertenecían a un pasado lejano, pues pensar en ellos era volver a pensar en el terror de la guerra que tanto estaba costándole olvidar. Se aferraba a Ginny como su fuente de consuelo y paz. ¿Pero, acaso eso no era lo que se suponía que buscaba una pareja antes de contraer matrimonio?

No fue la única noche que pasó. Empezó a ser constante la idea en su cabeza, y comprendió que no podría vivir en paz si no le pedía matrimonio a la mujer de su vida. ¿Pero sería muy egoísta de su parte pedirle a Ginny que se casaran cuando estaba empezando a destacar en el mundo del quidditch? Esa duda lo atormentaba todas las noches, cuando Ginny no estaba. No quería atarla a un destino donde ella no pudiera elegir, donde ella creyera que ser esposa de Harry Potter significase renunciar a un sueño que se había cumplido cuando acabó su séptimo año en Hogwarts. ¡No! De ninguna manera podía permitir que Ginny renunciase a la oportunidad de su vida. Se quedó dormido esta vez y tuvo un sueño muy raro.


Harry abrió los ojos. Reconocía el lugar. Había estado allí una vez, o eso creía, si no, no se acordaría. Pero no era posible. Harry seguía vivo, estaba tumbado en la cama, con Ginny durmiendo agarrado a él. Pero si él estaba allí… ¿¡qué estaría pasando!? Acaso le habían atacado y Ginny estaba en apuros. Trató de moverse, pero no podía. ¿Qué le estaban haciendo?

—Tranquilo, muchacho, serénate —dijo una voz conocida—. Ven, te ayudaré a levantarte.

Harry miró hacia donde estaba la voz, y de repente cayó que estaba tumbado. Alguien le estaba tendiendo un brazo, así que se agarró. Cuando se puso de pie, vio la figura de Sirius Black.

—Hola, Harry. Pareces muy alterado. ¿Qué te trae por aquí?

—¿Si… Sirius? ¿Eres tú?

—¡Pues claro, Harry! ¿No reconoces ya al viejo Sirius? —dijo otra voz.

Harry se giró, y los vio: Remus, Dumbledore, Tonks, su padre y su madre le sonreían. No comprendía que hacían todos ahí.

—Verás, Harry, creo que tendrás muchas preguntas de por qué estás aquí —dijo Dumbledore, con una sonrisa muy pronunciada.

—¡Profesor!... Bueno, sí, yo… Sí. ¿Qué hago yo aquí, señor? —preguntó Harry, un poco asustado.

—Bien, buena pregunta, muchacho. Pero esta vez, como la última vez que nos vimos, Harry, deberás decidirlo tú.

—¿Volvemos a estar en King's Cross, señor? —preguntó Harry, mirando a su alrededor.

—En efecto, Harry, si tú lo dices, estamos aquí —respondió Dumbledore.

—Dinos, Harry, ¿qué es lo que te atormenta? —preguntó su padre.

—Verás, yo es que… no sé si estoy preparado, papá —concluyó Harry.

—Ah, el amor —dijo Dumbledore, con un suspiro feliz.

—¡Harry! ¿Estás pensando lo que yo creo? —dijo Tonks.

—Seguro que sí, Dora —le respondió Remus, con voz tranquila—. Harry ya no es un niño, está preparándose para ser un adulto, con todas sus decisiones y responsabilidades.

—¿Harry, responsable? —rió Sirius, acompañado de James.

Harry no pudo contener una carcajada.

—Así que esa chica Weasley ha acabado por conquistar tu rebelde corazón, hijo. Bien hecho —y James le guiñó un ojo a su hijo.

—¡James! —le reprendió Lily—. Ella tiene nombre.

—Cierto, cierto. Perdona hijo. ¿Cómo se llama la chica?

—Ginny, Ginny Weasley.

—¡LO SABÍA! —dijo otra voz.

—¿Fred? —preguntó Harry.

Fred Weasley acababa de aparecer sin que Harry supiera de dónde.

—Hola, Harry. Un placer volver a verte. Qué raro estás sin gafas —y se rió.

—¿Cómo es que estás aquí?

—No lo sé, pronunciaste el nombre de mi hermana, y por eso aparecí aquí. Sentí como que alguien me reclamaba, y me alegré mucho de ver que eras tú. Así que estás saliendo con Ginny, ¿eh?

—Oh, bueno, sí. Vivimos juntos ya. En Grimmauld Place —afirmó Harry.

—¡¿QUÉ?! ¿Y SIGUES VIVO? Cuando pille a George…

—Tranquilo, Fred, tenemos constancia de que Harry está cuidando y muy bien a dos personas muy importantes —dijo Sirius.

—¿Sí? ¿A quiénes?

—A mi hijo, Fred. Y por supuesto, a tu hermana. Creo que Ginny ahora es muy feliz —dijo Tonks, alegre, pero mirando a Fred con una mirada de atrévete si quiera a contradecirlo.

—Oh, bueno, vale, Harry, pero más te vale cuidar de ella o me aseguraré de amargarte los sueños para el resto de tus días —dijo Fred, pero no pudo contener una pequeña risa después de mirar a la cara de Harry.

—Bueno, Dumbledore, ¿nos puedes aclarar qué hacemos exactamente aquí? —preguntó Sirius.

—Es obvio, como bien había matizado Remus, que Harry ha venido en busca de consejo. Está aquí porque nos necesita, a todos, diría yo.

—Bien, Harry, cuéntanos —preguntó Lily, y sentó al lado de su hijo en una de las sillas de plástico de la estación vacía de King's Cross.

—Bueno, está bien. Hace tiempo que me enamoré de Ginny. Estaba en sexto en Hogwarts, ella en quinto. Creo que fue un flechazo, pues siempre la he visto como una hermana pequeña. Pues bien, después de aquello, vino la guerra, con Voldemort amenazando con matar a todo aquel que me escondiera. Como era lógico, Ginny y yo cortamos nuestra relación, pues yo tenía miedo de que Voldemort o alguno de sus seguidores descubriera que yo seguía teniendo una relación amorosa con Ginny. Muerto él, pasamos un año separados, ella en Hogwarts y yo estudiando para promocionar a auror junto a Ron (por cierto, Fred, ya se decidió y está con Hermione). Y ahora vivimos juntos. Nunca me he sentido preparado para estas cosas, pero ahora creo que podría estarlo. Aunque hay algo que me frena. Ginny ahora es jugadora profesional de quidditch y no quiero atarla a una vida en la que renuncie a su libertad y sus sueños solo para compartir su vida conmigo —aclaró Harry.

—Oh, Harry… —comenzó Tonks, pero una señal de Remus la hizo callar.

Lily se había puesto de cuclillas frente a Harry. Realmente eran los mismos ojos, pensó Harry cuando su madre clavó sus verdes ojos en los de Harry.

—Te pareces mucho a tu padre, Harry, y no solo en lo físico, sino como pensador —James rió, pero una mirada de su esposa le hizo callar—. Esa chica lo es todo para ti, y no puedes dejar que un pensamiento idiota desestabilice tus ganas de avanzar. Sé que Ginny te quiere, te respeta y te comprende, hasta diría que casi lo mismo que yo —y soltó una breve risa— pero lo que está claro es que nada va a cambiar en ella porque seas valiente. Ella ha decidido su vida, y me alegro de que comprendas de que debéis ser los dos libres para elegir vuestro camino. Sé valeroso, hijo, y dile que quieres que sea tu esposa para el resto de vuestra vida.

—Gracias, mamá —dijo Harry, emocionado por el primer consejo amoroso de su vida.

Ambos se pusieron de pie, y Lily abrazó fuertemente a su hijo.

—Ánimo, hijo, sé que sabrás encontrar el momento adecuado para pedírselo. Yo lo encontré —y miró a Lily— y te aseguro que desde ese día solo verla vestida de blanco y tu nacimiento pudieron superar aquella emoción que sentí.

—Gracias, papá —James le sonrió.

Fred se acercó a Harry, y le tendió la mano.

—Si vas a casarte con ella, tendré que aceptarlo. Ya tuve que soportar a Corner y Thomas. Procura que no sea igual, Potter. Haz que sea feliz. Por mi tienes mi bendición. Pero tendrás que pedírsela también a mi padre.

Harry le estrechó la mano a Fred.

—Remus, Tonks, vuestro hijo…

—Está creciendo en las manos adecuadas. Sé que Andrómeda cuida de él sin descasando, y que tú lo has acogido en casa cómo un hijo. Jamás tendré las palabras necesarias para darte las gracias, Harry —respondió Lupin amablemente.

—Es lo que habría hecho cualquiera de vosotros, Sirius y tú, si fuera la misma situación.

—Me alegra que sigas el espíritu de los Merodeadores, Harry, estoy orgulloso —dijo Sirius.

Se acercaba un tren.

—Ahora, Harry, debes dormir. Tienes que descansar y tener la mente despejada —le aconsejó Lily.

—Harry, ya es hora de que nos marchemos. No puedes despertar hasta que nos hayamos ido, pero te sugiero que duermas mucho esta noche —dijo Dumbledore amablemente.

Harry se despidió de todos los presentes.

—Ahora, Harry, debes coger un tren hasta tu parada, que es La Madriguera.

—¿Pero profesor? ¿Todo esto es real?

—Creo que tú ya sabes esa respuesta, Harry —replicó Dumbledore, sonriendo.

—Harry los miró a todos y se fue despidiendo uno por uno. El sueño había sido muy bonito.


Harry despertó en su cama, pensando si lo que había soñado aquella noche sería cierto. Estaba decidido a dar el paso, pero una voz que venía de algún lugar de su cabeza le dijo: Con cautela, que no se lo espere, que sea una sorpresa. Entonces comprendió que debía hablar primer con alguien a quien también había considerado un padre.​




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LAS ARPÍAS DE HOLYHEAD Y OTRA VEZ KING'S CROSS​



Harry y Ginny no podían ser más felices. Teddy se quedaba en casa todos los fines de semana y lo llevaban a un parque cercano de la casa. Estaba aprendiendo a andar, y a controlar sus cambios de imagen con mucha más precisión. Hermione había encontrado una manera de que le durase un color de pelo castaño durante unas horas para no llamar la atención de los muggles.

Pero al llegar el verano a su fin, Ginny tenía que dejar a Harry solo varios días en semana. Ginny tenía que viajar a Holyhead, al norte de Gales. Al principio, Harry no lo llevaba nada bien, y Ron iba a casa de Harry para acompañarlo. Con el paso de los días, Harry iba a visitar a Teddy con Ron y aprendió a vivir sin Ginny cuatro días semanales. No se le hizo tan difícil una vez se acostumbró, pues el año separados en Hogwarts le había enseñado mucho.

Una de las ventajas de Harry respecto a que su novia jugara de forma profesional al quidditch es que tuvo la oportunidad de conocer a varias personas ilustres dentro del mundo de ese deporte. Harry ya era una celebridad doble en la comunidad mágica, pero aquellas personas se habían ganado su fama de una manera a la que Harry le habría encantado.

Ginny invitó a Harry a la segunda semana de entrenar a conocer a las Arpías de Holyhead, donde por fin coincidió con Gwenong Jones, capitana y bateadora del equipo. Ella había estado el día que el equipo de Gryffindor, capitaneado por Ginny en ausencia de Harry por el castigo de Snape, contra Ravenclaw, donde jugaba Cho Chang. Después de la exhibición de Ginny, Gwenong tuvo unas palabras con ella, y decidió ficharla, pero para su sorpresa, Ginny no era buscadora en Gryffindor, sino cazadora.

Las Arpías eran un equipo muy alegre, y en contradicción con lo que Hermione había dicho después de una de las fiestas del profesor Slughorn, Gwenong le pareció muy simpática y ella le ofreció un día entrenar con ellas.

Harry nunca había acabado tan exhausto después de un partido de quidditch, ni siquiera con Oliver Wood, que era quien más ejercicios físicos les hacía hacer. Aquellas chicas volaban como águilas, y aunque Harry mantenía el nivel de vuelo para ser suplente en un equipo profesional, desde luego el físico no era el adecuado. La buscadora de las Arpías, Maggie Johnson, atrapaba las snitch más rápido de lo que Harry podía recordar, y aunque Harry demostraba con ahínco sus habilidades, siempre se veía superado.

Poco a poco, Ginny se fue haciendo un hueco en el equipo. Su amiga Mary McDonald, también cazadora suplente, era su principal apoyo. Entrenaban muy duro para poder jugar algún día como titulares en el equipo, y Gwenong siempre les decía que llegarían lejos si seguían en ese plan.

Pero Ginny nunca sospechó que debutaría en un partido tan especial.

El derbi contra el Puddlemere United prometía mucho. Al contario que ellas, estaba formado ese año solo por hombres, por lo que sería un duelo con más interés. El sorteo del calendario había deparado que empezaron contra su máximo rival. Oliver Wood jugaba ese día como guardián, y se alegró mucho de ver a Harry antes del comienzo del partido.

Pero todos se llevaron una sorpresa cuando escucharon la megafonía anunciando la alineación titular de las Arpías de Holyhead:

—Y ya salen al terreno de juego las chicas vestidas de verde y dorado… ¡LAS ARPÍAS DE HOLYHEAD! Este equipo formando por mujeres arde en deseos de devolver la derrota humillante que el año pasado se llevaron de sus adversarios. Esperemos que hoy sea el día. Y con ustedes: ¡SMITH!, ¡ANDERSON!, ¡WEASLEY!, ¡MCFLY!, ¡JONES!, ¡FLINT! Y ¡ANDERLECHT! Hoy debuta como cazadora la jovencísima Ginny Weasley, fichaje de la capitana Jones que proviene del colegio Hogwarts, según mis informes, jugadora de Gryffindor. ¡Suerte, Weasley!

El partido no pudo ser más loco. La señora Weasley sufría cada vez que una bludger golpeaba a su hija, pero Ginny lograba librarse de ellas con mucha habilidad. Oliver Wood tuvo que hacer el mejor partido de su vida para parar los tiros de Ginny, que tenía una puntería exquisita. Se cometieron muchísimas faltas de parte de los dos equipos, y el árbitro no daba abasto. Anderlecht era mejor buscadora que el rival, pero los golpeadores del United acertaban mucho y en varias ocasiones hicieron que la buscadora local perdiera de vista la snitch. El partido era muy rápido, y Harry había perdido la cuenta de los goles que estaba marcando Ginny. La verdad que volaba muy bien, tenía un talento natural para robar la quaffle que tenía maravillado al comentarista. Las reiterativas faltas del United paraban mucho el partido, pero el público parecía contento con el espectáculo. Smith paraba lo imparable, y al final Gwenong consiguió acertar una bludger en el cazador rival, provocando que Ginny marcara sola para las Arpías. Si se daban prisa, podrían ganar de muchos puntos de ventaja.

Y así fue. Después del gol de Ginny, Anderlecht hizo el amago de Wrosnki y se dejó caer en picado. Su rival se acercó muchísimo a ella, pero cuando quedaban pocos metros, Anderlecht enderezó raudamente, y se dirigió hacia arriba mientras el buscador del United se estrellaba en el suelo. Ella llegó a los postes del gol, Ginny volvió a marcar y ¡se acabó! Las Arpías habían ganado. La exhibición de Ginny sumada a la genialidad del último minuto de Anderlecht daba alas a las Arpías para colocarse en primera posición de la Liga de Quidditch.


La actuación de la nueva cazadora de Las Arpías de Holyhead no había dejado indiferente a nadie. Era una de las cosas más comentadas de la comunidad mágica que seguía el deporte mágico por excelencia. Ginny acaparaba portadas cada vez que su equipo jugaba, pues cada vez parecía más afianzada al equipo, y la entrada de Mary Connor al equipo titular parecía que mejoraba mucho las posibilidades del equipo, que seguía primero tras haber vencido a los Chudley Cannons (Ron estuvo malhumorado tres días).

Ya nadie hablaba de ella como la novia de Harry Potter. Se había ganado su propio nombre en apenas tres partidos, todo un éxito para la pequeña de la familia Weasley. Ginny siempre volvía contenta a casa, pero nunca hablaba de su fama repentina, ni de los fans que querían su autógrafo. No. Ella llegaba a casa, abrazaba a Harry después de mucho tiempo sin verle y cuando estaba Teddy se encargaba con mucho cariño de él. Para Ginny su vida con Harry era más importante que las escobas voladoras y una pelota que te persigue para derribarte. Seguía siendo la maravillosa chica que se había ganado el corazón de Harry a base de nobleza y buena actitud hacia las desventuras.

Una noche, Harry se despertó en su cama. Ginny estaba dormida al lado de él, con el pelo suelo por toda la almohada y una sonrisa feliz. Harry sonrío. Le encantaba que ella se quedase dormida primero, así podía verla dormir mientras le abrazaba. Se levantó con una idea rondándole la cabeza, y después de comprobar que Teddy estaba bien en la cuna, fue a la cocina a por un vaso de agua. Kreacher dormitaba en su guarida —no había querido dejar su pequeño armario— muy tranquilo, y habría sido un crimen haberle llamado sólo por tener un poco de sed.

Se quedó sentado, pensativo. ¿Era el momento? ¿No lo era? Habían pasado mucho tiempo separados, y aunque vivían juntos, Harry no se veía preparado. ¿O tal vez sí? La duda le comía por dentro. Ginny era excepcional, cada día que pasaba Harry sentía que no podía querer a alguien más de esa manera. Pero siempre pensaba que no estaba preparado para el siguiente paso. Pero ese día se notaba distinto, y no tenía explicación. En sus sueños siempre se imaginaba a Ginny en la carpa de la boda de Bill y Fleur vestida de blanco y mirándole con sus ojos castaños directamente, una mirada que llegaba al corazón, parecía muy real. Tal vez Sirius, Remus o incluso Dumbledore, por no quitar a su padre, podrían haberle aconsejado, pero ellos ya no estaban allí. Harry sacudió la cabeza, ellos ya pertenecían a un pasado lejano, pues pensar en ellos era volver a pensar en el terror de la guerra que tanto estaba costándole olvidar. Se aferraba a Ginny como su fuente de consuelo y paz. ¿Pero, acaso eso no era lo que se suponía que buscaba una pareja antes de contraer matrimonio?

No fue la única noche que pasó. Empezó a ser constante la idea en su cabeza, y comprendió que no podría vivir en paz si no le pedía matrimonio a la mujer de su vida. ¿Pero sería muy egoísta de su parte pedirle a Ginny que se casaran cuando estaba empezando a destacar en el mundo del quidditch? Esa duda lo atormentaba todas las noches, cuando Ginny no estaba. No quería atarla a un destino donde ella no pudiera elegir, donde ella creyera que ser esposa de Harry Potter significase renunciar a un sueño que se había cumplido cuando acabó su séptimo año en Hogwarts. ¡No! De ninguna manera podía permitir que Ginny renunciase a la oportunidad de su vida. Se quedó dormido esta vez y tuvo un sueño muy raro.


Harry abrió los ojos. Reconocía el lugar. Había estado allí una vez, o eso creía, si no, no se acordaría. Pero no era posible. Harry seguía vivo, estaba tumbado en la cama, con Ginny durmiendo agarrado a él. Pero si él estaba allí… ¿¡qué estaría pasando!? Acaso le habían atacado y Ginny estaba en apuros. Trató de moverse, pero no podía. ¿Qué le estaban haciendo?

—Tranquilo, muchacho, serénate —dijo una voz conocida—. Ven, te ayudaré a levantarte.

Harry miró hacia donde estaba la voz, y de repente cayó que estaba tumbado. Alguien le estaba tendiendo un brazo, así que se agarró. Cuando se puso de pie, vio la figura de Sirius Black.

—Hola, Harry. Pareces muy alterado. ¿Qué te trae por aquí?

—¿Si… Sirius? ¿Eres tú?

—¡Pues claro, Harry! ¿No reconoces ya al viejo Sirius? —dijo otra voz.

Harry se giró, y los vio: Remus, Dumbledore, Tonks, su padre y su madre le sonreían. No comprendía que hacían todos ahí.

—Verás, Harry, creo que tendrás muchas preguntas de por qué estás aquí —dijo Dumbledore, con una sonrisa muy pronunciada.

—¡Profesor!... Bueno, sí, yo… Sí. ¿Qué hago yo aquí, señor? —preguntó Harry, un poco asustado.

—Bien, buena pregunta, muchacho. Pero esta vez, como la última vez que nos vimos, Harry, deberás decidirlo tú.

—¿Volvemos a estar en King's Cross, señor? —preguntó Harry, mirando a su alrededor.

—En efecto, Harry, si tú lo dices, estamos aquí —respondió Dumbledore.

—Dinos, Harry, ¿qué es lo que te atormenta? —preguntó su padre.

—Verás, yo es que… no sé si estoy preparado, papá —concluyó Harry.

—Ah, el amor —dijo Dumbledore, con un suspiro feliz.

—¡Harry! ¿Estás pensando lo que yo creo? —dijo Tonks.

—Seguro que sí, Dora —le respondió Remus, con voz tranquila—. Harry ya no es un niño, está preparándose para ser un adulto, con todas sus decisiones y responsabilidades.

—¿Harry, responsable? —rió Sirius, acompañado de James.

Harry no pudo contener una carcajada.

—Así que esa chica Weasley ha acabado por conquistar tu rebelde corazón, hijo. Bien hecho —y James le guiñó un ojo a su hijo.

—¡James! —le reprendió Lily—. Ella tiene nombre.

—Cierto, cierto. Perdona hijo. ¿Cómo se llama la chica?

—Ginny, Ginny Weasley.

—¡LO SABÍA! —dijo otra voz.

—¿Fred? —preguntó Harry.

Fred Weasley acababa de aparecer sin que Harry supiera de dónde.

—Hola, Harry. Un placer volver a verte. Qué raro estás sin gafas —y se rió.

—¿Cómo es que estás aquí?

—No lo sé, pronunciaste el nombre de mi hermana, y por eso aparecí aquí. Sentí como que alguien me reclamaba, y me alegré mucho de ver que eras tú. Así que estás saliendo con Ginny, ¿eh?

—Oh, bueno, sí. Vivimos juntos ya. En Grimmauld Place —afirmó Harry.

—¡¿QUÉ?! ¿Y SIGUES VIVO? Cuando pille a George…

—Tranquilo, Fred, tenemos constancia de que Harry está cuidando y muy bien a dos personas muy importantes —dijo Sirius.

—¿Sí? ¿A quiénes?

—A mi hijo, Fred. Y por supuesto, a tu hermana. Creo que Ginny ahora es muy feliz —dijo Tonks, alegre, pero mirando a Fred con una mirada de atrévete si quiera a contradecirlo.

—Oh, bueno, vale, Harry, pero más te vale cuidar de ella o me aseguraré de amargarte los sueños para el resto de tus días —dijo Fred, pero no pudo contener una pequeña risa después de mirar a la cara de Harry.

—Bueno, Dumbledore, ¿nos puedes aclarar qué hacemos exactamente aquí? —preguntó Sirius.

—Es obvio, como bien había matizado Remus, que Harry ha venido en busca de consejo. Está aquí porque nos necesita, a todos, diría yo.

—Bien, Harry, cuéntanos —preguntó Lily, y sentó al lado de su hijo en una de las sillas de plástico de la estación vacía de King's Cross.

—Bueno, está bien. Hace tiempo que me enamoré de Ginny. Estaba en sexto en Hogwarts, ella en quinto. Creo que fue un flechazo, pues siempre la he visto como una hermana pequeña. Pues bien, después de aquello, vino la guerra, con Voldemort amenazando con matar a todo aquel que me escondiera. Como era lógico, Ginny y yo cortamos nuestra relación, pues yo tenía miedo de que Voldemort o alguno de sus seguidores descubriera que yo seguía teniendo una relación amorosa con Ginny. Muerto él, pasamos un año separados, ella en Hogwarts y yo estudiando para promocionar a auror junto a Ron (por cierto, Fred, ya se decidió y está con Hermione). Y ahora vivimos juntos. Nunca me he sentido preparado para estas cosas, pero ahora creo que podría estarlo. Aunque hay algo que me frena. Ginny ahora es jugadora profesional de quidditch y no quiero atarla a una vida en la que renuncie a su libertad y sus sueños solo para compartir su vida conmigo —aclaró Harry.

—Oh, Harry… —comenzó Tonks, pero una señal de Remus la hizo callar.

Lily se había puesto de cuclillas frente a Harry. Realmente eran los mismos ojos, pensó Harry cuando su madre clavó sus verdes ojos en los de Harry.

—Te pareces mucho a tu padre, Harry, y no solo en lo físico, sino como pensador —James rió, pero una mirada de su esposa le hizo callar—. Esa chica lo es todo para ti, y no puedes dejar que un pensamiento idiota desestabilice tus ganas de avanzar. Sé que Ginny te quiere, te respeta y te comprende, hasta diría que casi lo mismo que yo —y soltó una breve risa— pero lo que está claro es que nada va a cambiar en ella porque seas valiente. Ella ha decidido su vida, y me alegro de que comprendas de que debéis ser los dos libres para elegir vuestro camino. Sé valeroso, hijo, y dile que quieres que sea tu esposa para el resto de vuestra vida.

—Gracias, mamá —dijo Harry, emocionado por el primer consejo amoroso de su vida.

Ambos se pusieron de pie, y Lily abrazó fuertemente a su hijo.

—Ánimo, hijo, sé que sabrás encontrar el momento adecuado para pedírselo. Yo lo encontré —y miró a Lily— y te aseguro que desde ese día solo verla vestida de blanco y tu nacimiento pudieron superar aquella emoción que sentí.

—Gracias, papá —James le sonrió.

Fred se acercó a Harry, y le tendió la mano.

—Si vas a casarte con ella, tendré que aceptarlo. Ya tuve que soportar a Corner y Thomas. Procura que no sea igual, Potter. Haz que sea feliz. Por mi tienes mi bendición. Pero tendrás que pedírsela también a mi padre.

Harry le estrechó la mano a Fred.

—Remus, Tonks, vuestro hijo…

—Está creciendo en las manos adecuadas. Sé que Andrómeda cuida de él sin descasando, y que tú lo has acogido en casa cómo un hijo. Jamás tendré las palabras necesarias para darte las gracias, Harry —respondió Lupin amablemente.

—Es lo que habría hecho cualquiera de vosotros, Sirius y tú, si fuera la misma situación.

—Me alegra que sigas el espíritu de los Merodeadores, Harry, estoy orgulloso —dijo Sirius.

Se acercaba un tren.

—Ahora, Harry, debes dormir. Tienes que descansar y tener la mente despejada —le aconsejó Lily.

—Harry, ya es hora de que nos marchemos. No puedes despertar hasta que nos hayamos ido, pero te sugiero que duermas mucho esta noche —dijo Dumbledore amablemente.

Harry se despidió de todos los presentes.

—Ahora, Harry, debes coger un tren hasta tu parada, que es La Madriguera.

—¿Pero profesor? ¿Todo esto es real?

—Creo que tú ya sabes esa respuesta, Harry —replicó Dumbledore, sonriendo.

—Harry los miró a todos y se fue despidiendo uno por uno. El sueño había sido muy bonito.


Harry despertó en su cama, pensando si lo que había soñado aquella noche sería cierto. Estaba decidido a dar el paso, pero una voz que venía de algún lugar de su cabeza le dijo: Con cautela, que no se lo espere, que sea una sorpresa. Entonces comprendió que debía hablar primer con alguien a quien también había considerado un padre.​




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